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Historias desde la banqueta: El prohombre mexicano Juan Pérez

Gran expectación está causando la creación de una cooperativa de limpiaparabrisas y cuidacoches, lideradas respectivamente por los espíritus del general Plutarco Elías Calles y el general Lázaro Cárdenas.

por: Alejandro Silva

En el que los métodos del espíritu de Lázaro Cárdenas son cuestionados y se sugiere una solución dinámica de protesta contra el transporte público

(México).- Gran expectación está causando la creación de una cooperativa de limpiaparabrisas y cuidacoches, lideradas respectivamente por los espíritus del general Plutarco Elías Calles y el general Lázaro Cárdenas.
Sin embargo, las reacciones ya comenzaron: en el Congreso el diputado Juan de Pérez y Pérez asegura que se trata de una confrontación directa a las instituciones y que el ejercicio no prosperará: “Es una estridencia pensar que los problemas de desempleo se solucionarán con cooperativas...”. “Lo que hace falta es dotar de más dinero a los partidos para que la democracia se fortalezca y así se logren inversiones que repunten la generación de trabajo”, apuntó.

La nota periodística seguía y estaba firmada por el reportero Juan N. N. Pérez, quien está sentado en un banquito fumando un faro sin filtro, justo debajo de un gran letrero de no fumar. Al final de la mesa, en el salón de usos múltiples de la universidad, está el profesor Juan P. Pérez releyendo la nota con el periódico frente a él. A su lado hay una señora con una canasta llena de molletes a los que atacan las moscas; ella las espanta cada tanto tiempo con un palito que termina en varios mechones de plástico. Un albañil con rastros de cemento mira hacia todos lados. En otra silla una joven estudiante hojea un ejemplar de Los de Abajo. La señora de los molletes y el albañil fueron invitados por el reportero; la joven acudió llamada por el profesor y la nota en el periódico, que al final fijaba una cita, suerte de mesa redonda.
A la hora exacta fijada se abren las puertas del salón: detrás aparece el espíritu del general Lázaro Cárdenas seguido de su fiel escudero, el bolero Juan Pérez, quien lanza su sonrisa como alfombra roja para el recién llegado. El profesor Juan P. Pérez se levanta de su asiento e invita a Lázaro a sentarse en la cabecera de la mesa, a lo que éste accede no sin antes lanzarles a todos una discreta inclinación de cabeza como saludo.
-Buenas tardes –dice.
El profesor se acomoda los lentes y sin sentarse tose un par de veces en ese preludio que tienen algunos oradores que se saben dueños de la situación.
-El general Lázaro Cárdenas aquí presente en espíritu ha venido a acompañarnos...
El espíritu de Lázaro los observa detenidamente. Piensa que ese es un verdadero gabinete: la gente que ama a su país y que por lo tanto se mantiene al margen del poder. Ciudadanos de a pie que realmente buscan un cambio. Sonríe.
-Vamos haciendo de este México un México más mejor –interrumpe el bolero Juan Pérez.
-Yo tengo una pregunta –dice la joven, impaciente, interrumpiendo a su vez al bolero y alzando el dedo índice en actitud abiertamente desafiante- Usted creó una cooperativa donde muy al estilo de una película de Subiela los limpiaparabrisas leen poemas a los automovilistas, bien: así son más simpáticos, pero sigue habiendo un problema: su trabajo es riesgoso, no cuentan con seguridad ni prestaciones, para la ley sus labores están al margen, y por si fuera poco y con todo respeto a su historial por todos conocido de sindicatos y afanes educativos socialistas, esos gremios en este país no funcionan...
A la señora de los molletes se le cae una bolsa que tintinea su contenido de monedas en el suelo; el profesor sonríe, complacido:
-Una de mis mejores alumnas, don Lázaro... se llama,
-Me llamo Juana y soy Pérez como los demás –le interrumpe la joven. –He venido este día alegrada por el regreso de quizás el único hombre que ha utilizado un cargo público para hacer cosas de provecho, y aunque tengo mis críticas hacia su gestión sé que no busca estar aquí en vano, pero tengo muchas preguntas,
-El jefe Cárdenas no’stá aquí nomás pa’ que lo maltraten: quiere hacer algo bien bueno, además de que los limpiaparabrisas ya no forman parte de la cooperativa, y,
-Juan –lo silencia de inmediato el espíritu de Lázaro Cárdenas; el bolero cierra los labios con fuerza pero no deja de mirar con rabia a la joven. Lázaro habla:
-La señorita tiene razón. Ustedes ya conocen lo que se logró con estas gentes que requerían de alguien que les diera la mano,
Pero el bolero no soporta y:
-Y además los cuidacoches sí siguieron con la banda y seguirán d’eaí pa’l real con el jefe, y dijeron que orita llegaban, y,
-Juan -repite, suavemente, Lázaro. El bolero Juan Pérez baja la cabeza, regañado. El General continúa:
-He visto que la formación de grupos que luchan por un bien común muy fácilmente puede perderse si hay dinero, posibilidades de un liderazgo fanático y poder. Debe existir un compromiso con una idea de fondo que no sea la del trabajo en primera instancia.
-¿Un movimiento ciudadano, dice usted? –pregunta la joven. El bolero Juan Pérez rechina los dientes. El profesor interviene:
-Antes de pensar en esas respuestas fáciles de marchas y plantones, de discursos soporíferos, de lo que se trata, si he entendido bien, es de crear una especie de meta-ideología que cuestione; ya no es un intento de agremiar a los ciudadanos en un movimiento, sino que todos seamos, como tú lo dijiste, -dirigiéndose a la joven- Juan Pérez, y cuestionemos esos flagelos que deforman al mexicano: el conformismo, el aquí-no-pasa-nada, la impuntualidad, la corrupción...
-Es que no hay soluciones sociológicas en el discurso: son acciones concretas las que van modificando o creando una ideología que se precie de ser funcional. –interrumpe, nuevamente, la joven. El albañil pone cara de sorpresa, la mujer de los molletes busca en el suelo su monedero, el reportero enciende un nuevo cigarrillo apagando la colilla del anterior sobre el suelo.
-Es precisamente con acciones que, en el camino, se irán tratando esos problemas, como usted los llama, sociológicos –responde el general Cárdenas.
-Bien: esos problemas sociales, digamos de carácter nacional, proliferan en otros problemas de carácter civil y práctico; va un ejemplo: el transporte público: los dueños no quieren pagar sueldo, lo que crea corretizas; los ciudadanos no pueden esperar al siguiente camión porque no tienen tiempo... las autoridades, ya se sabe, no se cuenta con ellas. Se trata de un problema concreto enraizado en caracteres de la vida ideológica diaria: corrupción, valemadrismo; dejadez.
Lázaro sonríe mientras observa a la mujer de los molletes buscando bajo la mesa su bolsa con monedas. Se le ocurre una idea: toma el bolso y se lo da, mirando a los demás, y se pone de pie.
-Es necesario que el ciudadano muestre su descontento de forma ordenada.
El espíritu de Lázaro Cárdenas camina hacia fuera del salón de usos múltiples de la universidad. El bolero Juan Pérez adivina algo bueno que viene y les dice a los otros, siguiendo a Lázaro:
-¡Síganme los buenos...!
Y los buenos los siguen. Llegan a las puertas de la universidad, donde ya los esperan los cuidacoches después de un día de trabajo en el solar baldío del municipio convertido en estacionamiento de ganancias comunales. Los vienevienes saludan efusivos al espíritu del General y éste les da algunas instrucciones: dos de ellos sacan cuatro billetes de veinte pesos y corren hacia una tienda de abarrotes. Se hace un pequeño cónclave con los presentes, los cuidacoches regresan con una bolsa llena de monedas; la idea: protestar contra el servicio de transporte público pagando siempre con monedas de cinco y diez centavos. El bolero Juan Pérez alza la mano pidiéndole la parada a un camión. La joven mira a Lázaro Cárdenas; sonríe.
Quien no sonríe, del otro lado de la ciudad y leyendo el periódico, la nota sobre el general Cárdenas y las cooperativas, es el espíritu de Plutarco Elías Calles. Llama a Juan Pérez, el líder de los limpiaparabrisas, quien acaba de poner en la oficina que rentaron en el centro de la ciudad un cuadro de Fidel Velázquez.
-Juan: se nos están adelantando. -Y Juan responde:
-Mi general –leyendo de soslayo la nota- Usté dirá: ya sabe que el que no se mueve no sale en la foto.

(CONTINUARÁ en la edición 55 de Tapatío)

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