Suplementos

Escribir para el escritor

Herman Koch ganó fama internacional con 'La cena', su sexta novela

GUADALAJARA, JALISCO (03/JUL/2016).- Herman Koch (1953, Países Bajos), actor y escritor, ganó fama internacional con “La cena”, su sexta novela publicada en 2009. “Casa de verano con piscina” fue igualmente bien recibida, dos años después. Ahora, este 2016 se publica en español “Estimado señor M.”, una novela con una atractiva trama: un autor ya entrado en años vive con su joven esposa, observado por un vecino que se obsesiona por él. Dentro de la novela, el señor M. gozó de fama gracias a un libro publicado decenios atrás, en el que relató un misterioso crimen que ahora reaparecerá. En EL INFORMADOR charlamos vía telefónica con Herman, quien nos contestó en perfecto español.

-El libro empieza con la relación entre los lectores y escritores, sobre todo con la obsesión. ¿Cómo surgió el comienzo de la trama?

-He empezado con una idea todavía muy pequeña, de la que se desarrolló toda la novela con muchas más historias. Casi siempre empiezo así: con una idea que no sé hacia dónde va. Lo que sí tenía claro era que iba a ser una persona real que en algún momento de su vida ha sido un personaje en una ficción de un escritor, y que ahora reclama algo. Que busca algo de justicia o venganza. En ese momento no tenía la idea de que también iba a haber partes con otra perspectiva.

-En “La cena”, parte de la trama se basó en hechos reales. Aquí también hay un crimen, el narrado en la novela dentro de la novela, ¿también tuvo relación con algo real?

-No, es verdad, hago un guiño a mi propia novela, “La cena”. Hay estos tipos de novela que usan hechos reales para crear una ficción. Pero el crimen, la desaparición del profesor del colegio, no está basado en hechos reales. Es ficción de verdad, todo inventado por mí.

-Entra en la tradición de las novelas de metaficción, que incluyen textos dentro de la novela, ¿qué tan complejo fue en este caso delimitar las tramas?

-Quise delimitar cómo hay ficción dentro de la ficción y realidad dentro de la ficción, aunque el personaje dice que hay muchas coincidencias, desde los nombres. Eso no me ha creado dificultad, pero lo tenía claro: no iba a explicar toda la otra novela, la que está escrita por el señor M. Nos enteramos de qué es la trama, que se ha llevado al libro. El resto del libro me ha creado más dificultad. Cuando tenía ya dos años trabajando en la novela todavía no tenía claves de qué había sucedido en ese crimen. Por eso escribí un capítulo bajo la perspectiva del profesor desaparecido. Como encontrar una caja negra de un avión, describí su último día. Así fue.

-El tono de crimen y el tono de obsesión entre escritor y lector recuerda a “Misery”.

-Sí… aunque sólo una vez en la vida se puede escribir un libro así: sobre un escritor, sus personajes y sus lectores y cómo juegan un papel en esta metaficción. Pero tengo miedo de que sólo escritores o críticos disfruten de este tipo de novela, y no el promedio de lector que se pueda aburrir si el escritor mismo juega un gran papel. Pero he intentado evitarlo con la imaginación: no dar toda la información del oficio del escritor. Hablo de qué es ficción, pero lo vemos más en su vida cotidiana, su vida real. Una parte se desarrolla en una conferencia, pero sé que los lectores conocen esa situación, pero en el libro se ve desde el otro lado, desde el escenario.

-¿Hay un guiño con el éxito del señor M. y su libro que publicó décadas atrás? Incluso, usted publicó “La cena” hace pocos años, también con mucho éxito.

-Un poco, eso puede ser siempre. Es un poco el temor y el miedo inconsciente de todo escritor: tener un éxito muy grande, y sí, disfrutas del momento, pero puede ser la única vez que tengas éxito. Y luego, aunque tengas 85 años, serás el autor de ese libro. Hay muchos autores así. Yo he seguido, y he tenido la suerte de que los libros posteriores sí han sido leídos, tienen muchos lectores, aunque no tienen el mismo impacto de “La cena”.

-También hay una confrontación entre los personajes: en la novela con los alumnos y el profesor, el señor M. con su esposa joven, con el vecino. ¿Fue deliberado para contrastar más a los personajes?

-Sí, un poco, pues no lo hice conscientemente. Pero cuando lo vi me di cuenta de que era verdad, las diferencias estaban. Pensé en que hay esos momentos en que alguien, como un escritor, puede tener cierto poder en alguien mucho más joven, sobre todo si es una lectora admiradora. Igual con una alumna y el profesor, si el adulto le presta atención… A mí me interesa el tema de las edades, también porque yo soy de cierta edad, me llama la atención saber si todavía puedo tener influencia o llamar la atención de gente que tiene cuarenta años menos que yo. En el fondo no me siento realmente un adulto, uno de los objetivos en la vida ha sido no convertirme demasiado en un adulto.

-¿Por mantener la frescura, la diversión?

-Sí, sobre todo eso, la frescura. Pero no quiero ser un tipo mayor que todavía va vestido como un jovencito en el parque del colegio. Yo tengo un hijo joven. Mi simpatía siempre está con los jóvenes, cuando hay un conflicto entre un profesor y un alumno, tomo partido por el alumno, aunque no siempre sea justo. Prefiero ser rebelde, no ser opresor, o adultos que lo saben todo, que dicen “ya lo he visto todo”, decepcionados pero con una vida rica, con una riqueza que es algo muy utópico, decir “Ya no hay sorpresa, ya no hay frescura”.

-¿No hay que perder la capacidad de sorprenderse?

-Sí, la curiosidad, tener la curiosidad en todo: en música, noticias, futbol, en otras personas. O también, si estoy en un sofá, pensando en qué voy a hacer. Alguien podría preguntar, si mi madre estuviera con vida me preguntaría “¿te aburres?”. Pero no, no me aburro para nada: puedo estar recostado en un sofá haciendo nada y disfrutarlo.

-En la novela hay referencias sobre la formación de lectores y la didáctica de la lectura.

-Doy una opinión del escritor, pero sí estoy de acuerdo con eso. Hemos perdido algo en el momento en el que se ha empezado a dar clases de literatura en los colegios. ¿Por qué no hay clases de rock & roll, música de rap, cine, videojuegos, alcohol, drogas o sexo? Bueno, de sexo sí hay, depende del colegio. Pero lo que quiero decir es que la literatura, para mí, pertenece allí, en el mundo de los placeres, de las cosas que disfrutamos. No hay tampoco clases sobre cómo interpretar un partido de futbol: lo vemos en la tele y vamos al estadio y pensamos si nos gusta o no nos gusta. Con un libro es lo mismo. Cuando doy un libro a un amigo no le doy mi opinión, sólo le digo “lee eso, te va a gustar”. Así intercambiamos más ideas sobre novelas, incluso entre escritores. No hablamos y hablamos de qué bien escogió el tema, cómo el protagonista se reencuentra con sus padres… No hablamos así en general, sólo qué bien o qué mal.

-Por último, ¿cómo aprendió español? y ¿frecuenta a escritores en español?

-Fue una casualidad, fue a finales de los años ochenta. Fui a Barcelona, allí encontré a mi mujer, que es española. Así lo he aprendido. Todo fue una casualidad, si me hubiera parado en París tal vez ahora hablaría francés. He vivido años en España, también me llamó la atención la literatura latinoamericana, los clásicos como García Márquez, Vargas Llosa, Carlos Fuentes. Pero de la literatura contemporánea no conozco mucho, sí he leído. Por ejemplo Valeria Luiselli, me llamó mucho la atención por la novedad. Claro, también leo a Javier Marías.

Temas

Sigue navegando