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Shintaro Kago, maestro del manga gore: 'Mis obras son comedias inspiradas en Monty Phyton'

El dibujante de manga Shintaro Kago expresó la verdadera visión detrás del terror absurdo de sus obras y habló sobre la inspiración y los límites de las mismas

El imaginario mundo de Shintaro Kago no deja indiferente a nadie, entre cuerpos fragmentados, violencia explícita y una sexualidad incómoda, su obra se mueve en los límites de lo grotesco, pero encuentra su coherencia en una lógica interna que el propio autor vincula con la comedia absurda, influenciada por el humor de Monty Python.

Considerado una figura clave del género ero guro —una corriente del manga que combina lo erótico con lo grotesco—, Kago forma parte de los invitados principales del Comic Barcelona, cuya edición más reciente arrancó este viernes.

En entrevista, el artista japonés dejó ver una postura distante respecto a la interpretación que suele hacerse de su trabajo fuera de Japón, donde su obra ha sido leída frecuentemente desde el shock o la provocación.

De pocas palabras y con una actitud contenida, el autor evita explicaciones amplias sobre su propio fenómeno creativo. Al ser cuestionado sobre las razones detrás de su popularidad internacional, su respuesta es tan escueta como reveladora ya que  el mangaka no se considera lector y, por lo tanto, no cree tener una explicación clara sobre por qué sus historias conectan con el público.

Esa aparente contradicción —un autor que produce imágenes extremas sin buscar racionalizarlas del todo— es, quizás, una de las claves que mantienen a Shintaro Kago como una figura tan fascinante como incómoda dentro del panorama del manga contemporáneo.

En busca de la comedia

'Tract' y 'Parasitic City' (Moztros Manga) son los últimos títulos publicados en España por este prolífico autor: el primero es una paranoia de relatos repletos de vómitos de udon (fideos japoneses) que se convierten en vísceras, cables y sesos que lo invaden todo como un virus.

El segundo, una visión de una humanidad apocalíptica en la que unos microorganismos son capaces de dotar de vida a cualquier objeto, todo regado con unas buenas dosis de erotismo ciberorgánico.

Precisamente, la fusión de estructuras tecnológicas y de órganos humanos, y la predilección por la presencia de vísceras, cerebros espachurrados y miembros mutilados son parte esencial de la imaginería de Kago.

Una casquería que para muchos puede resultar incómoda, repulsiva incluso, pero que, a juicio de su creador, lo enraíza con el humor escatológico y absurdo que practicaba en películas y series el grupo británico Monty Phyton.

"Más que inquietar al lector, lo que busco es la comedia. No persigo el género del terror, no quiero aterrorizar al lector. He recibido mucha influencia de Monty Phyton y en sus películas pasa lo mismo. Cuando ellos destruyen el cuerpo humano no quieren dar miedo al público, sino hacerlo reír. Comparto el mismo concepto con ellos", explica el dibujante.

Trabajos inspirados en su día a día

La avalancha de imágenes desconcertantes que aparecen en los mangas de Kago, como cráneos partidos en dos con una precisión cirujana o robots orgánicos convertidos en genitales andantes, hacen pensar que la cabeza y el cerebro de este dibujante se deben nutrir de libros arcanos de tortura, de literatura macabra o fotografías de accidentes industriales, pero todo resulta mucho más trivial.

"Depende del tipo de manga que tenga en las manos. Pero en general, saco la inspiración de cualquier cosa de la vida, de todo, una película, una novela, una conversación cotidiana o algo que pueda ver por la calle", se limita a contestar.

Más allá del impactante contenido gráfico de sus trabajos, el autor es un gran experimentador en la estructura gráfica de los relatos, en los que juega con el formato de viñetas y páginas con un lenguaje narrativo renovador.

Tabúes sociales

A Kago hay que preguntarle si tiene algún límite temático que no se atreva a franquear porque, si se analizan sus mangas, resulta difícil determinar cuáles serían.

El dibujante reconoce que "personalmente aceptaría cualquier encargo", pero en ocasiones se fija algunos tabúes sociales, "especialmente los que están en contra del sentido común de la sociedad japonesa", comenta.
Recientemente tuvo que suprimir unas escenas donde unas personajes sin brazos y piernas organizaban una revuelta.

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"Mi editor me dijo que esas escenas no se podían publicar porque esa revista se iba a vender en supermercados y quioscos a los que cualquier persona puede acceder", recuerda el autor. Sin embargo, el mundo real es "mucho más violento", matiza.

TG

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