Suplementos

La vida se prueba de noche en España

Cuatro horas por las calles de Madrid son suficientes para deleitarse con las típicas tapas y cervezas

MADRID, ESPAÑA (12/JUN/2011).- Los faroles amarillos que alumbran la Plaza del Sol se han encendido. Poco a poco vamos llegando las personas que tenemos “hambre” por conocer la gastronomía madrileña. La placa que anuncia el kilómetro cero y la estatua del Oso y el Madroño son testigos. Nos vamos de fiesta o “de marcha”, como le dicen ellos. Lo único que requerimos son fuerzas para caminar durante cuatro horas, un estómago vacío y unas papilas gustativas que estén dispuestas a probar de todo.

La clásica

En la calle Victoria, marcada con el número nueve, llegamos a la antigua cantina La Alhambra. Fue uno de los primeros lugares de tapas en Madrid, la fachada dice que desde 1929.

Las siete mesas están llenas, pero los españoles dicen que lo mejor es buscar un lugar en la barra. Y ahí nos instalamos.
Las tapas son raciones de comida que se sirven al pedir una bebida, así que empezamos por la sidra Pomar, nada que ver con la que tomamos en la época decembrina aquí en México.

Somos 15 personas los que integramos el grupo, así que con nuestros tarros de sidra llegan seis platos con aceitunas rellenas, tortilla española, paella, croquetas de atún, queso, jamón y espinacas, caldo de alubias y boquerones con sal y limón.

Comer tapas consiste en probar un poco de todo y sobre todo compartir. Nadie se queda sin su ración. Cada uno paga tres euros y salimos al siguiente lugar. Pagamos sólo la sidra.

El toque internacional

Entramos a empujones porque los franceses, italianos, alemanes, españoles y mexicanos atiborramos el pasillo de Malaspina, en la calle Cádiz.
Una bailarina de flamenco está sobre la barra. Entre cada zapateada se escuchan los gritos de los que piden una “caña”, un vaso de cerveza de barril.
El garrotero dice que la clara es la mejor y para acompañarla llega la morcilla rellena de arroz. En este momento es cuando algunos paladares se ponen estrictos. No a todos nos gusta la sangre molida.

Hacemos gestos pero nos llevamos un pedazo a la boca. “Qué tal eh”, dice nuestro guía, “buena, pero mejor pásame el bacalao”, le contesto. En verdad, no es mala, su sabor es similar al jamón ahumado, pero con un trozo es suficiente. Pagamos la caña: siete euros y nos salimos.

Chiquita pero bonita

Candelabros empolvados, carteles que anuncian corridas de toros de los años 50, botellas de vino viejas -llenas y vacías-, placas de autos y una foto de Saramago. Huele a tabaco y a vino tinto. No hay mesas ni sillas, todos de pie degustamos patatas bravas y una copa de vino en Casa Julio, Madera 37.

Lo mejor es su jamón serrano: tres rebanadas libres de grasa para mí solita. Por dos copas pago 14 euros.
Este lugar era el favorito de Saramago y la foto de él sentado en la barra lo confirma. Todos se llevan una foto de recuerdo.

Tapas sofisticadas

Minihamburguesas con mostaza, buñuelos de bacalao, croquetas de atún, sardinas en escabeche, chorizo, arroz frito y más se sirve en el restaurante Estado Puro, ubicado en Plaza Cánovas del Castillo. Son hechas al momento y el menú cambia cada mes. Las acompañamos con una cerveza y después con otra copa de vino. Pagamos 18 euros y el estómago queda satisfecho.

¿Quién te lleva?

Viator: los tours están disponibles los últimos dos sábados de cada mes. Sólo se suspenden en diciembre. www.viatorcom.es.
Costo: 20 euros por persona. Incluye guía gastronómico, algunos tragos y alimentos.
Duración: cuatro horas. Inician a las 20:00 horas.

Temas

Sigue navegando