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Camino a la Basílica de Zapopan

Ropa colgada en árboles y “puertas en el suelo” son parte de esta postal

GUADALAJARA, JALISCO (16/JUN/2013).- En la esquina de Vicente Guerrero e Hidalgo, en el Centro de Zapopan, hay un pequeño foro que la mayor parte del tiempo sirve de cama a desocupados, vendedores, viene-vienes y pordioseros. Cuando paso por ahí y los veo tan profundamente dormidos y relajados, me dan ganas de probar si será que de veras está muy cómodo.

Dando la vuelta luego luego —por la Avenida Hidalgo con rumbo a la Basílica— una señora aprovecha los frondosos árboles para colgar ganchos con ropa: aquello parecería sólo un tendedero de prendas secándose al sol, pero no, la señora de gorra en realidad vende la ropa —en “buen estado”, según un letrero— y algunas otras cosas que exhibe sobre una mesita.

En esa cuadra, como en muchas del primer cuadro, los espacios para estacionarse son codiciados y peleados. Y en las banquetas es común que los peatones tengan que —prácticamente— convivir con los autos que suben medio cuerpo al espacio que se supondría sólo es para peatones.

En esta cuadra, en la acera Norte, había todavía hace no mucho unos baños públicos que cedieron su espacio —luego de haberlo ocupado durante muchos años— a un local de tacos. Primero bien comidos que bañados y vaporeados.

Al llegar a la esquina de la calle Matamoros hay, en el suelo, una especie de registros muy grandes, de esos que se convierten en puertas en el suelo y que se ven un poco hundiditas, por lo que conviene no arriesgarse a pisar, no vaya a ser que caiga uno donde los cocodrilos; así que hay que rodear.

Cruzando Matamoros para continuar por la banqueta de Hidalgo, hay una rampa para sillas de ruedas que está invadida por un tensor de un poste de la CFE. Un poquito más hacia la sombra el vendedor de churros en su puesto y una extraña barra de hielo sudando, deshaciéndose sin que a nadie parezca importarle que en unas horas desaparezca colándose por la alcantarilla.

A lo largo del tramo de la banqueta que va de Matamoros hasta donde comienza la Basílica destacan varios arbolitos no muy consolidados, por decirlo de algún modo, que están protegidos por una especie de aros de metal. El contraste entre el cajete cuadrado y esa especie de macetero-protector es notable. Aquí no está el Museo de Arte de Zapopan, que no vayan a decir entonces —¡por Dios!— que es una instalación.

Un poco antes de llegar a la zona en la que se detienen los camiones urbanos, junto a un poste, se instala todos los días un viejito de cabeza blanca que tiende sobre un periódico montoncitos de yerbas. Trae de todo, hasta estafiate y caléndula. Basta con que uno le diga que se padece para que él recomiende algún té y adiós dolor o enfermedad.

Justo en la parte en la que comienza la Basílica, el primer puesto siempre fue el que ofertaba gorditas de trigo, de nata y puerquitos. Como era el único, casi siempre los que atendían lo hacían no de muy buenas maneras (si no le gusta, compre en otra parte, al cabo que no hay más). Hace unos meses y sólo a unos pasos de ahí, más cerca de la parada del camión, se puso un nuevo puesto también de gorditas de nata. La diferencia es que en este puesto las gorditas las están haciendo al momento sobre una plancha caliente y les ponen —digamos— amenidades encima como lo son mermelada, cajeta o lechera. Desde entonces, en el otro puesto, ya tienen también aderezos para ponerle encima a las gorditas y hasta le ha regresado esa amabilidad perdida por años al dependiente. No sólo los Oxxos tienen sus Sevens. Y viceversa.

Luego del puesto de gorditas están, en fila y casi frente a la entrada lateral a la Basílica, un puesto de revistas en el que también venden refrescos; un puesto en el que se vende calabaza y camote enmielado y tatemado (si pasa uno muy temprano, se puede ver a un tipo acomodando los camotes, formaditos como personas que quieren entrar al Tren Ligero, en una tinota); luego un puesto de churritos, papitas y dulces varios; la casetita del sitio 83 de taxis y un puesto de elotes: tatemados, cocidos, con chile y limón o crema y mayonesa.

Y ya: está ahí la entrada a la Basílica de la Virgen de Zapopan. Pero esa es otra historia.

david.izazaga@gmail.com

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