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Patagonia, verano entre volcanes y lagos

Bariloche es tierra mapuche y de gnomos que habitan bosques milenarios, custodiados por la cordillera andina

BARILOCHE, PATAGONIA (25/MAR/2012).- Un montón de florecitas amarillas conocidas como retamas y algunos lupinos de colores entran en pausa tras la ventana mientras Luis, mi tocayo y guía, nos conduce por la carretera a San Carlos de Bariloche, o “el lugar donde vive la gente del otro lado de la montaña”, en mapuche.

El tema de conversación durante el trayecto son sus anécdotas relacionadas con la nieve, desde “guerritas” hasta lo maravillosas que son las vistas panorámicas de la ciudad desde el Cerro Catedral.

En esta ocasión la aventura no tiene nada que ver con los esquíes ni las pistas. Es verano, en esta parte del continente, el sol comienza a brillar, los picos blancos de los cerros llenos de vegetación se alumbran y un gran espejo de agua nos da la bienvenida al parque Nahuel Huapi.

De aquellas imágenes de junio del año pasado ya no queda nada, sólo el recuerdo de un desierto gris y desolado, de la ceniza del volcán chileno Puyehue que tiznó todo Bariloche, y de la apariencia suave que dejó en la arena de las playas de los lagos de esta región, antiguamente habitada por mapuches, un pueblo del sur de Chile y del suroeste de Argentina.

Hoteles, restaurantes, casas y edificios gubernamentales como el Centro Cívico, son ahora muestra de la influencia europea de los primeros colonizadores en el siglo XIX, que agregaron una distintiva arquitectura con construcciones de madera y piedra tipo alpino.

Estamos listos para hacer nuestra primera parada en la ciudad, que si bien cuenta con más de 100 mil habitantes, está completamente alejada del bullicio y tránsito.

Hemos llegado a la orilla del lago Gutiérrez que en esta temporada pronto estará llena de visitantes.

Sobre un espejo de agua


Bajo de la camioneta y una ráfaga de viento enfría mis mejillas, pero afortunadamente los primeros rayos de luz comienzan a calentar mi cuerpo. Pablo y Christian, nuestros guías, esperan ansiosos para remar sobre un kayak, al igual que nosotros.

El lago parece un mar con este oleaje, obra del aire, que podría poner en riesgo nuestro viaje, pero por fortuna el clima se pone a nuestro favor.

Es hora de equiparnos. El pantaloncillo impermeable y una chaqueta son prendas básicas; luego el cubrekayak, una especie de embudo que evita que el agua entre al bote.

El viaje se hace en parejas, alguien para remar, que irá en la proa (delantera), y otro para dirigir el bote, sentado en la parte trasera. Aldo será mi compañero y yo me encargaré de hacer esfuerzo con los brazos.

Nos entregan la “pala”, un remo con dos cucharas. Christian nos da una breve lección para palear. Un poco de práctica y estamos listos.

Parece que nuestro cuerpo es parte del kayak, la claridad del lago me seduce y no pierdo oportunidad para mirar el fondo. Me advierten que debo concentrarme porque podríamos perder el equilibrio y caer al agua, con una temperatura de 10° C.

“Derecho, izquierdo”, es más fácil de lo que pensaba. Dejo descansar por segundos mis brazos y me doy tiempo para contemplar las montañas y el azul del cielo que se refleja en el agua cristalina. Luego de varios minutos paramos en una linda playa resguardada por grandes árboles y paredes de piedra que nos abre espacio para tomar un poco de mate y galletitas con chocolate.

También se organizan excursiones de uno y dos días completos en los que se puede visitar la Isla Victoria, Gallinas y Huemul, acampar y pescar en el Brazo Tristeza y caminar por los senderos cerca del Lago Frey. “www.cuadrantesur.com”.

De regreso, estamos hambrientos y entusiasmados por recargar las pilas en la hostería El Retorno, un chalet con vistas fotografiables al parque. Sirve tradicionales cortes de carne y una trucha al limón acompañada con una copa de vino blanco.

La cabalgata


A bordo de una camioneta bordeamos el lago con dirección al sur, hasta el complejo Los Baquenos para hacer una expedición a caballo. Vamos a la caballeriza y cada quien elige a su compañero de cuatro patas, la mía es Petisa, una yegua mansa de color marrón, algo chaparrita.

Se deja montar con facilidad y luego emprendo con ella el camino. Como en línea de exploradores, poco a poco nos internamos en un bosque añoso de cipreses y coihues, rodeado de montañas. Arroyos y riachuelos son parte de la aventura cerro arriba. El frío ya empieza a calar. A medio camino bajamos de los caballos para subir a pie, hacia un mirador.

De entre flores y ramas -como el melico y la paramela que son afrodisiacos- utilizadas por los mapuches en la medicina, aparece la toma perfecta para llevar a casa: una clásica postal patagónica: el cerro nevado, el lago y un rayo de sol que forma un arco iris. Más arriba, una pequeña cascada nos salpica con su brisa ligera antes de volver a montar y bajar por los enredados senderos verdes.

El caballo parece conocer muy bien el camino y aprovecho para tomar unas fotografías más, antes de que Petisa se hunda en las frías aguas del lago, conmigo en su lomo. Poco a poco mis pies se sumergen.

Primero se humedecen mis calcetines; ahora el agua la tengo hasta las rodillas y no paro de reír.

Después de dos horas termina el paseo con una taza de té de frutilla para reconfortar a estos inexpertos jinetes en el albergue del complejo.

La noche está por caer y es hora de probar la cocina europea, elaborada con productos de la Patagonia, en el restaurante Cassis. Este lugar, atendido por sus dueños, tiene grandes ventanales con vista al Nahuel Huapi. En su cava se organizan degustaciones con vinos de la bodega del Fin del Mundo y otros más.

El menú incluye foie de ganso flameado con cognac, pan artesanal, cordero patagónico confitado y helado de crema con frutos rojos.

Cruce andino

La mañana es fría y un poco nublada, pero no impide que naveguemos sobre los grandes lagos del parque y hagamos parte del Cruce Andino, uno de los recorridos más famosos en la zona que conecta a Bariloche con Puerto Montt, en Chile.

Pero primero vamos a “El Patacón”, un restaurante frente al Nahuel Huapi que recibió al presidente Bill Clinton en 1997. La especialidad de la casa es cordero patagónico con puré de batatas (de la familia de las papas). El recinto también cuenta con una galería de arte.

Después de reposar el almuerzo en el hall, mi tocayo nos lleva a Puerto Pañuelo, a 15 minutos del centro de Bariloche para abordar el barco y seguir el trayecto del brazo Blest, el más importante de los siete que tiene el lago Nahuel Huapi.

La entrada del brazo la enmarcan dos cerros: el Capilla y Millaqueo, dibujando un paisaje similar al de los fiordos noruegos.

A medio camino del recorrido de más una hora, el silbato del barco nos sorprende frente a la Isla Centinela. “Saluda” los restos del creador de los parques argentinos, Francisco Pascasio Moreno, mejor conocido como Perito Moreno.

Las gaviotas se acercan a nosotros para tomar desde el aire un trozo de galleta de nuestra mano.

Finalmente llegamos a Puerto Blest, rodeado por un extraño bosque llamado valdiviano, que convive con áreas de aspecto desértico. Sus lluvias constantes y su vegetación endémica lo hacen único. Entre sus grandes árboles y lianas, como las que usaba Tarzán, se encuentra una escalinata de madera que nos conduce hasta el Lago de los Cántaros que alimenta a la cascada del mismo nombre. Sus aguas se deslizan sobre las afiladas rocas hasta desembocar en el Nahuel Huapi.

Dicen que en invierno el pequeño espejo de agua se congela y el espectáculo se vuelve más sorprendente.

Tras el camino entre cañas de colihue, cipreses, taiques, enredaderas y un ejemplar de alerce, con más de 150 años de vida, tomamos un autobús hacia Puerto Alegre, a menos de 15 minutos de Blest. Ahí un nuevo navío nos espera para recorrer las lechosas aguas turquesa del Lago Frías.

Su turbia apariencia se debe a la caída de cenizas del Puyehue.

La protagonista es la cumbre blanca del Cerro del Tronador, en la cordillera de los Andes. Este volcán activo, a casi 3 mil 500 metros sobre el nivel del mar, merece su nombre por el ruido constante que produce el desprendimiento de grandes bloques de hielo de su cima.

Avistamos también un cóndor andino, símbolo de sabiduría en algunas culturas andinas y declaradas Monumento Natural en Chile. En Puerto Frías bajamos unos minutos para tomar una “lágrima”, taza de leche caliente con unas gotas de café, para luego regresar a Bariloche.

El paseo continúa con otros viajeros hacia Peulla, en Chile, a través del lago Todos los Santos hacia Petrohue. Luego bordea el lago Llanquihue hasta Puerto Varas, terminando el “cruce” en Puerto Montt.

El camino cervecero

Se nos antoja una noche bohemia en la cervecería Blest, un brewpub en donde, a diferencia de un pub normal, los comensales ven trabajar desde su mesa a los maestros cerveceros.

No nos resistimos a la tentación de la malta y pedimos la famosa Pilsen, una lager suave muy refrescante.

La música sorprende, (para bien o para mal) desde Luis Miguel hasta los Rolling Stones. Las paredes están repletas de portavasos con mensajes y recuerdos de los visitantes. Me decido a tomar un pedazo de cartón y me uno al muro lleno de ocurrencias con una despedida a Bariloche.

GUÍA DE VIAJE
En el mapa

La Patagonia es una región geográfica ubicada en la parte más austral de América, que comprende territorios del sur de Argentina y de Chile.

Aunque no existe un consenso generalizado sobre los límites exactos del territorio patagónico, aproximadamente las tres cuartas partes pertenecen a Argentina y el resto a Chile.

Dónde dormir

El Casco Art Hotel, hotel boutique con 33 habitaciones con vista al Nahuel Huapi y una colección de más de 500 pinturas y esculturas de arte argentino. Precio por noche: 330 dólares. www.hotelelcasco.com

El vuelo

LAN Airlines ofrece vuelos con conexión en Santiago de Chile y Buenos Aires.

Viaje redondo desde mil 380 dólares, con impuestos incluidos.

En total son 16 horas de vuelo a Bariloche, contando las conexiones.

CAMBIO
La moneda

Peso argentino: 2.95 pesos mexicanos.

PARA SABER
Uso horario

Argentina tiene tres horas más que México en el verano y dos horas de diferencia en el invierno. Visita  www.barilochepatagonia.info y www.turismo.gov.ar.

La zona tiene el verano austral de diciembre a marzo, y el invierno austral, de junio a septiembre.

LA PROPUESTA
Cerca de la Naturaleza


El Complejo Los Baqueanos es indispensable para disfrutar el viaje de la forma más natural.

Cuenta con albergue, área de camping, kayak, cabalgatas y mountain bike. Visita www.complejobaqueanos.com.ar

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