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¿Un mal necesario?

En 2015, los jaliscienses podrán votar por 10 institutos políticos distintos, algunos de izquierda otros de derecha, pero ¿realmente son alternativas que enriquecen la democracia y representan a los ciudadanos?

GUADALAJARA, JALISCO (13/JUL/2014).- Resulta extraño que en México nos fijemos antes en lo que nos cuestan los partidos políticos que en su aporte a la democracia. Tras la resolución del Instituto Nacional Electoral (INE) que le otorga registro a tres nuevos partidos políticos, la reacción no se hizo esperar: “Más partidos, ¿para qué?”. O los titulares de los diarios donde se analizan los 31 millones de pesos que recibirá cada uno de los tres nuevos partidos políticos a nivel nacional o los poco más de dos millones 700 mil pesos que recibirá cada uno de ellos en 2015 en Jalisco. Y es que las distintas encuestas que miden a los partidos políticos, dejan en claro que los mexicanos ven a los institutos políticos más como un problema que como una solución. ¿Cómo pueden resolver nuestros problemas esos mismos partidos políticos que encarnan precisamente la corrupción, la falta de transparencia y a la nula rendición de cuentas que queremos combatir? Es cierto, los partidos son los primeros que se deben transformar.

La Encuesta Nacional de Cultura Política (ENCUP), elaborada por la Secretaría de Gobernación, ilustra esta tendencia a que los ciudadanos no vean en los partidos una solución a sus problemas. Antes que acudir a un partido político, los ciudadanos prefieren: organizarse con otras personas (34 por ciento), quejarse directamente ante las autoridades (27 por ciento), firmar cartas de apoyo (16 por ciento) o pedir apoyo a alguna asociación civil (15 por ciento). Es decir, los partidos políticos no representan para la ciudadanos soluciones a sus problemas. Sólo los policías tienen peor reputación que los partidos políticos.

La democracia representativa difícilmente podría vivir sin partidos políticos. Los sistemas políticos que han tendido hacia la desaparición de un conjunto de partidos políticos, casi siempre caen en la personalización de la política y en periodos de autoritarismo. Es decir, la política como espejo de un líder, sin debates ideológicos ni alternativas programáticas. Ahí tenemos el Perú de Fujimori o los periodos de dictaduras en Chile, Argentina o España. Los partidos políticos, como lo señaló en el siglo XIX Robert Michels, con su “Ley de Oligarquías de Hierro” tienden hacia la formación de cúpulas que se separan de los intereses sociales; es decir, a convertirse en espacios de definición política que sólo responden a sus intereses y no al del segmento social al que representan. Sin embargo, a pesar de esta tendencia que ha sido analizada durante siglo en la Ciencia Política, los partidos políticos son un mal necesario de cualquier democracia.

Los partidos políticos son opciones ideológicas que se sustentan en programas de Gobierno. Todo partido político está diseñado para gobernar. Su razón de ser es precisamente convertirse en el partido más popular y a través de planteamientos ideológicos dar respuesta a los distintos temas que afectan a la sociedad. Digamos que podemos decir que los partidos políticos son maquinarias en busca del poder, pero, en teoría, siempre basados en una forma de entender la política, la economía, la moral y la sociedad. Si en términos generales podemos decir que existe un consenso en la política sobre los fines (mejores empleos, desarrollo económicos, educación de calidad, etc), los partidos políticos se contrastan en los medios para obtener dichos fines. En un sistema electoral sano, los partidos políticos tendrían que ser un fiel reflejo de las diferencias ideológicas que perviven en la sociedad. La no existencia de partidos políticos sería un golpe a la pluralidad y a la diversidad ideológica de una sociedad. Es cierto que podrían existir alternativas asamblearias, de plataforma o de movimiento que suplan a los partidos, pero no hay ninguna evidencia empírica que nos permita asegurarnos de que esas estructuras tienen los candados suficientes para evitar los males que aquejan a los partidos. En contraste, los partidos políticos se sustentan en programas, principios y definiciones que si actúan con transparencia y en pluralidad, son menos moldeables que otras estructuras sociales.

Nuevos partidos, ¿aportan algo?

Los tres partidos que cumplieron los requisitos que exige el INE para convertirse en instituciones nacionales son: el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), el Frente Partido Humanista (PH) y el Partido Encuentro Social (PES).

El primero, nace de la mano de Andrés Manuel López Obrador y sus estatutos se elaboraron a imagen y semejanza del pensamiento del líder. La palabra “corrupción” se repite en ocho ocasiones en los estatutos y el camino hacia la “salvación nacional” es a través del combate a ese régimen de privilegios para unos y falta de beneficios para el resto de la población. Se asume Morena como el protagonista del “cambio verdadero”, señalando a la transición democrática como una fase fallida. 

El PH se define con muchos principios que identifican al Partido Acción Nacional (PAN): su apuesta por el solidarismo, su recelo del papel del Estado y el énfasis en la llamada “dignidad de la persona humana”. Los estatutos dan la imagen de un partido conservador y se apoyan en el “bien común”, uno de los conceptos que más identificación tiene entre los blanquiazules.

 Y, el PES es un partido de raigambre protestante, surgido en Baja California (en donde fue en alianza con el PAN y el PRD el año pasado; en 2007 y en 2010 también se alió con los panistas) y que a nivel estatal siempre ha gozado de apoyos que rondan poco más de los cincos puntos porcentuales. Tan es así que el INE ha dado visto a la Secretaría de Gobernación (Segob) para que investigue al PES por la presunta participación de ministros del culto en la conformación del partido político. 

¿Quién es quién en ideología?


Con la inclusión de tres nuevos partidos políticos, el tablero de ajedrez político izquierda/derecha queda con distinciones ideológicas muy interesantes. Existen 10 partidos nacionales, según sus estatutos: cuatro se identifican con el centro izquierda (PRD) o con la izquierda (Movimiento Ciudadano-MC- Partido del Trabajo –PT- y Morena); cuatro partidos se identifican con planteamientos de centro-derecha (PAN) o derecha (el Partido Verde-PVEM-, el PES, el PFH). Y, por último, dos se mueven en el centro y tienen cambios en sus planteamientos dependiendo los estados (el PRI y el Partido Nueva Alianza-Panal). Es decir, los mexicanos tienen posibilidad de elegir prácticamente a los mismos partidos por ideología.

Pero, ideológicamente, ¿cómo nos definimos los mexicanos? Tomemos los datos de la misma ENCUP. A la izquierda, solamente se definen 12 por ciento de los mexicanos. Siendo el segmento más alto el de la extrema izquierda (5.19 por ciento). A la derecha, se definen 40 por ciento de los mexicanos, de los cuales la mitad se encuentra cercana o en la extrema derecha. Y en el centro encontramos a uno de cada tres mexicanos. Los restantes no se definen o respondieron que “no saben”. Así, los cuatro partidos de izquierda se dividen a un segmento de votantes que se encuentra entre 12 y 15 por ciento, mientras que los cuatro partidos de derecha van por un electorado que alcanza a cuatro de cada 10 mexicanos. El centro, aunque tradicionalmente ha sido dominado por el PRI, suele ser un electorado que puede tender para un lado o para el otro dependiendo de los candidatos, la fama pública del partido o las propuestas en campaña.

Los datos son reveladores: México es un país que se identifica más con la derecha que con la izquierda. Y eso coincide con el hecho de que ningún partido político mexicano ha alcanzado la Presidencia de la República y que el PRD como el principal partido político de izquierda es un instituto político regional, con fuerza en el Centro de la República (en específico en el Distrito Federal) y en el Sur del país. A diferencia de PAN y PRI que compiten en el Norte, en el Bajío, en el Noreste y en el Pacífico. La ideología no es el único factor para explicar estos fenómenos, pero es importante por los debates que han existido sobre todo en campañas presidenciales.

Sin embargo, por más que exista una repartición ideológica que le permita a los mexicanos elegir una alternativa según sus posturas, la crisis más grave de los partidos se encuentra en su poca legitimidad. Siguiendo con el análisis de la ENCUP: uno de cada tres mexicanos cree que los partidos no son necesarios; también uno de cada tres está de acuerdo que el Presidente no tome en cuenta a los partidos; 36 por ciento cree que los diputados sólo obedecen los intereses de sus partidos para legislar en el Congreso y siete de cada 10 creen que influyen mucho, pero que resuelven poco.

Los partidos en sí no son el problema, estos partidos sí

La reforma política pendiente es, sin duda, la de los partidos políticos. En el último debate legislativo se creó una Ley General de Partido Políticos, pero no se cambió nada en relación a las graves fallas que los ciudadanos ven en los institutos políticos. Los partidos necesitan una reforma profunda: mayor transparencia, listas abiertas a los ciudadanos, primarias obligatorias ante los militantes, instalación de mecanismos obligatorios de participación ciudadana y una transformación ideológica que dote de consistencia a sus planteamientos. Los países que han hecho estas reformas (Suiza, Alemania o Noruega) han levantado la popularidad de los partidos y han logrado arraigar en la sociedad la idea de que con todos sus defectos, los partidos son un mal necesario que brinda representación, contraste de agendas y competencia política.

Si los partidos políticos en México no entienden que la reforma interna es impostergable, la pérdida de legitimidad llegará a niveles insostenibles y el mismo sistema de partidos será puesto en entredicho por una sociedad que ve en los partidos políticos a un espejo de los peores males a los que busca combatir. Así, los partidos políticos tomados como concepto no son en sí el problema de  nuestra democracia. Sin embargo, los partidos políticos que tenemos al día de hoy sí lo son.

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