Homenaje a una conciencia escénica
Cada año, el Teatro El Milagro reconoce a una personalidad del teatro mexicano; en esta ocasión, la elección subrayó la dimensión artística, pedagógica e institucional de Luis de Tavira
El Teatro El Milagro dedicó su homenaje anual a una de las figuras más influyentes de la escena nacional: Luis de Tavira (Ciudad de México, 1948). Dramaturgo, director, actor y ensayista, Tavira fue celebrado en una ceremonia que combinó memoria, reflexión y reconocimiento a más de cinco décadas de trabajo teatral.
La velada, realizada en la sede de la compañía en la capital del país, reunió a colegas, alumnos, familiares y público que ha seguido de cerca la trayectoria del creador. Visiblemente conmovido tras las intervenciones y los aplausos prolongados, Tavira tomó el micrófono brevemente para agradecer las palabras pronunciadas en su honor. “Sólo me queda dar las gracias”, expresó antes de participar en la develación de una placa conmemorativa que será colocada en los muros del recinto. El acto lo compartió con su hijo, el también director Julián de Tavira.
Cada año, El Milagro reconoce a una personalidad central del teatro mexicano; en esta ocasión, la elección subrayó la dimensión artística, pedagógica e institucional de Tavira, cuya labor ha sido decisiva en la formación de generaciones de actores y directores, así como en la consolidación de proyectos escénicos en el país.
La ceremonia inició con la proyección de un video en el que diversas voces del ámbito cultural evocaron recuerdos y subrayaron la influencia del homenajeado. Entre los testimonios figuraron el escritor Juan Villoro, la directora Angélica Rogel, el director Mario Espinosa, la actriz Laura Almela y la crítica e investigadora Luz Emilia Aguilar Zinser. En sus intervenciones recordaron encuentros personales, clases impartidas por Tavira y montajes emblemáticos que marcaron su formación.
Los participantes destacaron distintas etapas de su trayectoria: sus primeros acercamientos al expresionismo, la influencia de su formación jesuita, su interés por el teatro político y su constante búsqueda de riesgo y ambición estética. También se subrayó su dimensión espiritual y su empeño en la creación y fortalecimiento de instituciones teatrales, un aspecto que ha definido buena parte de su legado.
En el escenario tomaron la palabra la actriz Marina de Tavira, el escenógrafo Philippe Amand y el dramaturgo y director David Olguín. Sus intervenciones entrelazaron anécdotas personales con reflexiones sobre la ética del trabajo teatral que Tavira ha defendido a lo largo de su carrera: rigor en el estudio, profundidad en el análisis del texto y una concepción del teatro como acto de comunidad.
Uno de los momentos más simbólicos de la noche fue la entrega a Marina de Tavira de un sobre con un texto del subcomandante Marcos sobre la cooperación social y la relevancia del teatro como espacio de encuentro. Previamente se dio lectura a un mensaje del subcomandante Moisés, en el que se destacó la dimensión colectiva del arte escénico y su capacidad para generar conciencia.
El homenaje cerró entre ovaciones y aplausos que se prolongaron varios minutos, confirmando el lugar que Luis de Tavira ocupa en la memoria viva del teatro mexicano. Más que un recuento biográfico, la ceremonia funcionó como un reconocimiento a una ética y a una manera de entender la escena: como espacio de pensamiento, disciplina y compromiso con la sociedad.
Con información de El Universal
CT