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Río de Janeiro alma de Brasil
La antigua capital del país se levanta orgullosa, presumiendo su rico pasado y brillante futuro
GUADALAJARA, JALISCO (08/JUN/2014).- Río de Janeiro es una ciudad sensual y compleja. Lo tiene todo: un carnaval que cada año convoca al menos a dos millones de personas de todo el mundo; selva tropical y playas para todas las clases sociales como Flamengo, Copacabana, Ipanema y Leblon; arquitectura colonial, hacinadas favelas y edificaciones modernas como el Estadio Maracaná; montañas famosas como Pan de Azúcar y monumentos como la estatua de Cristo Redentor desde donde se puede ver toda la inmensidad de la urbe, que tiene más de seis millones de habitantes.
La historia de esta ciudad brasileña se remonta al 1 de enero de 1502, cuando, a bordo de su barco, Gaspar de Lemos llegó a la bahía de Guanabara. Al confundir la entrada del mar en la costa con la desembocadura de un río, el explorador portugués la bautizó como Río de Janeiro, que significa “Río de Enero”.
Sin embargo, fue hasta el 1 de marzo de 1565 cuando el militar portugués Estacio de Sa, que había llegado dos años antes con el objetivo de expulsar a los franceses que se habían avecindado en Bahía de Guanabara, fundó la ciudad en un terreno llano entre las montañas Cara de Cão y Pan de Azúcar. Río de Janeiro se convertiría entonces en la sede del Gobierno brasileño de 1764 a 1960, cuando la sustituyó Brasilia, una de las ciudades más jóvenes del mundo.
Carnaval y celebración de Nochevieja
En Río de Janeiro se llevan a cabo dos eventos anuales de suma importancia. El primero es el Carnaval, que comienza cuatro días antes del miércoles de ceniza y confirma que el baile es la obsesión nacional de Brasil.
El Carnaval de Río de Janeiro destaca por ser el más grande y el más importante del mundo. Los turistas y los habitantes se solazan con la belleza de las “garotas” y con la luminosidad de las escuelas de samba que luchan por llevarse el primer lugar de la competencia.
Este 2014, la celebración comenzó una semana antes. Los alegres cariocas llevaron la fiesta a decenas de barrios de la metrópoli brasileña.
La segunda es la celebración de Nochevieja. El 31 de diciembre, alrededor de un millón y medio de personas, mayoritariamente vestidas de blanco, se reúnen en la playa de Copacabana para recibir el Año Nuevo.
Todos los hoteles, restaurantes y terrazas de Avenida Atlántica se preparan para recibir a los curiosos que buscan disfrutar los fuegos artificiales que, lanzados desde balsas que están en el mar, atruenan a lo largo de toda la playa.
La celebración de Nochevieja se extiende toda la madrugada y se ameniza con conciertos al aire libre.
Crisol gastronómico
La gastronomía de Río de Janeiro es tan rica que atiende a todos los paladares sin importar su estatus social. En las favelas resaltan platillos que surgieron en la época de la colonia portuguesa y que fueron consumidos por esclavos y por los indios americanos de la selva amazónica.
Entre esos guisados destaca el Mocotó, sopa de frijoles con pata de res y el pollo que se sirve acompañado por una salsa cuyo ingrediente esencial es la sangre del animal cocinado. En las zonas populares de Río de Janeiro se venden postres como el Sacolé, helado hecho en casa cuyos sabores más famosos son coco, mango, guayaba y fresa.
En el otro extremo social, Brasil es pródigo en churrasquerías. Las hay de todo tipo, baratas y excesivas. Una de las más famosas y respetadas es Porcão. En este lugar, los meseros caminan por todo el restaurante llevando uno de los más de 30 cortes distintos. El visitante puede elegir el bufete. Si quiere seguir comiendo sólo tiene que poner sobre la mesa una ficha verde la carne llegará hasta su plato.
El corte más popular es la picaña. También se sirve pierna de cordero, carne de res, de cerdo y de avestruz.
Monumentos y edificios emblemáticos
Para ver al Cristo Redentor, los visitantes tienen que subirse a un tren que repta el cerro del Corcovado hasta llegar a la estatua de 38 metros de altura. La figura fue inaugurada en 1931, luego de cinco años de trabajo.
Sin embargo, a ras de suelo se pueden visitar espacios culturales como el Museo de Arte Moderno, obra del arquitecto Affonso Eduardo Reidy; la Catedral Metropolitana, que tiene una altura de 75 metros y capacidad para 20 mil personas de pie; la Isla Fiscal, antiguo puesto aduanero en donde, en 1889 se llevó a cabo el último baile del imperio, y el Mercado Popular de Uruguaiana, en donde se pueden comprar a bajo costo objetos relacionados con la Copa del Mundo.
Las playas no pueden quedar fuera de la agenda de cualquier visitante.
Cuatro de ellas destacan especialmente en Río de Janeiro. La primera es la de Flamengo. Ubicada en un barrio de clase media al sur de la ciudad, destaca en ella el parque Brigadeiro Eduardo Gomes.
Desde allí se puede ver la Bahía de Guanabara y la montaña Pan de Azúcar. Sin embargo, debido al mal estado de sus aguas, no se recomienda bañarse en este lugar.
Copacabana es una playa rodeada de montañas que recibe a visitantes de todo tipo. Antes de que Río de Janeiro se convirtiera en la gran urbe que es, Copacabana era un pequeño pueblo pesquero. Actualmente es una referencia turística de Brasil.
La playa de Ipanema es uno de los lugares preferidos por la clase alta y cosmopolita de Río. Es una de las zonas más caras de la urbe.
A su alrededor hay cafés, restaurantes, tiendas y discotecas. Se recomienda llegar a la playa temprano, porque es muy concurrida.
Allí se pueden alquilar sombrillas a bajo costo y se puede comprar comida, pues los vendedores deambulan por toda la costa. La playa Leblon está pegada a la de Ipanema. Destaca el mirador, desde el cual se pueden apreciar las playas. En Leblon, la mayoría de los establecimientos permanecen abiertos toda la noche.
AEROPUERTO
Para llegar
Río cuenta con dos aeropuertos, uno para vuelos domésticos —llamado Santos Dummont— y otro para internacionales, llamado Tom Jobim. Ambos se encuentran dentro del área metropolitana de Río.
La mejor forma de moverse en la ciudad es a través de su red de transporte público, especialmente los autobuses, que cuentan con una buena frecuencia de paso. Los taxis no son caros, aunque se recomienda utilizarlos solamente por las noches.
Río es una ciudad que tiene un flujo constante de visitantes, aunque es en invierno cuando aumentan los europeos, que llegan buscando un clima cálido.
Eso sí, durante el verano las temperaturas suelen ser bastante altas.
DISFRUTA
Tips de playa
> No es necesario llevar comida a las playas, pues abundan los vendedores ambulantes, y los precios son bastante accesibles.
> Aunque hay mucha seguridad, es recomendable no dejar los objetos personales sin cuidado, especialmente cuando se quiera entrar al agua. La prevención siempre es mejor.
> Las playas, especialmente la de Ipanema, cuenta con servicios de renta de sombrillas, para combatir un poco el calor.
> Prainha y Grumari, que están en la zona Oeste de Río, son playas menos conocidas, pero que también tienen un enorme atractivo, aunque con la ventaja de estar menos saturadas.
La historia de esta ciudad brasileña se remonta al 1 de enero de 1502, cuando, a bordo de su barco, Gaspar de Lemos llegó a la bahía de Guanabara. Al confundir la entrada del mar en la costa con la desembocadura de un río, el explorador portugués la bautizó como Río de Janeiro, que significa “Río de Enero”.
Sin embargo, fue hasta el 1 de marzo de 1565 cuando el militar portugués Estacio de Sa, que había llegado dos años antes con el objetivo de expulsar a los franceses que se habían avecindado en Bahía de Guanabara, fundó la ciudad en un terreno llano entre las montañas Cara de Cão y Pan de Azúcar. Río de Janeiro se convertiría entonces en la sede del Gobierno brasileño de 1764 a 1960, cuando la sustituyó Brasilia, una de las ciudades más jóvenes del mundo.
Carnaval y celebración de Nochevieja
En Río de Janeiro se llevan a cabo dos eventos anuales de suma importancia. El primero es el Carnaval, que comienza cuatro días antes del miércoles de ceniza y confirma que el baile es la obsesión nacional de Brasil.
El Carnaval de Río de Janeiro destaca por ser el más grande y el más importante del mundo. Los turistas y los habitantes se solazan con la belleza de las “garotas” y con la luminosidad de las escuelas de samba que luchan por llevarse el primer lugar de la competencia.
Este 2014, la celebración comenzó una semana antes. Los alegres cariocas llevaron la fiesta a decenas de barrios de la metrópoli brasileña.
La segunda es la celebración de Nochevieja. El 31 de diciembre, alrededor de un millón y medio de personas, mayoritariamente vestidas de blanco, se reúnen en la playa de Copacabana para recibir el Año Nuevo.
Todos los hoteles, restaurantes y terrazas de Avenida Atlántica se preparan para recibir a los curiosos que buscan disfrutar los fuegos artificiales que, lanzados desde balsas que están en el mar, atruenan a lo largo de toda la playa.
La celebración de Nochevieja se extiende toda la madrugada y se ameniza con conciertos al aire libre.
Crisol gastronómico
La gastronomía de Río de Janeiro es tan rica que atiende a todos los paladares sin importar su estatus social. En las favelas resaltan platillos que surgieron en la época de la colonia portuguesa y que fueron consumidos por esclavos y por los indios americanos de la selva amazónica.
Entre esos guisados destaca el Mocotó, sopa de frijoles con pata de res y el pollo que se sirve acompañado por una salsa cuyo ingrediente esencial es la sangre del animal cocinado. En las zonas populares de Río de Janeiro se venden postres como el Sacolé, helado hecho en casa cuyos sabores más famosos son coco, mango, guayaba y fresa.
En el otro extremo social, Brasil es pródigo en churrasquerías. Las hay de todo tipo, baratas y excesivas. Una de las más famosas y respetadas es Porcão. En este lugar, los meseros caminan por todo el restaurante llevando uno de los más de 30 cortes distintos. El visitante puede elegir el bufete. Si quiere seguir comiendo sólo tiene que poner sobre la mesa una ficha verde la carne llegará hasta su plato.
El corte más popular es la picaña. También se sirve pierna de cordero, carne de res, de cerdo y de avestruz.
Monumentos y edificios emblemáticos
Para ver al Cristo Redentor, los visitantes tienen que subirse a un tren que repta el cerro del Corcovado hasta llegar a la estatua de 38 metros de altura. La figura fue inaugurada en 1931, luego de cinco años de trabajo.
Sin embargo, a ras de suelo se pueden visitar espacios culturales como el Museo de Arte Moderno, obra del arquitecto Affonso Eduardo Reidy; la Catedral Metropolitana, que tiene una altura de 75 metros y capacidad para 20 mil personas de pie; la Isla Fiscal, antiguo puesto aduanero en donde, en 1889 se llevó a cabo el último baile del imperio, y el Mercado Popular de Uruguaiana, en donde se pueden comprar a bajo costo objetos relacionados con la Copa del Mundo.
Las playas no pueden quedar fuera de la agenda de cualquier visitante.
Cuatro de ellas destacan especialmente en Río de Janeiro. La primera es la de Flamengo. Ubicada en un barrio de clase media al sur de la ciudad, destaca en ella el parque Brigadeiro Eduardo Gomes.
Desde allí se puede ver la Bahía de Guanabara y la montaña Pan de Azúcar. Sin embargo, debido al mal estado de sus aguas, no se recomienda bañarse en este lugar.
Copacabana es una playa rodeada de montañas que recibe a visitantes de todo tipo. Antes de que Río de Janeiro se convirtiera en la gran urbe que es, Copacabana era un pequeño pueblo pesquero. Actualmente es una referencia turística de Brasil.
La playa de Ipanema es uno de los lugares preferidos por la clase alta y cosmopolita de Río. Es una de las zonas más caras de la urbe.
A su alrededor hay cafés, restaurantes, tiendas y discotecas. Se recomienda llegar a la playa temprano, porque es muy concurrida.
Allí se pueden alquilar sombrillas a bajo costo y se puede comprar comida, pues los vendedores deambulan por toda la costa. La playa Leblon está pegada a la de Ipanema. Destaca el mirador, desde el cual se pueden apreciar las playas. En Leblon, la mayoría de los establecimientos permanecen abiertos toda la noche.
AEROPUERTO
Para llegar
Río cuenta con dos aeropuertos, uno para vuelos domésticos —llamado Santos Dummont— y otro para internacionales, llamado Tom Jobim. Ambos se encuentran dentro del área metropolitana de Río.
La mejor forma de moverse en la ciudad es a través de su red de transporte público, especialmente los autobuses, que cuentan con una buena frecuencia de paso. Los taxis no son caros, aunque se recomienda utilizarlos solamente por las noches.
Río es una ciudad que tiene un flujo constante de visitantes, aunque es en invierno cuando aumentan los europeos, que llegan buscando un clima cálido.
Eso sí, durante el verano las temperaturas suelen ser bastante altas.
DISFRUTA
Tips de playa
> No es necesario llevar comida a las playas, pues abundan los vendedores ambulantes, y los precios son bastante accesibles.
> Aunque hay mucha seguridad, es recomendable no dejar los objetos personales sin cuidado, especialmente cuando se quiera entrar al agua. La prevención siempre es mejor.
> Las playas, especialmente la de Ipanema, cuenta con servicios de renta de sombrillas, para combatir un poco el calor.
> Prainha y Grumari, que están en la zona Oeste de Río, son playas menos conocidas, pero que también tienen un enorme atractivo, aunque con la ventaja de estar menos saturadas.