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Cazar al monstruo interior

Llega a la pantalla grande un thriller psicológico que explora la mente de un criminal y la fragilidad de la detective que intenta atraparlo

El thriller psicológico continúa siendo un territorio poco frecuentado dentro del cine mexicano. A diferencia de otros géneros que han tenido mayor presencia en la industria nacional, las historias centradas en asesinos seriales y exploraciones psicológicas de la violencia han aparecido de manera esporádica. Con ese punto de partida llega “Psicópata: El Asesino del Conejo Blanco”, una película que se adentra en la mente de un criminal mientras sigue la investigación de una detective marcada por su propia fragilidad emocional.

La cinta, dirigida por J. Xavier Velasco y escrita por Fernando Barrera, reúne a un elenco encabezado por Adriana Llabrés, Hoze Meléndez y Andrés Almeida, quienes construyen personajes atravesados por tensiones psicológicas y dilemas morales. En entrevista con EL INFORMADOR, el equipo explicó que el proyecto no se concibió únicamente como una historia policiaca, sino como un recorrido por la psicología de sus personajes.

Uno de los elementos que despierta curiosidad desde el título es la figura del conejo blanco, símbolo que atraviesa la narrativa de la película. Para el equipo creativo, el elemento funciona como una pista simbólica que invita al espectador a internarse en la mente del asesino.

“Cuando lees el guion es un personaje que va dejando pistas”, explicó J. Xavier Velasco, director de la película. “El conejo blanco para mí es muy simbólico porque hay muchas referencias a ‘Alicia en el país de las maravillas’. Son detalles que la audiencia va notando poco a poco cuando ve la película”.

Dentro de la historia, el asesino utiliza figuras para marcar sus crímenes y dejar señales que guían la investigación. “El personaje de Ariel -el asesino- desarrolla una parte artística y utiliza estas piezas de origami para dejar pistas y marcar territorio. Es un símbolo que conecta con la mentalidad del personaje”, señaló el director.

Una detective marcada por la vulnerabilidad

En el centro de la historia se encuentra Nora, la detective encargada de seguir el rastro del asesino. El personaje enfrenta un proceso interno complejo -padece de trastorno de identidad disociativa- que atraviesa la trama. Llabrés explicó que la preparación del papel implicó una investigación profunda sobre el trastorno y un entrenamiento físico para construir el perfil de una investigadora obsesionada con la búsqueda de justicia.

“Fue desafiante y al mismo tiempo un reto que me divirtió. Investigué mucho sobre el trastorno y también trabajé con entrenadores de la UFC para tener el cuerpo de alguien que está buscando justicia y tratando de atrapar a un asesino serial”, comentó la actriz. Fruto de este proceso, encontró una conexión personal con la dimensión emocional del personaje.

“Algo que me resonó mucho es la manera en que la película habla del sobreponerse a los traumas. La historia muestra ese proceso con mucha compasión hacia los seres humanos. Habla de lo difícil que puede ser alcanzar objetivos cuando cargas con ciertas heridas y de cómo el cuerpo encuentra maneras de sobrevivir”.

Explorar la violencia desde la ficción

Para el director J. Xavier Velasco, el proyecto representó un cambio respecto a su trabajo anterior, particularmente después de haber dirigido la película “Cocodrilos”. En ese caso, explicó, el proceso creativo fue distinto porque ahora partía de un guion desarrollado por otro autor.

“Fue un cambio importante, porque ‘Cocodrilos’ fue un proyecto que yo escribí y desarrollé. Este llegó a mí ya escrito por Fernando”, comentó. Sin embargo, el director encontró afinidades temáticas entre ambos proyectos, especialmente en la exploración de la violencia. “El tema de la violencia siempre ha estado presente en lo que hago. En ‘Cocodrilos’ había una dimensión de denuncia social. Aquí hay un acercamiento psicológico que trata de entender cómo un personaje llega a convertirse en un asesino brutal”.

Para Velasco, la película se mueve dentro del terreno del thriller psicológico con elementos del cine de género. “Podemos llamarla thriller psicológico. Tiene también una estética cercana al horror y al slasher. Intentamos que se sintiera real, pero dentro de un universo de ficción”.

La intención del equipo creativo es que la película deje una sensación inquietante en el público. “No sé si la palabra sea divertida”, comentó el director entre risa. “Pero sí es una experiencia intensa. Creo que cuando la audiencia la vea va a salir con esa sensación inquietante que tratamos de construir desde el principio”, finalizó.

“Psicópata: El Asesino del Conejo Blanco” ya se encuentra en cartelera en diversas salas de México.

La mente del asesino

El actor HozeMeléndez, quien interpreta al asesino Ariel, explicó que su proceso con el cual pudo dar vida a un ser humano caracterizado por esa necesidad de arrebatar vidas ajenas de maneras escabrosas, partió de la investigación de casos reales y del estudio de textos sobre criminales seriales.

“Primero me enfoqué en entender lo que le pasaba a Ariel”, explicó el actor. “Para tratar de comprender su psicología recurrí a textos y a películas. Uno de los referentes fue Issei Sagawa, un asesino real, y también el trabajo del periodista mexicano Filiberto Cruz Monroy”.

El libro del autor mexicano, que recopila historias de asesinos seriales en el país, se convirtió en una herramienta clave para comprender el contexto psicológico del personaje. “Ese libro me ayudó muchísimo para tratar de entenderlo. Me permitió aproximarme a su comportamiento desde una perspectiva más cercana a la realidad”.

Para el guionista Fernando Barrera, la película evita definirse estrictamente dentro de un género específico. El proceso de escritura estuvo guiado más por la construcción de personajes y conflictos que por la intención de seguir una fórmula narrativa. “Cuando escribo no me fijo mucho en el género”, explicó. “Me enfoco en encontrar una buena historia y buenos personajes. Eso es lo que me lleva a escribir de principio a fin”.

El escritor también señaló que el proyecto se nutre de referencias cinematográficas internacionales que exploran la violencia desde distintos enfoques narrativos. “Hay influencias del cine coreano, del japonés y del estadounidense. Películas como ‘I Saw the Devil’ fueron una referencia, pero traté de no seguir algo en particular. Preferí escribir desde lo que uno entiende y lo que ya tiene trabajado internamente”.

Una de las decisiones narrativas del guion fue revelar desde el inicio el rostro del asesino, en lugar de mantenerlo oculto como suele ocurrir en muchas historias del género. “No se trata de ocultar quién es el asesino. Lo interesante es entender su mente. El conejo funciona como una invitación a entrar en su madriguera, a internarnos en su cabeza”.

Un universo visual inquietante

El actor Andrés Almeida destacó el trabajo del equipo artístico en la construcción del universo visual de la película. Para el intérprete, la ambientación fue clave para comprender el comportamiento del personaje. “Todos los personajes tienen una complejidad y viven problemas desde su propia trinchera”, señaló. “Pero también hubo un trabajo enorme del departamento de arte que construyó el universo del psicópata”.

El actor recordó que las locaciones y la escenografía ayudaron a generar una atmósfera inquietante durante el rodaje. “Cuando vean la película se van a impresionar con ese universo. A mí me impresionaba cuando filmábamos en esos espacios. Todo lo que se construyó desde el arte ayuda muchísimo a entender cómo funciona la mente de este personaje”.

CT

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