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Horizontes, pasión por el paisaje

Artes Plásticas

GUADALAJARA, JALISCO (13/NOV/2010).-  Esa forma de ver, captar, interpretar sentir, dar significado e imprimir personalidad a los elementos de la naturaleza, los colores y la luz, que son los componentes esenciales de  ese bello genero pictórico que es el paisaje, que ha tenido y continúa teniendo, pese a todo, incontables cultivadores; fue incuestionablemente introducida en nuestro país, durante el siglo XIX por aquellos románticos aventureros, y sobre todo hábiles dibujantes y grabadores, como Egerton, Rugendas y Linati.

Sobre las huellas dejadas por éstos, transitarían después los refinados maestros del naturalismo académico, como Velasco y Coto; insuperables, en su logrado intento de captar la sobrecogedora grandeza del altiplano mexicano.

Posteriormente, a partir de ese virtuosismo técnico, vendrían a ocupar sus lugares aquellos pintores que aprendieron a ver el paisaje mexicano de una manera novedosa, embriagados por las influencias de una amplia variedad de corrientes modernistas que partieron del  impresionismo, hasta llegar finalmente, como dejo dicho, tras superar distintas etapas, a los tiempos que hoy corren, donde no faltan quienes continúan asediando este genero pictórico, en una muy extensa variedad de neo estilos e ismos.

Son estos paisajistas contemporáneos, los que sin abandonar su intentos de captar vívidamente la realidad campestre, pueblerina o urbana, empleando ese lenguaje plástico esencial del paisajismo, pleno de incitaciones inéditas, suelen dejar plasmados sobre sus telas o sobre sus papeles (en el caso de los acuarelistas, como los nuestros tan renombrados) no sólo los multiformes y caprichosos elementos de la realidad, sino sobre todo y cada cual en la medida de su talento, sutiles atmósferas, vibrantes  cromatismos, sugerentes texturas, profundidades armónicas, irisaciones translúcidas y todo aquello que acentúa o da cuerpo a la fugaz hermosura del instante y a las infinitas variaciones que adopta el mundo natural; y que insisto, sigue constituyendo un imán para tantos y tantos pintores, amateurs y profesionales, y también para todos quienes tenemos predilección por este tipo de manifestaciones pictóricas.

Y precisamente, a los que nos atraen las pinturas de paisaje, hoy tenemos una oportunidad de  refocilarnos visualmente gracias al Instituto Cultural Cabañas, que le ha dedicado toda una ala de sus instalaciones, integrada por varias salas, para exhibir una espléndida muestra denominada Horizontes, pasión por el paisaje, compuesta de casi una sesentena de lienzos de diferentes dimensiones, que son propiedad de una reconocida empresa financiera, y que fue traída a nuestra ciudad como parte del programa cultural de las Fiestas del Bicentenario, y en donde es posible encontrar, dado su carácter de colección privada,  obras de este género que difícilmente pueden mirarse en Museos públicos o pinacotecas oficiales.

Desde luego que no todas y cada una de las pinturas expuestas es una obra maestra del género, pues las hay desde excelentes hasta medianas; esto, según el gusto y ojo de cada quien; pero lo que sí es amplio es la variedad de estilos y autores, quienes también van, desde los célebres y clásicos del paisajismo mexicano hasta otros que  poco suenan en nuestra Historia del Arte; sin que falten algunos a quienes al menos yo, no tenía el gusto de conocer, sobre todo entre los anónimos y los contemporáneos.

De cualquier manera, esta exposición en su conjunto, ofrece una perspectiva histórica de lo que ha sido el cultivo del paisaje en México, tanto por  autores nacidos aquí, como de avecindados o venidos de lejos.

Están aquí, por ejemplo, algunas muestras de los pioneros decimonónicos del paisajismo, como el ya mencionado y ampliamente reconocido, J. Moritz Rugendas, pero junto a él hay firmas y obras sorprendentes de unos tales Charles Michel, Paul Gustave Fisher o Auguste Löhr.
De nuestros neoclásicos académicos, Velasco tímidamente asoma con una obra menor, acompañando a Félix Parra y Cleofas Almanza, así como también hay aquí pinturas de pintores, que desumbilicados ya de la Academia, dieron sus primeros pasos en el campo del modernismo, como el Maestro Armando García Núñez y don Joaquín Clausell, hasta llegar a Revueltas y Zalce. 

Nuestro paisano insigne Gerardo Murillo, el famoso “Doctor Atl”, tiene casi una sala completa dedicada a sus paisajes innovadores  desde la perspectiva y el colorido; y de los que se adhirieron patrióticamente a la escuela nacionalista post revolucionaria, dicha colección posee y pone a la vista algunos ejemplos, como los de  Chávez Morado y Federico Cantú; así como de los jaliscienes Raúl Anguiano, González Camarena y Carlos Orozco Romero.

Otro consentido de estos coleccionistas, es sin duda el maestro japo-mexicano don Luis Nishisawa, al que se le dedica buena parte de esta exposición, y muy merecidamente, dada la pulcritud cromática y formal de su inventiva y característica manera de ver el paisaje del país.
La exposición se cierra cronológicamente con obras firmadas por pintores que en décadas  cercanas a la actualidad cultivan el paisajismo, como Demetrio Llorden, Félix Ricardo Newman, Raymundo Martínez, Gilberto Guerra, Eduardo Castellanos et aliis similis.

Es pues ésta, una exposición digna de verse con detenimiento, para lo cual tiempo sobra, pues estará abierta hasta el próximo mes de enero.

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