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El sushi de la felicidad

Philip Chiang visitó la ciudad para compartir su sonrisa y sus creaciones culinarias

GUADALAJARA, JALISCO (29/SEP/2013).- A los 10 años empecé a comer sushi; después de la escuela iba a un sushi bar por un bocado, y luego llegaba a casa para cenar”, recuerda Philip Chiang, chef y fundador —junto con Paul Fleming— del restaurante P.F. Chang’s.

Con una sonrisa que abarca casi todo su rostro, el chef nacido en China y radicado en Estados Unidos desde hace más de cuatro décadas, asegura que el sushi es la razón por la cual su cara siempre tiene una expresión feliz.

“Lo como todo el tiempo”, advierte e invita a disfrutar de este platillo que se adapta prácticamente a cualquier sitio; es decir, aquí en México se disfruta con ingredientes propios de la región y el chile es algo que no puede faltar.

Pero tal vez la raíz de esa felicidad es que etimológicamente la palabra “sushi” significa: “gobernar la felicidad”; y Philip, en verdad, es un claro ejemplo de eso.

Parece que la etimología tiene toda la razón, ya que en cada bocado, ya sea con tenedor o palillos —cuya técnica de uso, por cierto, no es tan fácil como parece— se sienten uno a uno los ingredientes, mientras en la cara se dibuja una sonrisa de placer.

Sabor a México

Philip Chiang (cuyo nombre, por cierto, se escribe sólo con una ele porque es de primera generación; después, según cuenta el chef, mutó hasta obtener las dos eles) estuvo de visita en Guadalajara en el restaurante situado en Andares, para presentar las novedades del menú, entre las que difícilmente se puede elegir la mejor. Pero él tiene su favorita: la que tiene mango.

El menú que ya se puede disfrutar en el restaurante es resultado de una investigación con varios chefs para encontrar los sabores más representativos de México, por eso se puede encontrar en algunos rollos rebanadas de rábano, por ejemplo, que si bien podrían antojarse más en un plato de pozole, la verdad es que no quedan nada mal al comer de un solo mordisco el trozo de sushi.

Philip Chiang disfruta los ingredientes de los rollos, e ilustra a quien se encuentra a su alrededor sobre la mejor manera de comer un pedazo de sushi.

Lo primero que hay que saber, dice, es que “siempre debemos equilibrar los sabores con ingredientes de cielo, mar y tierra”, pero lo más importante es que el consumidor siempre esté listo para probar algo nuevo.

La mesa está dispuesta y hay que hacer lo que el anfitrión solicita: para empezar, sashimi; luego viene el sushi y entre ellos el especial de la casa: el “Mongolian Beef”, compuesto de carne de res con salsa especial agridulce. De no haber usado los palillos, habría que chuparse los dedos.

Para que todo el mundo esté en el mismo canal, Chiang se toma un momento para dar una clase exprés sobre cómo se usan los palillos, los cuales son puntiagudos en China y aplanados en Japón.

“Tomamos un palillo con el dedo pulgar y el anular, ahí se sostiene sin moverse; el otro lo tomamos con el medio e índice”.

Al final, cada quien los toma como puede y algunos otros optan por la comodidad del tenedor.

La clase continúa y entonces explica que se pone un poco de cebollín en un pequeño plato hondo (en P.F. Chang’s la vajilla es de manufactura alemana), después se coloca la soya y luego un poco de chile verde. En la mezcla se remoja un poco el trozo de sushi e inmediatamente después se lleva a la boca completito.

“Hace 20 años abimos P.F. Chang’s; era sólo chino, pero ahora llevamos comida china, japonesa y tailandesa. la comida asiática es muy popular”, cuenta Philip, mientras sus acompañantes de mesa se sumergen en los sabores del sushi.

“Somos parte de la globalización, continúa, amamos la comida tai, la vietnamita, pero la mayoría será china”.

El encanto de Chiang

Philip Chiang visita México al menos dos veces al año, pero aún no habla español; aunque su lengua materna es el mandarín, su vida transcurre en inglés, ya que la mayor parte de su vida ha residido en Los Ángeles.

Sin embargo, ni siquiera eso le ha dado la posibilidad de aprender español: “Para aprender un idioma se necesita tiempo, debes hablarlo, practicarlo, y yo la verdad no he tenido aún el tiempo suficiente”.

Asegura que hay algunas palabras que entiende, pero no le resulta del todo fácil comprender una frase completa; así que en una charla en la que su interlocutor habla sólo en español, se dedica a pescar las palabras (como si las tomará con unos palillos) para formar en su cabeza la idea de aquello que le están diciendo.

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