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Lo pintoresco del DF

Entre Frida Kahlo, artesanías y frijoles saltarines, la ciudad se baña de colores con los barrios de Coyoacán y San Ángel

CIUDAD DE MÉXICO (12/FEB/2012).- Frida no está, pero su cama sigue ahí: inmóvil, bien tendida, limpia y fotografiada a cada instante. Hay personas de todo el mundo (rusos, ingleses, canadienses, griegos y hasta turcos) que no detienen el suspiro de su cuerpo ante la estructura de madera en la que la señora Kahlo dijo adiós al mundo terrenal.

El aroma es distinto, huele a nostalgia, pasión y arte. La nariz se transforma en una máquina del tiempo capaz de trasladar al viajero a la década de los años 30, ahí mismo, en Coyoacán, tradicional barrio de la Ciudad de México.

Hay mujeres, niños y hombres de toda raza y creencia haciendo fila a la puerta de la casa de la pintora. La espera para entrar a lo que ahora es el Museo Frida Kahlo, la famosa Casa Azul, puede tardar hasta 20 minutos.

Muchos turistas deciden iniciar así su visita al Distrito Federal, directamente se encaraman a los distintos tours que la Secretaría de Turismo capitalina ofrece. Uno de éstos hace la primera escala en Coyoacán, una de las 16 delegaciones de la Ciudad de México caracterizada por ser de las más folclóricas de la capital.

Las marimbas callejeras lucen el talento de sus habitantes, cuando el recorrido incluye sus múltiples jardines, templos, restaurantes y museos –en su mayoría de arte popular– y como si fuera obligación, la Casa de Frida es el primer sitio en recibir a propios y extraños.

El recuerdo y ella


Los 65 pesos que se pagan por ingresar al Museo Frida Kahlo, como público general, para conocer su vida y obra, valen la pena. El pasillo del acceso principal da la bienvenida con unos coloridos esqueletos, y al avanzar, el álbum fotográfico de Frida florece en el jardín, hay imágenes clavadas en la tierra en las que ella posa abrazada por su único amor: Diego Rivera.

Las salas posteriores exhiben la razón de ser de esta mujer, que a la edad de 18 años sufrió un accidente vial que la marcaría de por vida. Tras admirar sus pinturas más famosas –si es que no están de gira artística por el mundo– hay que correr a la habitación-estudio y conocer aquella “cama voladora” que se convirtió en leyenda con el espejo pegado a cielo, la paleta de acuarelas, sus pinceles, el diario personal en el que escupió su dolor físico y pasional, su silla de ruedas y hasta el vaso de vidrio soplado en el que brindó por sus triunfos y desgracias.

Por lo empedrado


Si algo caracteriza a Coyoacán es su esencia de pueblo enclavado en la urbe más activa del país. La mayoría de sus calles están empedradas y acompañadas por casas coloniales, algunas que fueron ocupadas por órdenes franciscanas durante el siglo XVI.

Esta delegación vio nacer a importantes personajes que ilustraron a la cultura mexicana y la proyectaron a escala mundial, como el muralista Diego Rivera, el poeta Octavio Paz, el actor Emilio “El indio” Fernández, y a la misma pintora Frida Kahlo, además de albergar importantes edificaciones como a la UNAM, el Museo Nacional de Artes Populares y el Centro Nacional para las Artes, espacios en los que se puede disfrutar de espectáculos dancísticos, música y teatro, locales e internacionales.

Coyoacán se ha ganado a pulso ser considerado el “corazón cultural” de la ciudad por sus diversas áreas de esparcimiento. Basta con conocer la historia de su propio nombre, que deriva de la lengua náhuatl y significa “Lugar de los dueños de los coyotes”, emblema que da origen al Jardín del Centenario y al Hidalgo, sitios conocidos simplemente como parque de los coyotes. Aquí se reúne la gente para disfrutar de cálidas tardes al sabor de una nieve cremosa, tras visitar la Plaza y el ex Convento Churubusco.

También está el Museo Anahuacali, construido bajo la consigna de establecerlo como un templo ceremonial prehispánico a cargo de Diego Rivera, donde actualmente están expuestas sus colecciones personales.

En lo que respecta a artes escénicas, es imposible no llegar, aunque sea fugazmente, a conocer los teatros Rafael Solana, Sala Netzahualcóyotl, Teatro Juan Ruiz de Alarcón, Foro Sor Juana Inés de la Cruz y la Sala Miguel Covarrubias, entre otros.

Galería ambulante


No muy lejos de Coyoacán, como a 20 minutos, está San Ángel, otro de los barrios más artísticos del Distrito Federal. Aquí la pregunta no es qué conocer, sino decidir qué no comprar en este sitio, pues hay desde golosinas de leche, separadores de manera con forma de alebrije, velas aromáticas, rosas artesanales y  pinturas y esculturas hechas por los artistas locales.

San Ángel, conocido como el Parque del Arte, está en la delegación Álvaro Obregón. Por muchos, es considerada como una de las áreas capitalinas de alta alcurnia social, por las residenciales y exclusivas boutiques de firmas nacionales que ahí se encuentran.

Como turista hay que estar atento a las ofertas que los artistas locales ofrecen cuando detectan la intención de adquirir algo. El “regateo” es algo complicado, pero al final de cuentas casi siempre da resultado. Eso sí, evita la pena de ser “gritoneado”, cuando el lente de la cámara fotográfica apunte a uno de estos objetos, las fotografías están prohibidas aunque estén al aire libre.

Después de recorrer el Jardín del Arte, es imprescindible conocer El Centro Cultural Isidro Fabela, Casa del Risco, inmueble colonial que permite la creación artística, así como el ex Convento del Carmen, el Templo de San Jacinto y el peculiar Bazar del Sábado, donde encontrará artesanías y “chácharas” para decoración y uso personal.

Eso sí, en cualquiera de los dos puntos que visites, Coyoacán o San Ángel, no olvides preguntar por los famosos frijoles saltarines (invento mexicano) y por 10 pesos recibirás unos cuantos dentro de una bolsita roja. La tradición marca, que tras adquirir los frijoles –que son pequeñas polillas dentro de una semilla– recibirás beneficios para la salud.

PARA SABER
Visitas guiadas gratuitas

Informes y reservaciones: Subdirección de Fomento Turístico, teléfonos (55) 5658-0221 // (55) 5484-4500

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