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El hotel más alto del mundo

Las mejores vistas de los Himalayas están en el Hotel Everest View

GUADALAJARA, JALISCO (28/OCT/2012).- El Hotel Everest View, increíblemente construido allá por 1968, de piedra y cal y a tres mil 880 metros de altura, literalmente perdido entre los Himalayas, tiene  la gracia de poseer todos los estándares occidentales. La falta de carreteras en donde todo tiene que ser transportado a espaldas de los sherpas, o a lomo de yak por las lejanas brechas –ciertamente muy lejanas– de los sitios de abasto de cuánta cosa se necesite para esta titánica empresa, es cosa de admirar.

Como Kalumán, mi pequeño guía, jamás me había advertido de alguna construcción que existiera entre los colosos nevados que nos rodeaban, la sorpresa no fue minúscula al encontrarme de súbito con el pétreo edificio, que con una señorial escalera repleta de la nieve acumulada por la ventisca anterior, nos conducía hasta un portón de madera cuidadosamente labrado con leyendas, dioses y símbolos al estilo regional.  

Los interiores del gran salón, en donde en se ve que en aquellos tiempos le quisieron echar toda la mano, estaba igualmente decorado con piedras y maderas con motivos nepalíes, en donde el paso de la moda –estilo Mauricio Garcés–, el transcurrir del tiempo, el mantenimiento a la usanza sherpa y las dificultades de trabajar en esas alturas han ido dejando su huella. Sin embargo, es de notar que las habitaciones, siendo bastante amplias, están muy limpias; y sus grandes ventanales ofrecen todas una excelente vista de las montañas. Los baños completos, a la usanza nuestra, son sumamente dignos. La comida es bastante buena, y en el servicio, la amabilidad y la sonrisa sherpa están siempre incluidos.

La terraza exterior, no por su decoración tosca y campirana, sino por las espectaculares vistas que ofrece, es muy bella. Las luces cambiantes de los cielos. Las nubes que entran y salen veloces entre las montañas, y las aves que vuelan en círculos “surfeando” las corrientes, son todo un espectáculo.

Desde ahí –habiendo buen tiempo– se pueden divisar algunos de los más grandes picos: El enorme Lhotse de ocho mil 414 metros. El bellísimo Ama Dablan (seis mil 856). El imponente Thamseku (seis mil 608); y por primera vez, allá en la lejanía, el Everest ¡la cumbre más alta del mundo! con sus ocho mil 848 metros y su pared triangular con sus características rayas inclinadas. Si se tiene la paciencia de un monje tibetano; un enorme lente con tripié; y una taza de café caliente con un pastelito entre las manos, quizá se pueda hacer una foto como la que, con todos estos atributos, se tuvo la suerte de lograr.

Otro atractivo, es echar la plática con los huéspedes de todas razas y colores alrededor de la chimenea. Alpinistas que después de haber hecho cumbre en alguno de los picos buscan un merecido descanso. Sherpas que con avidez y gracia comentan sobre el famoso Yeti, “el abominable hombre de las nieves” o las hazañas de famosos trepadores como Reinhold Messner o el muy querido Edmund Hilary. Platicar de sus aventuras con los turistas que son tan sólo caminantes, le agrega sal y pimienta al interesante revoltijo del lugar.   

Considerando que no todos los huéspedes son atletas y superhombres, habrá que mencionar que también se puede llegar cómodamente al hotel, en un vuelo de tan sólo 50 minutos desde Katmandú hasta la pista de Syanboche; para luego, con una corta caminata de 45 minutos en terreno casi plano, llegar hasta la escalera que les platiqué. Ahora… si se quiere viajar primera clase, hay un servicio de helicópteros que sin dilación les pondrá en el umbral del mismo hotel.

El Everest View tiene una especie de seguro en el que, si por mal tiempo los aviones no pueden aterrizar en la fecha convenida, sólo se les cobrará –mientras dure la borrasca– alrededor de 55 dólares por noche y por persona, incluidas las comidas,

Hospedarse pues, en el hotel más alto del mundo, es en sí mismo una experiencia que vale la pena vivir.

N.B. “Excuse moi”… Acabo de enterarme de que en las cercanías ¡y a mayor altura! (cuatro mil 250 metros) en otra montaña igualmente dentro del parque Sagarmatha, se acaba de abrir el Hotel Kongdé, que por lo que se ve, es pequeño, muy bonito, y también de primera clase.

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Cómo llegar

- Para ascender a este hotel, se puede tomar un avión desde Katmandú hasta la pista Syanboche, con una duración aproximada de 50 minutos; le siguen 45 minutos de caminata hasta el ingreso principal.

- Si desea acortar la aventura, puede tomar un asiento en alguno de os helicópteros que están disponibles.

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