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¿Existe una construcción social en la mística del adolescente?

Nuestra sociedad parece intoxicada por el drama de la adolescencia a un grado tal que pereciera ser que ningún otro periodo en la vida es tan intenso y cercano al precipicio como este, y sin embargo, millones de adolescentes pasan sus vidas tranquilas, a penas percibiendo el extravagante drama desarrollado en su nombre.
¿Podría tratarse de una extraña creación cultural? La antropóloga Alice Schlegel de la Universidad de Arizona y el psicólogo Herbert Barry III de la Universidad de Pittsburgh revisaron en 1991 a adolescentes pertenecientes a 186 sociedades preindustriales concluyendo que en el 60 % de ellas no existía siquiera una palabra equivalente para “adolescencia”.
A diferencia de sus contrapartes occidentales, quienes suelen tener en promedio 20 discusiones al mes con sus padres, aquellos otros jóvenes pasaban la mayor parte del tiempo con los adultos sin mayor conflicto.
Y aun así persisten los estudios demostrando que es en la adolescencia cuando mayor peligro existe de pescar una adicción. Los 18 años es el punto más alto en la gráfica cuando se trata tanto de suicidios, como de arrestos. ¿Estamos haciendo algo mal? ¿Qué está pasando?
Peter Hanna, quien es profesor de secundaria y bachillerato en una escuela privada en la ciudad, da en principio credibilidad al paradigma cultural, o como él lo llama, la construcción social de la adolescencia: “Me parece que desde los cincuenta, con la rebeldía y James Dean, se empezó a construir un concepto de la adolescencia como muy problemática, y esto ahora es el mensaje que dan los medios, que dan los psicólogos, que dan hasta los papás: ‘m’hijo, m’hija, vas a pasar por un tiempo terrible’(ríe); los adolescentes reciben ese mensaje y piensan que todo lo que necesitan es ser comprendidos, y no comprender”.
Existen datos que apoyan esta la visión y también los hay en contra. Hugh Cunningham de la Universidad de Kent en Inglaterra y Marc Klejwegt de la Universidad de Wisconsin-Madison, comparten la autoría de un libro defendiendo la visión de la adolescencia en las sociedades griegas y romanas como un periodo en absoluto tumultuoso o especialmente problemático, sino por lo contrario, un apacible sendero desde la niñez hasta la madurez.
“Es un gran logro de nuestras sociedades modernas el proveer ocio a los chavos hasta los 18 años, o hasta terminar la universidad, para prepararse -insiste Hanna-. Si los chavos tienen una vida bien estructurada, con metas claras y exigentes, se la pasan bastante bien, mientras que si no hay esa estructura y claridad -esa enseñanza y mediación por medio de los adultos y los papás- entonces se pierden”.

El ensanchamiento de la adolescencia

Un fenómeno diferente es el descrito por Robert Epstein, editor en jefe de la revista Psychology today y profesor de la Universidad de Harvard. Epstein es uno de los principales defensores de “la artificial extensión de la niñez”; una suerte de infantilización entre los jóvenes, donde se les trata como niños, aislándoseles de la compañía adulta.
“La adolescencia es real”, explica Cristina Landeros, psicóloga también laborando en una institución privada de educación media superior. “Lo que estamos viendo a últimas fechas es que la adolescencia se está extendiendo. Empieza mucho antes de lo que estábamos acostumbrados: lo que veíamos en chavos de 15, 16, ya lo vemos en chavos de 13, de 11. Y en los adultos también se está extendiendo. Antes la gente entre 20, 25 ya estaba casada, con hijos, estable y ahora la gente está extendiendo mucho más el proceso de primero vivo solo, viajo, trabajo antes de formar una familia que, digamos, te vuelves adulto en cuanto a que eres independiente económicamente, pero también eres responsable por algo”.
Gerardo Martínez Bolaño, psicólogo por la Universidad de Guadalajara y candidato a doctor en neurociencias, sostiene una visión similar de este hecho:
“Los que investigan en neurociencias que dicen que el problema de la adolescencia es porque hay un cerebro inmaduro, dicen que las pruebas que ellos han realizado carecen de una tendencia cultural o social. Dicen que en las otras culturas donde no hay adolescencia es porque en realidad que no les exigen (a los adolescentes) mucha preparación. Yo me pongo de ejemplo. Yo digo que a mi ya muy madura edad, todavía estoy estudiando; es casi como si fuera un adolescentotote, a estas alturas todavía preparándome y me pagan por estudiar. ¿Por qué es esto? Porque estamos en una cultura compleja, y esa cultura va a hacer que los cerebros inmaduros exhiban su inmadurez. Pero también es cierto que en la medida en que podamos integrar a los adolescentes podremos minimizar los efectos de un cerebro inmaduro, y entonces a lo mejor no va ser tan agudo el problema de la adolescencia”.

¿Algo típico sobre los
adolescentes tapatíos?

Es tremendamente difícil decidir lo particular del adolescente tapatío, cuando los valores y persepectiva del mundo entre una joven de 14 años de un cierto nivel socioeconómico viviendo en determinada sección de la ciudad, no podrían ser más distintos a su contraparte. De mis conversaciones con profesores venidos de nuestros vecinos norteños, desciende la conclusión de que para un muchacho de El Palomar representa un viaje cultural mucho más rico e impactante visitar una colonia popular, que irse de excursión a Boston. Landeros, en lo particular, es un tanto agnóstica a lo que toca el factor social poniendo como ejemplo culturas como la canadiense o la estadounidense: “Yo diría ‘hay rasgos de la sociedad tapatía, pero no del adolescente en sí’ -explica-. Las cosas que hacen, me parece que tienen más en común con los adolescentes de otras sociedades, que los adultos”.

En lo que son peras...

“Lo principal es una vida ordenada”, reflexiona Hanna a manera de sugerencia general en este complejo tema, “que los chavos comiencen a trabajar unas horas a la semana desde los 14 años para que empiecen a valorar el dinero”.
“Deberían enseñarles a posponer la necesidad inmediata de sus necesidades -propone por su parte Martínez-, las consecuencias a largo plazo de todas las decisiones que toman, la cuestión de la responsabilidad”.

por: josé langarica

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