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Rasgos de ayer, hoy y siempre

A pesar del paso de los años, algunas cosas se mantienen con el mismo arraigo típico con el que nacieron

GUADALAJARA, JALISCO (12/FEB/2011).- Guadalajara es mucho más que la capital de Jalisco donde reside el Gobierno estatal y los demás organismos supremos del Estado, además, esta localidad es una de las sedes culturales, industriales y económicas más importantes de México. Es el recuerdo, la historia, los sueños y la vida de miles de tapatíos, tanto de los que lo son de nacimiento, como por adopción.

Las calles de esta tierra dejan ver el folclor y las tradiciones arraigadas con cariño por sus pobladores, aquellos elementos que enorgullecen y caracterizan a los tapatíos y, aún más, a muchos mexicanos.

Los edificios, la gastronomía y los lugares más tradicionales se encuentran a cada paso en Guadalajara. Con ellos, los aromas, sabores, artesanías, vestuarios y hasta las actitudes fluyen de manera natural, dejando ver que la ciudad se encuentra sumergida entre contrastes de vanguardia que conservan lo más típico para el deleite de todos.
Guadalajara está por cumplir 469 años y quizá, uno de los regalos que cualquier tapatío puede ofrecerle es conocer, cuidar y difundir toda la tradición y esencia que, en nuestros días, se mantiene latente.

Caminata por el Centro

El Centro Histórico, que conserva los aires de una ciudad colonial, es el lugar por donde propios y extraños caminan, se topan y luego tal vez, pasan de largo.


Es también donde resulta de lo más común disfrutar una nieve mientras se recorren lugares como la Plaza de la Liberación y la de Armas, donde en su kiosko se puede apreciar -algunas noches- un tradicional mariachi o la Banda de Música de Guadalajara.

Las estampas del Palacio de Gobierno y el Teatro Degollado resultan un buen fondo para la foto del recuerdo, en tanto que los niños se divierten con las palomas, algunos corren para espantarlas y otros con la esperanza de imitar su vuelo.
Justo ahí, en el primer cuadro de la ciudad, se erige una de las edificaciones más representativas: La Catedral. De inmediato resaltan sus torres neogóticas, que aunque no son las originales, ya que éstas se perdieron con el terremoto de 1818, se imponen mostrando el azulejo amarillo que se distingue desde lejos.

Cantinas de antaño

Son muchas las historias que se cuentan acerca de La Fuente, la tradicional cantina ubicada en el corazón del Centro Histórico de la ciudad, en Pino Suarez #78.

Reconocida como una de las más antiguas de Guadalajara, esta cantina ha sido testigo de múltiples historias, algunas contadas por maestros, estudiantes y periodistas de la vida real, y otras tantas por personajes de la ficción, ya que hasta este lugar han arribado diversas figuras del cine nacional.

A pesar del correr de los años, La Fuente conserva la música en vivo, unas veces es un piano, otras un violín o saxofón,  pero sin duda éste es el complemento ideal para la convivencia.

Su icono decorativo es una bicicleta que –según se cuenta– quedó empeñada por un borracho que nunca regresó por ella, pero ésa es quizá la historia mejor aceptada entre las que se comparten. Lo que sí es seguro, es que mientras del dueño nada se sabe, la bicicleta sigue ahí presenciando historias y secretos.

Un típico barrio

En el viejo barrio de Analco, cuyo nombre significa “al otro lado del río”, pues justamente se encontraba separado de la ciudad por el Río de San Juan de Dios, habitaron indígenas que luego vieron llegar a Fray Antonio de Segovia, quien construyó el Convento Franciscano en el lugar donde hoy se ve la Parroquia de San José de Analco.


El barrio era reconocido por sus bellos jardines y capillas, por las plazuelas que fungían como mercados y baratillos, y por las verbenas que se efectuaban al aire libre para el disfrute de todos.

Analco reflejaba con fuerza el aspecto religioso, sin embargo, pese a las bien arraigadas creencias católicas, se crearon varias leyendas de aparecidos, algunas que en la actualidad son contadas por uno que otro.
Hoy en día, aunque un tanto descuidado y olvidado, sigue conservando el aspecto de un barrio viejo y de tradición en Guadalajara, de esos que cuentan historias sorprendentes e inolvidables.

San Juan de Dios

Nació al tiempo de la fundación de la ciudad, por eso a San Juan de Dios se le considera el barrio más viejo de Guadalajara. Fue la primera zona industrial y agrícola, gracias al río que llevaba el mismo nombre.

Hoy, ya sin indicios de aquel río, se le ve como un lugar tradicional que conserva ese toque pintoresco y mantiene su viejo espíritu mercantil y trasnochador. Los numerosos establecimientos comerciales son su principal atractivo y el mercado que esconde toda clase de productos y platillos, recibe a cientos de visitantes cada día. En los alrededores, se puede encontrar el folclor de los mariachis que complementan la imagen de un lugar que ha sufrido modificaciones, ha visto pasar los siglos y aún así cuenta historias de la vieja ciudad.

Apenas a unos pasos, se encuentra la Plaza Tapatía, ese lugar que regala una de las vistas más imponentes de Guadalajara, el Instituto Cultural Cabañas. Pasear por toda esta zona, representa conocer las costumbres e historia de los tapatíos.

Sabores y sazón

Pero si se habla de tradición, no se puede excluir la gastronomía típica, ésa que se ha vuelto tan popular, son pocos los tapatíos que no la conocen. Para empezar están los clásicos lonches Amparito, preparados con carnitas, lomo, pollo, jamón, queso de puerco y panela. Se encuentran escondidos tras aquella famosa puerta de madera que encierra uno de los sabores más típicos de Guadalajara.

Para encontrar uno de estos, pero de los originales, basta con visitar la Plaza Tapatía y una vez ahí, preguntar por los lonches Amparito –casi cualquiera podría dar referencia–, al llegar sólo es necesario elegir el ingrediente deseado y disponerse a disfrutarlo junto a las vistas de la ciudad.

Cerca del Santuario, uno de los lugares donde los tapatíos veneran a la patrona de México, la Virgen de Guadalupe, no sólo se encontrarán fieles religiosos y unos que otros antojitos que son comunes afuera de los templos, también es posible saborear una variedad de lonches que son, como los Amparito, populares y sabrosos.

En este caso, se caracterizan por tener sólo la mitad del bolillo, sobre ésta se ponen carnitas, frijoles y lechuga –los ingredientes pueden variar según el gusto de la persona– y el toque final lo da un baño de salsita roja que regala ese sabor especial.

Después de disfrutar del lonche bañado, una visita al jardín del Santuario puede dar una idea de cómo los tapatíos disfrutan de “las guzgueras” y las siestas bajo la arbolada.

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