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De un tiempo a esta parte

Sus seguidores están orgullosos de ellos, aunque sus detractores puedan decir: ''¿y luego, qué les pasó?''

GUADALAJARA, JALISCO (29/ABR/2012)

“La política me hizo vago”
Enrique Alfaro, Movimiento Ciudadano

“La política me hizo vago, pero durante la infancia siempre me mantuve en el camino correcto. Mis recuerdos entre llanos pateando un balón y mis figuritas de acción de Star Wars continúan indelebles en mi mente.

El futbol es, fue y será mi pasión. Los cumpleaños y navidades que pasé en compañía de mi familia unida no fueron excepcionales, pero gracias al cariño con que las viví las imágenes se mantienen albergadas debajo de donde alguna vez el cabello existió.

Hans era mi perro. Un Pastor Alemán que quise mucho. Tuve otros, pero él fue una mascota excepcional. Lucas también se paseó por los pasillos de mi casa; de hecho, siempre tuvimos un perro ahí. Hoy la tradición se ha roto. Una de mis hijas es alérgica a sus pelos, aunque todos los días me exigen que les lleve uno. Ya hallaré la forma de complacerlas.

Recuerdo que la primaria y la secundaria me forjaron; la verdad sí era bueno en el estudio. Ya en la prepa le bajé el ritmo, aunque en la facultad volví a echarle los kilos, y al seguirme en los estudios, modestia aparte, sí destaqué.

El gusto por la patada me hizo decidirme a festejar uno de mis cumpleaños con una cascarita. Y antes de que el balón tocara cualquier portería, varios de los jugadores del equipo Leones Negros llegaron.  Las navidades que pasé con mis padres esperaba ansioso los regalos por la mañana, aunque antes debía aventarme todo el ritual del pavo y villancicos. Ahora  es una tradición que quiero y trato de cuidar. Cuando la tarea que la maestra nos dejaba estaba hecha, mis ratos de ocio los acompañaba con la pandilla de Don Gato, además de que Los Supersónicos y Los Picapiedra.


“Nunca tuve una bicicleta, pero mi papá me regaló un patín del diablo”
Fernando Garza, Partido de la Revolución Democrática

De niños conocíamos a un fotógrafo. Cuando revelaba los rollos fotográficos, quedaba un carretito de metal al centro; íbamos a que nos los diera. En alguna ocasión mi mamá nos puso ahí porque yo creo que no tenía ninguna foto de nosotros. De mi hermano el grande y de mi hermana la grande, sí tiene, pero de nosotros, que yo tenga recuerdo, es la única.

Nací en Colima, aunque mi padre me registró en Saltillo; llegé a  Guadalajara a los nueve años.

Tuve una niñez muy feliz; mi padre, siempre muy cerca de nosotros. Recuerdo que con frecuencia íbamos al mar, al rancho. Mi padre tenía un rancho, mis tíos tenían un rancho en el municipio de Coquimatlán. Entonces era andar a caballo, meternos a bañar al río.

Cada verano eran prácticamente vacaciones obligadas con mi abuelo en Michoacán, en Coalcomán. La única forma de llegar era en avioneta, era una aventura. Ahí tenía un primo que hacía arcos y flechas. Íbamos con el herrero a que nos hiciera puntas y veíamos, inclusive nos las templaba, quedaban muy resistentes y nos íbamos al cerro dizque de cacería. Nunca cazábamos nada, soy pésimo para todo esto.

Me encantaba jugar en la calle, desde futbol, que era lo que más me gustaba, hasta guerra de pedradas. En una de esas me descalabraron, aquí traigo todavía la cicatriz.

En mi casa nunca hubo recursos excesivos, vivimos modestamente, pero vivimos muy felices. Nunca tuve una bicicleta, pero mi papá me regaló un patín del diablo, y me iba a la escuela en él. Aunque ese era un juguete muy preciado, mi favorito fue el balón. Llegué a jugar en las reservas de la Universidad de Guadalajara, cuando estaban en segunda división.


“Era súper amiguero, y también peleonero”
Aristóteles Sandoval, Partido Revolucionario Institucional

En esta foto tenía cuatro años. Estoy en casa de mi abuela materna, en la colonia Independencia.

Mi infancia fue muy feliz. Me gustaba mucho estar en casa de mis abuelos. Mi abuelo me recogía en el kínder y me iba toda la tarde a su casa. Él tenía una tienda de abarrotes; ahí me surtía de dulces y los viernes por la noche veía el box con él. Mi abuela hacía nata, queso… me la pasaba comiendo, jugando, a veces iban mis primos, pero sobre todo la pasaba en la tienda. Siempre fui el chiqueado de mis abuelos.

De chiquito quería ser bombero, pero también me gustaba la construcción. Ya cuando tenía siete, ocho años, un presidente municipal fue a mi escuela y desde ahí quise ser alcalde de Guadalajara.

Mi padre no influyó en lo anterior. De niño, yo no sabía qué hacía mi padre. Lo veía a la hora de la comida, por la noche y los sábados en la tarde y los domingos, que era el día que lo aprovechaba al máximo

En la escuela fui muy amiguero. Me gustaba mucho incluir a todos, irme a jugar a la casa de otros niños, era el típico que se enamoraba de la maestra… también fui peleonero. Era aguerrido. De chiquito me enojaban los niños abusivos o las injusticias a mis hermanas. Por lo regular ganaba, aunque a veces sí me ponían unas buenas.

Mis mejores recuerdos son cuando mi padre me llevaba a jugar futbol; cuando iba al catecismo para que me dieran boletitos que juntaba para la súper kermés; cuando mi abuelo me llevaba al estadio, veía el box conmigo o me llevaba en la parte de atrás de su bicicleta. Él siempre andaba en bici.


“Como todo pequeño, le tiraba a los pajaritos, a las lagartijas”
Fernando Guzmán, Partido Acción Nacional

Mi infancia la pasé en México DF, ahí crecí en la colonia del Valle, mi mamá aún vive ahí.

Un 30 de abril fue cuando yo me recibí de abogado, hace ya 32 años.

Mi infancia fue muy alegre, como la de todos los niños. Los niños viven felices. Dicen que cuando uno tiene una tristeza o un problema o algún disgusto tiene que poner la vista atrás, cuando era niño,  porque siempre había una ilusión. Soy el mayor de cinco; mi madre siempre fue cariñosa, amorosa, muy enérgica, tengo muy bonitos recuerdos. Sin embargo, la muerte de mi papá, esa sí me impactó. De pequeño me gustaba jugar mucho canicas, trompo, jugaba resortera; soy muy bueno para calcular y, como todo pequeño, le tiraba a los pajaritos, a las lagartijas. También jugaba a la carretera, la pintábamos, y con los aviones también nos divertíamos.

Siempre he sido una persona alegre, entusiasta, sobre todo para los deportes. Con mis hermanos siempre me he llevado bien, aunque ellos se quejan al decir que les daba muchas órdenes, pero eso lo dicen ellos. De niños, sí llegamos a tener pleitos, normales. Los recuerdos de mi infancia son agradables, pero una anécdota que recuerde, creo que se acuerdan más mis hermanos de alguna, yo veo más hacia adelante. Una vez, estando medio adolescente uno de mis mejores amigos estaba molestando a uno de mis hermanos chicos y pues me metí a defenderlo y nos peleamos, a golpes. Pasó el tiempo, y seguimos siendo amigos.


“Siempre me gustó mucho bailar”
María de los Ángeles Martínez Valdivia, Nueva Alianza

Siempre fui una niña muy participativa en todo. Era la que levantaba la mano para decir: yo, yo yo, siempre. Pedían: ¿Quién quiere bailar en tal fiesta? Yo.

Siempre salía, no sólo en los festivales de la escuela a la que pertenecía, sino que hasta participaba en otras. Siempre me gustó mucho bailar.

Esta fotografía, en la que tenía siete años, me trae muy gratos recuerdos de mis amigas de la infancia y de toda esa alegría que siempre tuve desde que nací y que sigo teniendo.

Esta imagen es de un evento que se presentó para unas fiestas del pueblo (Etzatlán) en septiembre. Participamos con un bailable tipo ruso. No nos quedaron las botas porque éramos de piernas gruesas, entonces tuvimos que usar calcetas, a mí no me quedaron ni a otra compañerita. Eso no nos quitó tener esa chispa.

Me acompañan en la fotografía Carmelita (de derecha a izquierda), yo soy la segunda, Laura y Angélica; todas son vecinas de Etzatlán con las que convivía muchísimo. Esa imagen me genera el deseo todavía de bailar.  

Tuve una infancia muy feliz. Solo tuve un evento que fue un poco traumático porque me entrellevaron unos caballos; venían en tropel. Salí ilesa de esto, pero después tuve un shock nervioso. Pasados unos días, todo volvió a la normalidad.

Siempre fui una niña muy alegre, la más pequeña de la familia, querida y cuidada por todos. Era muy “hablantina”, demasiado sociable.

También me gustaba cocinar. Y desde niña también jugaba a ser maestra.

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