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Miguel Aldana Mijares, generoso patriarca
Perfil
“A mis hijos con amor”, reza la dedicatoria que el ingeniero Miguel Aldana Mijares hace en el texto introductorio de un catálogo que celebra 40 años de su trayectoria en el arte, mundo al que se dedicó de lleno desde 1968, cuando tomó la decisión de retirarse de su labor como ingeniero y arquitecto para encontrarse con los pinceles y el lienzo, para recorrer lejanos rincones del mundo.
“A partir de esa fecha me dediqué a la pintura, viajé por todo el mundo, visité galerías, museos porque me interesaba mucho dedicarme a la pintura. No fue fácil tomar la decisión porque trabaja muchísimo, pero a instancias de mi esposa, que ya falleció, el 12 de abril de 1968 tomé la determinación de retirarme y le di vuelta a la hoja de mi vida. No volví a pararme en ninguna oficina y me dediqué a viajar”, recuerda el ingeniero y gran promotor de las arte en Jalisco, quien en 1970 fundó del Centro de Arte Moderno de Guadalajara, espacio clave en el desarrollo del quehacer artístico de la ciudad, en particular de la plástica y de corrientes como el abstracto y geometrismo.
En familia
Padre de 12 hijos, el ingeniero Aldana Mijares nació en Pátzcuaro, Michoacán el 19 de septiembre de 1920, tres años más tarde llegó con su familia a esta ciudad, y desde entonces se considera tapatío.
“Dice García Márquez que uno es de donde hace uno la secundaria, yo no solamente hice la secundaria, hice la primaria, secundaria, preparatoria y estudie la carrera de ingeniería”, recuerda sonriente, el memorioso artista, recuerda las calles del centro de Guadalajara cuando apenas había unos cuantos autos, cuando el colegio donde estudió hasta la preparatoria ocupaba una manzana completa y ahí mismo lo llenaron de premios de aprovechamiento académico y su madre lo recibió con lágrimas de orgullo. Se tituló como ingeniero de la Universidad Autónoma de Guadalajara, luego estudio arquitectura, y comenzó a trabajar en la construcción a la temprana edad de 20 años. “Desde 1940, comencé a construir antes de recibirme y construí mucho.
Al gobierno de Jalisco le construí la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, la antigua terminal de camiones y en la Ciudad de México también hice algunas construcciones, así como en otros estados”.
Se casó también joven, a los 24 años con Helena Martínez, con quien procreó 8 de sus 12 hijos, el mayor de 64 años, y la más pequeña de 20 años. La mayoría se dedican a profesiones relacionadas con el arte, la arquitectura, y los caballos, otra de las pasiones del ingeniero Aldana. “La vida cambia mucho cuando se es padre.
La satisfacción de tener a los hijos, educarlos, y guiarlos y luego verlos después encauzados, trabajando honestamente, con los principios que les ha ido uno inculcado a través de la vida se siente una gran satisfacción. Me siento con eso el hombre más feliz”, expresa el ingeniero Aldana, a quien no le entusiasma particularmente la celebración del Día del Padre porque la considera como un pretexto más para el consumo, sin embargo se siente contento de compartir la fecha con su extensa familia de “muchos nietos y tres o cuatro bisnietos.
No sé cómo me van a festejar, ellos sabrán qué van a hacer. A mí estas fechas me parecen más bien como indicadas o señaladas para la cuestión comercial, más que nada. Pienso que el Día del Padre es todos los días”.
Se considera ciudadano del mundo, y al tomar la decisión de dedicarse a la pintura luego de retirarse de su labor como ingeniero, armó también sus maletas para recorrer el mundo. “En todos mis viajes encontraba algún interés, tanto de las gentes como de los lugares a donde acudía. Hasta el África llegué”.
Y no fue sólo el África, el ingeniero Aldana recorrió los cinco continentes, se paseó por Australia, visitó los museos más importantes de Europa, y hasta se subió al Transiberiano para recorrer diez mil gélidos kilómetros.
Eran dos viajes por año, entre los meses de mayo y octubre. “Eran viajes preparados con anticipación, con estudios y demás, historia de los lugares que visitaría. Así recorrí la mayor parte del mundo, en América desde Alaska hasta el estrecho de Magallanes”.
Llegó también a la India, al norte para visitar a sus dos de sus hijos que estudiaban en el monasterio del Dalai Lama. “El otro día le pregunté a mi hijo mayor: `por qué me habrán salido estos dos muchachos con este interés de mística de monjes budistas’. Y me respondió que por mí, porque los había apoyado en las cosas que son buenas.
Afortunadamente he tenido la suerte de que todos mis hijos me han salido buenos. Me siento un privilegiado de tener una familia como la que tengo porque veo su formación de gente de bien”.
La plástica y el Centro de Arte Moderno de Guadalajara
En 1970, el ingeniero fundó el Centro de Arte Moderno de Guadalajara. Su primera sede fue en la calle de Mariano Otero, en el edificio que actualmente ocupa el museo Raúl Anguiano, y que en origen fue construido para albergar florerías que terminaron por establecerse en el Parque Agua Azul. Luego se traslado a la calle de Sao Paulo, en Providencia, y actualmente el centro está en manos de dos de las nietas, a quienes el ingeniero pasó la estafeta.
“Le dimos un impulso al renglón del arte en Guadalajara con un grupo de jóvenes. En ese tiempo en Guadalajara en cuestión de arte no pasaba nada, había un poco de apatía en ese momento”, recuerda. Ignacio Aldapa, Gustavo Aranguren, Guillermo Cisneros, Fernando González Gortázar, Lazaro Julian, Alfonso de Lara Gallardo,
Héctor Navarro, Luis Valsoto, Jesús e Irma Serna, son algunos de los artistas que se involucraron con el proyecto en los primeros años. Muchos más se sumarían a la lista que todavía continúa nutriéndose. “Llevo muy buena relación con ellos, estoy muy satisfecho con su labor artística, y pues ahora ya estoy más retirado por la edad y las circunstancias, nos vemos muy espaciadamente”, recuerda de sus colegas artistas. Su obra plástica, que se ubica principalmente en el geometrismo abstracto, ha sido expuesta en espacios como el Instituto Cultural Cabañas, sede de la exposición retrospectiva de sus 40 años como artista, en el Instituto Nacional de Bellas Artes, en la Universidad Nacional Autónoma de México, en Bulgaria, Morelia y diversos espacios de la ciudad.
Todavía disfruta de recorrer Guadalajara, pasear por el centro de la ciudad y encontrarse con nuevos edificios. Todavía es un individuo inquieto, como reconoce en el catálogo de sus 40 años de trayectoria artística, y todavía busca en los azules de los cielos de su obra más reciente el diálogo entre la luz y la sombra. “No se me ha quitado el interés de salir y ver las cosas nuevas que se están haciendo. Esta ciudad es mi lugar, mi hogar, Guadalajara me dio todo lo que he tenido satisfacciones y gustos, aquí nacieron todos mis hijos. Soy tapatío de los cuatro costados, sin haber nacido aquí”.
“El Centro de Arte Moderno fue un acontecimiento realmente, porque en Guadalajara en cuestión de arte era muy poco lo que había”
“Afortunadamente
he tenido la suerte de que todos mis hijos
me han salido buenos.
Me siento un privilegiado de tener una familia como la que tengo porque
veo su formación de
gente de bien”
“Esta ciudad es mi lugar, mi hogar, Guadalajara me dio todo lo que he tenido satisfacciones y gustos, aquí nacieron todos mis hijos. Soy tapatío de los cuatro costados, sin haber nacido aquí”
“A partir de esa fecha me dediqué a la pintura, viajé por todo el mundo, visité galerías, museos porque me interesaba mucho dedicarme a la pintura. No fue fácil tomar la decisión porque trabaja muchísimo, pero a instancias de mi esposa, que ya falleció, el 12 de abril de 1968 tomé la determinación de retirarme y le di vuelta a la hoja de mi vida. No volví a pararme en ninguna oficina y me dediqué a viajar”, recuerda el ingeniero y gran promotor de las arte en Jalisco, quien en 1970 fundó del Centro de Arte Moderno de Guadalajara, espacio clave en el desarrollo del quehacer artístico de la ciudad, en particular de la plástica y de corrientes como el abstracto y geometrismo.
En familia
Padre de 12 hijos, el ingeniero Aldana Mijares nació en Pátzcuaro, Michoacán el 19 de septiembre de 1920, tres años más tarde llegó con su familia a esta ciudad, y desde entonces se considera tapatío.
“Dice García Márquez que uno es de donde hace uno la secundaria, yo no solamente hice la secundaria, hice la primaria, secundaria, preparatoria y estudie la carrera de ingeniería”, recuerda sonriente, el memorioso artista, recuerda las calles del centro de Guadalajara cuando apenas había unos cuantos autos, cuando el colegio donde estudió hasta la preparatoria ocupaba una manzana completa y ahí mismo lo llenaron de premios de aprovechamiento académico y su madre lo recibió con lágrimas de orgullo. Se tituló como ingeniero de la Universidad Autónoma de Guadalajara, luego estudio arquitectura, y comenzó a trabajar en la construcción a la temprana edad de 20 años. “Desde 1940, comencé a construir antes de recibirme y construí mucho.
Al gobierno de Jalisco le construí la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, la antigua terminal de camiones y en la Ciudad de México también hice algunas construcciones, así como en otros estados”.
Se casó también joven, a los 24 años con Helena Martínez, con quien procreó 8 de sus 12 hijos, el mayor de 64 años, y la más pequeña de 20 años. La mayoría se dedican a profesiones relacionadas con el arte, la arquitectura, y los caballos, otra de las pasiones del ingeniero Aldana. “La vida cambia mucho cuando se es padre.
La satisfacción de tener a los hijos, educarlos, y guiarlos y luego verlos después encauzados, trabajando honestamente, con los principios que les ha ido uno inculcado a través de la vida se siente una gran satisfacción. Me siento con eso el hombre más feliz”, expresa el ingeniero Aldana, a quien no le entusiasma particularmente la celebración del Día del Padre porque la considera como un pretexto más para el consumo, sin embargo se siente contento de compartir la fecha con su extensa familia de “muchos nietos y tres o cuatro bisnietos.
No sé cómo me van a festejar, ellos sabrán qué van a hacer. A mí estas fechas me parecen más bien como indicadas o señaladas para la cuestión comercial, más que nada. Pienso que el Día del Padre es todos los días”.
Se considera ciudadano del mundo, y al tomar la decisión de dedicarse a la pintura luego de retirarse de su labor como ingeniero, armó también sus maletas para recorrer el mundo. “En todos mis viajes encontraba algún interés, tanto de las gentes como de los lugares a donde acudía. Hasta el África llegué”.
Y no fue sólo el África, el ingeniero Aldana recorrió los cinco continentes, se paseó por Australia, visitó los museos más importantes de Europa, y hasta se subió al Transiberiano para recorrer diez mil gélidos kilómetros.
Eran dos viajes por año, entre los meses de mayo y octubre. “Eran viajes preparados con anticipación, con estudios y demás, historia de los lugares que visitaría. Así recorrí la mayor parte del mundo, en América desde Alaska hasta el estrecho de Magallanes”.
Llegó también a la India, al norte para visitar a sus dos de sus hijos que estudiaban en el monasterio del Dalai Lama. “El otro día le pregunté a mi hijo mayor: `por qué me habrán salido estos dos muchachos con este interés de mística de monjes budistas’. Y me respondió que por mí, porque los había apoyado en las cosas que son buenas.
Afortunadamente he tenido la suerte de que todos mis hijos me han salido buenos. Me siento un privilegiado de tener una familia como la que tengo porque veo su formación de gente de bien”.
La plástica y el Centro de Arte Moderno de Guadalajara
En 1970, el ingeniero fundó el Centro de Arte Moderno de Guadalajara. Su primera sede fue en la calle de Mariano Otero, en el edificio que actualmente ocupa el museo Raúl Anguiano, y que en origen fue construido para albergar florerías que terminaron por establecerse en el Parque Agua Azul. Luego se traslado a la calle de Sao Paulo, en Providencia, y actualmente el centro está en manos de dos de las nietas, a quienes el ingeniero pasó la estafeta.
“Le dimos un impulso al renglón del arte en Guadalajara con un grupo de jóvenes. En ese tiempo en Guadalajara en cuestión de arte no pasaba nada, había un poco de apatía en ese momento”, recuerda. Ignacio Aldapa, Gustavo Aranguren, Guillermo Cisneros, Fernando González Gortázar, Lazaro Julian, Alfonso de Lara Gallardo,
Héctor Navarro, Luis Valsoto, Jesús e Irma Serna, son algunos de los artistas que se involucraron con el proyecto en los primeros años. Muchos más se sumarían a la lista que todavía continúa nutriéndose. “Llevo muy buena relación con ellos, estoy muy satisfecho con su labor artística, y pues ahora ya estoy más retirado por la edad y las circunstancias, nos vemos muy espaciadamente”, recuerda de sus colegas artistas. Su obra plástica, que se ubica principalmente en el geometrismo abstracto, ha sido expuesta en espacios como el Instituto Cultural Cabañas, sede de la exposición retrospectiva de sus 40 años como artista, en el Instituto Nacional de Bellas Artes, en la Universidad Nacional Autónoma de México, en Bulgaria, Morelia y diversos espacios de la ciudad.
Todavía disfruta de recorrer Guadalajara, pasear por el centro de la ciudad y encontrarse con nuevos edificios. Todavía es un individuo inquieto, como reconoce en el catálogo de sus 40 años de trayectoria artística, y todavía busca en los azules de los cielos de su obra más reciente el diálogo entre la luz y la sombra. “No se me ha quitado el interés de salir y ver las cosas nuevas que se están haciendo. Esta ciudad es mi lugar, mi hogar, Guadalajara me dio todo lo que he tenido satisfacciones y gustos, aquí nacieron todos mis hijos. Soy tapatío de los cuatro costados, sin haber nacido aquí”.
“El Centro de Arte Moderno fue un acontecimiento realmente, porque en Guadalajara en cuestión de arte era muy poco lo que había”
“Afortunadamente
he tenido la suerte de que todos mis hijos
me han salido buenos.
Me siento un privilegiado de tener una familia como la que tengo porque
veo su formación de
gente de bien”
“Esta ciudad es mi lugar, mi hogar, Guadalajara me dio todo lo que he tenido satisfacciones y gustos, aquí nacieron todos mis hijos. Soy tapatío de los cuatro costados, sin haber nacido aquí”