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Karlin, un viajero de luz en la ciudad
Este trabajo surge gracias a la casualidad: un cuaderno y una papelera inteligente son el origen; el destino, un hombre que comparte su energía y sus pasiones
GUADALAJARA, JALISCO (01/OCT/2011).- Hay quienes dudan que las papeleras inteligentes del Ayuntamiento de Guadalajara en verdad lo sean; y si bien no son capaces de diferenciar entre la basura orgánica e inorgánica, ni echan un pitazo cuando están llenas, sí se abstienen de desechar lo que se encuentra sobre ellas –lo que está dentro queda fuera del alcance de su inteligencia–.
Fue así como el cuaderno que dejó un tal Karlin no tocó fondo; la papelera, tan inteligente como es, decidió dejarlo ahí encima; aunque no fue lo suficientemente lista como para hacer algún llamado para que éste se fuera con su dueño.
De esta forma, alguien más se topó con el cuaderno. Después de hojearlo, en un intento por averiguar si había sido un olvido o prisa por abandonarlo en el bote de basura, una historia apareció, la del propietario de Nómadas, un estudio de tatuajes y perforaciones, situado ahí… casi a un costado de la inteligente papelera.
“Hay que regresar el cuaderno”, fue el primer pensamiento del individuo que lo encontró, pues ahí había anotaciones de las ganancias del día y una especie de diario en torno a la creación y subsistencia del estudio; seguramente el propietario podría notar la pérdida y, quién sabe, quizá hasta ponerse un poco triste.
Bastaron unos pasos para llegar al lugar… pero después de mirar por última vez las letras, palabras y frases que contaban aquella historia, este “alguien” decidió conservar el cuaderno unos días más para empaparse de la pasión de Karlin por la Naturaleza, los viajes, otras culturas, el body art y la creación y permanencia de un lugar como Nómadas, que comenzó una nueva etapa tras un incendio que sorprendió a todos hace ya casi un mes, el 3 de agosto de este año.
Las palabras de Karlin
Quince días después de la llegada del fuego a Nómadas, Karlin comenzó a escribir en su cuaderno, haciendo un recuento de lo que fue y ha sido… con miras a lo que será y de momento no ha podido ser. He aquí la historia a través de sus palabras:
Mi nombre es Karlin, soy una persona entregada con su corazón al body art. Hace 19 años anduve por todos lados de pata de perro, dando el rol, me encantaba perforar… tanto que lo regalaba, mis amigos y otras personas me buscaban para perforarse y como andaba por todos lados no era fácil encontrarme.
Guadalajara era una ciudad muy pequeña y no había dónde perforarse, así que todos me decían que pusiera un lugar dónde me encontraran.
La idea no me gustaba mucho, a mí me gustaba estar viajando, conociendo personas y andar en el campo; me gusta el contacto con la Naturaleza, me hace sentir lleno de pureza... sentir cómo mi alma se relaja. Así que me la pensé mucho y con el paso del tiempo puse mi primer estudio.
Me establecí en 1996, pero era muy pequeño el espacio. No me gustaba porque no podía acomodar las cosas y eso no era buena idea, porque no era higiénico; duré poco tiempo hasta que encontré un local más amplio. El estudio no tenía nombre. Tomé el local y ahí es cuando nace Nómadas, en 1998, en Guadalajara.
Antes de poner Nómadas pensé muchas cosas: quería poner un estudio completo que llenara todos los requisitos a nivel profesional, que todos y cada uno de los espacios tuvieran una función real, la decoración y más que nada la higiene, respeto y sinceridad total; tuve que pensar en la ubicación de todas las cosas, no quería poner un estudio tradicional, quería uno que tuviera motivos de la Naturaleza y de tribus, algo de donde vienen los principios de las modificaciones corporales.
Entonces pensé cómo tendría que ser el modelo del estudio, yo lo quería lo más natural y tribal que se pudiera; no me costó mucho porque todo era fácil de conseguir, lo más difícil fue mezclar el diseño natural con la higiene. Mi mentalidad era hacer sentir a las personas cómodas y tranquilas, que no tuvieran miedo al dolor, que sintieran y disfrutaran su tatuaje o perforación, en un ambiente placentero y relajado.
El primer estudio Nómadas fue pequeño, en un espacio de cuatro por 10 metros. Al principio parecía que las medidas eran perfectas, después ya no era suficiente para un acomodo apropiado de las áreas.
Poco después encontré otro local en la misma calle, a pocas cuadras, y me gustó mucho, tanto que lo renté pronto, no quería dejarlo ir. El lugar medía 7.5 por 14 metros, así que hice un plano de cómo acomodar las cosas adecuadamente para cada área. Me gustó mucho, sentí que eso era lo que necesitaba, me sentí bien estaba feliz.
La decoración era parecida a la anterior, eso fue en el año 2002. Con el tiempo le di más vida con diferentes remodelaciones con motivos tribales. Me gusta tener el estudio lo más cómodo para nuestros clientes y amigos; cada día estoy pensando cómo hacerlo más cómodo y limpio, así que lo que sale de dinero se lo regreso al estudio; realmente lo material y los lujos no me preocupan.
Este año, el primero de mayo, amplié el espacio en Nómadas, puse un lobby con alimentos y bebidas a la venta, se hizo más cómodo y creo que le agradó mucho a los clientes y sus acompañantes, quienes aprovechaban para descansar ahí.
He trabajado mucho en esto del estudio en los últimos años, ya quería descansar de mi mente y el cuerpo. No he contratado a nadie para la decoración, entre todos los del estudio hemos hecho todo. El 80% es trabajo del equipo de Nómadas y mi familia; hemos hecho las vitrinas, los cubículos, puertas, fontanería, pintura, albañilería, carpintería… Gracias a Dios tengo y he tenido siempre un equipo con mucho corazón y talento, así que les doy las gracias a todos los “nómadas” por lo que logramos con el nuevo estudio; sentía que triunfamos, fuimos felices… pero por un corto tiempo.
Terminamos la remodelación el día 10 de julio de este año; acabamos muy cansados, pero felices. Fueron tres meses de trabajo diario. Cuando ya comenzaba a dormir tranquilo, el día 3 de agosto pasó algo extraño. Bueno, se lo dejo a Waka… él escribió un poco sobre esto: “Para mí fue algo que no podía creer, sólo sé que lo presentía. Un día antes todos platicamos sobre los incendios y también el Charlie Dayaks vino de visita; el día anterior, por equivocación, se fue un extinguidor en su mochila y esa misma noche me lo entregó”.
Waka nos avisó por teléfono. Me levanté corriendo y cuando llegué al estudio no lo podía creer. No me sentí mal… no sé… me quedé seco de la boca; paré y me puse a reflexionar. Tomé las cosas con calma y tranquilidad. Soy una persona que siempre piensa en el desapego de lo material, claro que soy humano y lo material es parte de uno.
Pienso que lo que sucedió fue una prueba muy grande y creo que esa prueba fue superada. Sí me dolió mucho por los esfuerzos y dedicación de todos, sentía que fueron en vano.
El mismo día, entre todos los “nómadas” y algunos amigos y clientes, comenzamos a trabajar.
Con lo que nos pasó me di cuentaque tenemos un buen de gente que nos apoya moral y físicamente, les doy las gracias a todos y tiene mi corazón y las puertas abiertas de Nómadas, que es su casa, y así como ellos estuvieron con nosotros en estos momentos difíciles, estaré con ellos en la sonrisa y en cualquier otro momento.
Les confieso algo: cuando sentí tanto apoyo de muchas personas, me sentí con mucha fuerza; me di cuenta que lo que pasó no era tan grave comparado con las amistades y familia que me apoyaron. El incendio unió lo que tenía que unir y acomodar. El fuego hizo su trabajo, armonizó y purificó el principio de la etapa que viene.
(Hasta aquí, concluye el relato de Karlin).
Un nuevo horizonte
Desde que Karlin –alias Juan Carlos Murillo– abrió Nómadas, no ha tenido el tiempo suficiente para encontrarse con la Naturaleza, su vieja pasión.
Los viajes cada vez han sido más esporádicos y menos libres. Siempre tiene en su mente un pensamiento relacionado con el estudio: “El lunes que regrese, debo checar” tal cosa del local.
Aunque el lugar, antes tapizado de bambús, tiene una gran carga simbólica para él, la verdad es que no es lo mismo: “Me hace falta estar con mi gente”, dice. Y no es que estas personas con las que está ahora no lo sean, también lo son, pero Karlin sabe –en lo profundo de su ser– que hay algo que falta.
“Antes de viajar quise ser misionero, después me di cuenta que no era una religión (la católica) que me pertenecía, pensé que eso no era para mí. Después me fui a buscar culturas en las que hicieran rituales, ceremonias, y llegué a Indonesia, Tailandia, a Borneo (la tecer isla más grande del mundo); estuve recorriendo Asia y me gustó mucho. Sí hay una cultura muy bonita, nada más que te empiezas a meter y te das cuenta que no”, dice el perforador.
“La verdad ando de rol y no me he encontrado, pero realmente trato de encontrarme. No busco ni dinero, ni quiero ser rico ni nada, mi interés es saber que aquí estoy y hacia dónde voy, trato de buscarme en un lugar, pero realmente todavía no lo encuentro. No puedo estar aquí, estoy cansado, necesito seguir avanzando porque siento que hay algo que me está esperando en otro lado”.
Por lo pronto, tras la reconstrucción de Nómadas, Karlin tendrá que quedarse en la ciudad y postergar una vez más su andar por el mundo. Ya habrá tiempo después. Lo inmediato es conseguir que el estudio siga andando, porque es el sostén de todos aquellos que se pusieron las pilas para levantar el lugar; además, hay deudas por pagar.
Tal vez sean unos seis meses más y ya; entonces Karlin abrirá de nuevo sus alas y surcará los cielos hasta encontrarse a sí mismo, mientras comparte su luz (una intensa luz que posee quizá sin saberlo) con los seres que toca en esta Tierra.
“Pienso irme a Borneo, a Sarawak... es Asia, de donde son las únicas tribus que quedan que se tatúan; quiero irme a descansar unos días para allá. Quiero ir a la Naturaleza, quiero sentirme con mi gente. Sí estoy con ellos, ésta es mi gente (la de aquí) y todo, es mi alucín o no sé, pero no soy de aquí y me voy a sentar con los míos en el árbol… voy a estar con ellos”, dice este hombre de 36 años que no se ha cansado de andar.
Para saber
El equipo
*A través de los años Nómadas se ha ido transformando en una gran familia; quienes trabajan ahí sostienen una relación que va más allá de la laboral.
*Es gracias a esta gente que Karlin (y Nómadas) sigue en pie de lucha:
*Travis, Buzo, Pinky, Ramón, Bret, Stomper, Boludo, Waka, Ferko y Dany.
Fue así como el cuaderno que dejó un tal Karlin no tocó fondo; la papelera, tan inteligente como es, decidió dejarlo ahí encima; aunque no fue lo suficientemente lista como para hacer algún llamado para que éste se fuera con su dueño.
De esta forma, alguien más se topó con el cuaderno. Después de hojearlo, en un intento por averiguar si había sido un olvido o prisa por abandonarlo en el bote de basura, una historia apareció, la del propietario de Nómadas, un estudio de tatuajes y perforaciones, situado ahí… casi a un costado de la inteligente papelera.
“Hay que regresar el cuaderno”, fue el primer pensamiento del individuo que lo encontró, pues ahí había anotaciones de las ganancias del día y una especie de diario en torno a la creación y subsistencia del estudio; seguramente el propietario podría notar la pérdida y, quién sabe, quizá hasta ponerse un poco triste.
Bastaron unos pasos para llegar al lugar… pero después de mirar por última vez las letras, palabras y frases que contaban aquella historia, este “alguien” decidió conservar el cuaderno unos días más para empaparse de la pasión de Karlin por la Naturaleza, los viajes, otras culturas, el body art y la creación y permanencia de un lugar como Nómadas, que comenzó una nueva etapa tras un incendio que sorprendió a todos hace ya casi un mes, el 3 de agosto de este año.
Las palabras de Karlin
Quince días después de la llegada del fuego a Nómadas, Karlin comenzó a escribir en su cuaderno, haciendo un recuento de lo que fue y ha sido… con miras a lo que será y de momento no ha podido ser. He aquí la historia a través de sus palabras:
Mi nombre es Karlin, soy una persona entregada con su corazón al body art. Hace 19 años anduve por todos lados de pata de perro, dando el rol, me encantaba perforar… tanto que lo regalaba, mis amigos y otras personas me buscaban para perforarse y como andaba por todos lados no era fácil encontrarme.
Guadalajara era una ciudad muy pequeña y no había dónde perforarse, así que todos me decían que pusiera un lugar dónde me encontraran.
La idea no me gustaba mucho, a mí me gustaba estar viajando, conociendo personas y andar en el campo; me gusta el contacto con la Naturaleza, me hace sentir lleno de pureza... sentir cómo mi alma se relaja. Así que me la pensé mucho y con el paso del tiempo puse mi primer estudio.
Me establecí en 1996, pero era muy pequeño el espacio. No me gustaba porque no podía acomodar las cosas y eso no era buena idea, porque no era higiénico; duré poco tiempo hasta que encontré un local más amplio. El estudio no tenía nombre. Tomé el local y ahí es cuando nace Nómadas, en 1998, en Guadalajara.
Antes de poner Nómadas pensé muchas cosas: quería poner un estudio completo que llenara todos los requisitos a nivel profesional, que todos y cada uno de los espacios tuvieran una función real, la decoración y más que nada la higiene, respeto y sinceridad total; tuve que pensar en la ubicación de todas las cosas, no quería poner un estudio tradicional, quería uno que tuviera motivos de la Naturaleza y de tribus, algo de donde vienen los principios de las modificaciones corporales.
Entonces pensé cómo tendría que ser el modelo del estudio, yo lo quería lo más natural y tribal que se pudiera; no me costó mucho porque todo era fácil de conseguir, lo más difícil fue mezclar el diseño natural con la higiene. Mi mentalidad era hacer sentir a las personas cómodas y tranquilas, que no tuvieran miedo al dolor, que sintieran y disfrutaran su tatuaje o perforación, en un ambiente placentero y relajado.
El primer estudio Nómadas fue pequeño, en un espacio de cuatro por 10 metros. Al principio parecía que las medidas eran perfectas, después ya no era suficiente para un acomodo apropiado de las áreas.
Poco después encontré otro local en la misma calle, a pocas cuadras, y me gustó mucho, tanto que lo renté pronto, no quería dejarlo ir. El lugar medía 7.5 por 14 metros, así que hice un plano de cómo acomodar las cosas adecuadamente para cada área. Me gustó mucho, sentí que eso era lo que necesitaba, me sentí bien estaba feliz.
La decoración era parecida a la anterior, eso fue en el año 2002. Con el tiempo le di más vida con diferentes remodelaciones con motivos tribales. Me gusta tener el estudio lo más cómodo para nuestros clientes y amigos; cada día estoy pensando cómo hacerlo más cómodo y limpio, así que lo que sale de dinero se lo regreso al estudio; realmente lo material y los lujos no me preocupan.
Este año, el primero de mayo, amplié el espacio en Nómadas, puse un lobby con alimentos y bebidas a la venta, se hizo más cómodo y creo que le agradó mucho a los clientes y sus acompañantes, quienes aprovechaban para descansar ahí.
He trabajado mucho en esto del estudio en los últimos años, ya quería descansar de mi mente y el cuerpo. No he contratado a nadie para la decoración, entre todos los del estudio hemos hecho todo. El 80% es trabajo del equipo de Nómadas y mi familia; hemos hecho las vitrinas, los cubículos, puertas, fontanería, pintura, albañilería, carpintería… Gracias a Dios tengo y he tenido siempre un equipo con mucho corazón y talento, así que les doy las gracias a todos los “nómadas” por lo que logramos con el nuevo estudio; sentía que triunfamos, fuimos felices… pero por un corto tiempo.
Terminamos la remodelación el día 10 de julio de este año; acabamos muy cansados, pero felices. Fueron tres meses de trabajo diario. Cuando ya comenzaba a dormir tranquilo, el día 3 de agosto pasó algo extraño. Bueno, se lo dejo a Waka… él escribió un poco sobre esto: “Para mí fue algo que no podía creer, sólo sé que lo presentía. Un día antes todos platicamos sobre los incendios y también el Charlie Dayaks vino de visita; el día anterior, por equivocación, se fue un extinguidor en su mochila y esa misma noche me lo entregó”.
Waka nos avisó por teléfono. Me levanté corriendo y cuando llegué al estudio no lo podía creer. No me sentí mal… no sé… me quedé seco de la boca; paré y me puse a reflexionar. Tomé las cosas con calma y tranquilidad. Soy una persona que siempre piensa en el desapego de lo material, claro que soy humano y lo material es parte de uno.
Pienso que lo que sucedió fue una prueba muy grande y creo que esa prueba fue superada. Sí me dolió mucho por los esfuerzos y dedicación de todos, sentía que fueron en vano.
El mismo día, entre todos los “nómadas” y algunos amigos y clientes, comenzamos a trabajar.
Con lo que nos pasó me di cuentaque tenemos un buen de gente que nos apoya moral y físicamente, les doy las gracias a todos y tiene mi corazón y las puertas abiertas de Nómadas, que es su casa, y así como ellos estuvieron con nosotros en estos momentos difíciles, estaré con ellos en la sonrisa y en cualquier otro momento.
Les confieso algo: cuando sentí tanto apoyo de muchas personas, me sentí con mucha fuerza; me di cuenta que lo que pasó no era tan grave comparado con las amistades y familia que me apoyaron. El incendio unió lo que tenía que unir y acomodar. El fuego hizo su trabajo, armonizó y purificó el principio de la etapa que viene.
(Hasta aquí, concluye el relato de Karlin).
Un nuevo horizonte
Desde que Karlin –alias Juan Carlos Murillo– abrió Nómadas, no ha tenido el tiempo suficiente para encontrarse con la Naturaleza, su vieja pasión.
Los viajes cada vez han sido más esporádicos y menos libres. Siempre tiene en su mente un pensamiento relacionado con el estudio: “El lunes que regrese, debo checar” tal cosa del local.
Aunque el lugar, antes tapizado de bambús, tiene una gran carga simbólica para él, la verdad es que no es lo mismo: “Me hace falta estar con mi gente”, dice. Y no es que estas personas con las que está ahora no lo sean, también lo son, pero Karlin sabe –en lo profundo de su ser– que hay algo que falta.
“Antes de viajar quise ser misionero, después me di cuenta que no era una religión (la católica) que me pertenecía, pensé que eso no era para mí. Después me fui a buscar culturas en las que hicieran rituales, ceremonias, y llegué a Indonesia, Tailandia, a Borneo (la tecer isla más grande del mundo); estuve recorriendo Asia y me gustó mucho. Sí hay una cultura muy bonita, nada más que te empiezas a meter y te das cuenta que no”, dice el perforador.
“La verdad ando de rol y no me he encontrado, pero realmente trato de encontrarme. No busco ni dinero, ni quiero ser rico ni nada, mi interés es saber que aquí estoy y hacia dónde voy, trato de buscarme en un lugar, pero realmente todavía no lo encuentro. No puedo estar aquí, estoy cansado, necesito seguir avanzando porque siento que hay algo que me está esperando en otro lado”.
Por lo pronto, tras la reconstrucción de Nómadas, Karlin tendrá que quedarse en la ciudad y postergar una vez más su andar por el mundo. Ya habrá tiempo después. Lo inmediato es conseguir que el estudio siga andando, porque es el sostén de todos aquellos que se pusieron las pilas para levantar el lugar; además, hay deudas por pagar.
Tal vez sean unos seis meses más y ya; entonces Karlin abrirá de nuevo sus alas y surcará los cielos hasta encontrarse a sí mismo, mientras comparte su luz (una intensa luz que posee quizá sin saberlo) con los seres que toca en esta Tierra.
“Pienso irme a Borneo, a Sarawak... es Asia, de donde son las únicas tribus que quedan que se tatúan; quiero irme a descansar unos días para allá. Quiero ir a la Naturaleza, quiero sentirme con mi gente. Sí estoy con ellos, ésta es mi gente (la de aquí) y todo, es mi alucín o no sé, pero no soy de aquí y me voy a sentar con los míos en el árbol… voy a estar con ellos”, dice este hombre de 36 años que no se ha cansado de andar.
Para saber
El equipo
*A través de los años Nómadas se ha ido transformando en una gran familia; quienes trabajan ahí sostienen una relación que va más allá de la laboral.
*Es gracias a esta gente que Karlin (y Nómadas) sigue en pie de lucha:
*Travis, Buzo, Pinky, Ramón, Bret, Stomper, Boludo, Waka, Ferko y Dany.