Suplementos

El enemigo de plástico

La bolsa de plástico se está apoderando de África, a falta de alternativas viables y baratas

GUADALAJARA, JALISCO (24/NOV/2013).- África sufre una auténtica invasión multicolor. En los árboles, en la tierra, en las calles, en los ríos, en los campos de cultivo, en las copas de los árboles. Está por todas partes, hasta el punto de que en algunos lugares, como en Sudáfrica, la llaman la flor nacional. Y, sin embargo, no es planta ni animal. Se trata de la bolsa de plástico, un producto que mata al ganado; contamina el suelo, el aire y el agua; obstruye los canales de desagüe y, de esta manera, genera inundaciones, y contribuye a la presencia de enfermedades mortales como la malaria. Por eso, desde hace más de una década, África ha emprendido una auténtica guerra contra este producto y se ha situado en la vanguardia mundial de las medidas restrictivas que tratan de hacerlo desaparecer del paisaje. Una veintena de países lo prohíben de manera tajante, como es el caso de Ruanda, Uganda, Gabón o Kenia, o lo gravan como si fuera un artículo de lujo. Y cada vez se suman más Gobiernos a esta cruzada, que, sin embargo, se enfrenta a dos problemas: la falta de alternativas baratas y viables y la resistencia de las empresas productoras o transformadoras.

Fabrice Laviolette no podía creerlo. Después de un año de trabajo en Malí, había decidido pasar unas vacaciones en Ruanda junto a su novia y le llevaba unos regalos en su equipaje de mano. Sin embargo, en el aeropuerto de Kigali le hicieron abrir la mochila, le quitaron la bolsa donde guardaba los obsequios y la tiraron a un contenedor. Cuando pudo recorrer la capital, se dio cuenta de la razón de ser de aquella meticulosidad. “La prohibición de este tipo de bolsas es total. Y puedo asegurar que funciona. A diferencia de lo que pasa en la mayor parte del continente, en las calles de Kigali está todo limpísimo, no se ve una sola bolsa de plástico”, revela.

Es cierto. La impoluta Ruanda fue uno de los primeros países africanos en prohibir totalmente la bolsa de plástico en 2007 siguiendo el ejemplo marcado en Asia por Bangladesh, que cinco años antes había adoptado la misma medida tras constatar que la obstrucción de los desagües provocada por este producto estaba detrás de las gravísimas inundaciones que de manera cíclica asolaban el país y dejaban miles de muertos. Y se lo han tomado muy en serio. En Ruanda, un cuerpo especial del Ministerio de Medio Ambiente, en coordinación con la policía, realiza controles periódicos en los establecimientos comerciales y persigue sin tregua a los traficantes que han creado un floreciente mercado negro. En las fronteras terrestres, los maleteros de los coches y la carga de los camiones se revisan con minuciosidad para impedir la entrada del producto prohibido.

Otros países se han sumado a este combate y han adoptado idénticas leyes —como Uganda, Gabón o Etiopía—  o similares, prohibiendo la circulación de bolsas de pequeño espesor y, por tanto, menos reutilizables — como Tanzania, Kenia, Sudáfrica, Marruecos, Botsuana, Chad, la RDC, Ghana, Togo, Congo y Eritrea— . El frente africano contra la bolsa de plástico crece a pasos agigantados. El pasado 1 de enero se unieron Mauritania y Malí, y otros como Burkina Faso, Argelia y Costa de Marfil ya han anunciado proyectos de ley en la misma línea. Sin embargo, no es limpieza todo lo que reluce y el éxito ruandés, al menos en lo que respecta a la prístina presencia de sus calles y campos, no ha alcanzado a todos.

Temas

Sigue navegando