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Así es el paladar de los tapatíos
Se habla de nuestra cocina como una mezcla ancestral de culturas, desde el postre hasta el plato fuerte, seduce paladares
GUADALAJARA, JALISCO (11/FEB/2011).- “Somos lo que comemos”. Así reza un dicho muy popular que en esta ocasión alude a lo que distingue en esencia a un oriundo de la ciudad de Guadalajara. Nuestra urbe es rica en muchos aspectos y la cocina no se queda atrás, pues es de los factores más distintivos de la Perla Tapatía.
Quizá para los jaliscienses ciertos platillos resulten tan familiares, que incluso no se sabe a ciencia cierta si son o no de Guadalajara. Ejemplo de ello es el pozole, que por décadas ha formado parte de nuestra carta gastronómica, pero que por su popularidad se hace también en diferentes partes de la República Mexicana. Este platillo hecho a base de caldo con maíz y carne de cerdo o pollo, en nuestro Estado se caracteriza por ser de color rojo o blanco.
La historia ha sido testigo de la evolución de ciertos ingredientes que hoy en día, forman parte central de platillos oriundos de nuestra ciudad. Incluso hay quienes dicen que aquel turista que vino a Guadalajara y no probó una torta ahogada, es como si no hubiese venido. Si se habla de platillos que se han creado gracias a la fusión de culturas, éste es uno de ellos. La Perla Tapatía es el único lugar donde se realiza el tradicional birote salado, pan de origen francés que fue introducida a México por un cocinero de la corte de Maximiliano de apellido Birrott, de ahí se derivó el nombre de la pieza; después se asentó de lleno en Guadalajara, donde se perfeccionó su calidad y sabor, gracias al clima, presión atmosférica y humedad, pues aunque muchos imitadores han querido igualar la técnica, el sabor jamás se compara. Con base en este producto nació la torta ahogada, antojo típico de nuestra urbe que se prepara a base de salsa de jitomate con especias, salsa picante con chile de árbol y se puede acompañar de cebolla y limón.
Y si se sigue por la línea de la carne, ahora toca el turno a otro de los platillos más frecuentados por propios y extraños: la carne en su jugo. Este guiso consiste en preparar la carne de res de manera que se aproveche al máximo su jugo, haciendo un concentrado que se mezcla con algo de tomate, acompañado de tocino, cilantro y cebolla. En la Zona Metropolitana de Guadalajara existen varios lugares de tradición donde se puede degustar este plato típico.
La birria, agradable picor
Esta “artesanía” gastronómica de Jalisco también forma parte de la historia culinaria de nuestro Estado. Algunos antecedentes históricos señalan que la receta original nació a principios del XVII, y tomó mayor popularidad por los Altos de Jalisco. Este singular platillo tiene mucho trabajo artesanal, pues su preparación original marca que debe ser cocinada bajo la tierra, en un pozo con rocas previamente calentadas, donde se coloca la olla, para posteriormente taparla con hojas de maguey. La base es la carne de chivo o cordero, aunque ya se le ha ido incluido la ternera, entre otras. Su caldo es a base de especias y se acompaña con una picosa salsa elaborada con chile de árbol, lo cual le da un toque de picor muy especial. Este platillo hoy en día, es un buen pretexto para salir a comerlo fuera de la urbe, en un ambiente campirano.
Para rematar
Ya hablamos de los platillos más representativos de Jalisco y especialmente de Guadalajara. Ahora es tiempo del postre, que también ocupa un lugar muy especial en nuestra ciudad.
Si damos un leve paseo por barrios tradicionales de Guadalajara, entonces bien valdría la pena hacer una parada en el Santuario de la Virgen de Guadalupe. Este lugar se conserva como la embajada de los buñuelos y el atole blanco, que forman un maridaje perfecto, cuya experiencia gastronómica empieza desde el momento de percibir el aroma del carbón de los braceros que mantienen caliente el atole.
Y si de refrescarse se trata, qué tal una bebida típica de Guadalajara hecha a base de masa en fermentación: el tejuino. El barrio de La Capilla de Jesús, es conocido por ofrecer el mejor tejuino de la ciudad, que conquista los paladares tanto de oriundos como de visitantes que, por cierto, no pueden perderse la oportunidad de probarlo. Se sirve con nieve de limón, limón y sal.
¿Cómo dejar fuera al postre más tradicional y arraigado de nuestra ciudad? La jericalla, una delicia de la repostería tapatía que combina a la perfección con cualquier platillo. Para un final feliz en una rica comida, este postre elaborado a base de leche, huevo y canela, es el inmejorable culmen de una buena comida en la Perla de Occidente.
Quizá para los jaliscienses ciertos platillos resulten tan familiares, que incluso no se sabe a ciencia cierta si son o no de Guadalajara. Ejemplo de ello es el pozole, que por décadas ha formado parte de nuestra carta gastronómica, pero que por su popularidad se hace también en diferentes partes de la República Mexicana. Este platillo hecho a base de caldo con maíz y carne de cerdo o pollo, en nuestro Estado se caracteriza por ser de color rojo o blanco.
La historia ha sido testigo de la evolución de ciertos ingredientes que hoy en día, forman parte central de platillos oriundos de nuestra ciudad. Incluso hay quienes dicen que aquel turista que vino a Guadalajara y no probó una torta ahogada, es como si no hubiese venido. Si se habla de platillos que se han creado gracias a la fusión de culturas, éste es uno de ellos. La Perla Tapatía es el único lugar donde se realiza el tradicional birote salado, pan de origen francés que fue introducida a México por un cocinero de la corte de Maximiliano de apellido Birrott, de ahí se derivó el nombre de la pieza; después se asentó de lleno en Guadalajara, donde se perfeccionó su calidad y sabor, gracias al clima, presión atmosférica y humedad, pues aunque muchos imitadores han querido igualar la técnica, el sabor jamás se compara. Con base en este producto nació la torta ahogada, antojo típico de nuestra urbe que se prepara a base de salsa de jitomate con especias, salsa picante con chile de árbol y se puede acompañar de cebolla y limón.
Y si se sigue por la línea de la carne, ahora toca el turno a otro de los platillos más frecuentados por propios y extraños: la carne en su jugo. Este guiso consiste en preparar la carne de res de manera que se aproveche al máximo su jugo, haciendo un concentrado que se mezcla con algo de tomate, acompañado de tocino, cilantro y cebolla. En la Zona Metropolitana de Guadalajara existen varios lugares de tradición donde se puede degustar este plato típico.
La birria, agradable picor
Esta “artesanía” gastronómica de Jalisco también forma parte de la historia culinaria de nuestro Estado. Algunos antecedentes históricos señalan que la receta original nació a principios del XVII, y tomó mayor popularidad por los Altos de Jalisco. Este singular platillo tiene mucho trabajo artesanal, pues su preparación original marca que debe ser cocinada bajo la tierra, en un pozo con rocas previamente calentadas, donde se coloca la olla, para posteriormente taparla con hojas de maguey. La base es la carne de chivo o cordero, aunque ya se le ha ido incluido la ternera, entre otras. Su caldo es a base de especias y se acompaña con una picosa salsa elaborada con chile de árbol, lo cual le da un toque de picor muy especial. Este platillo hoy en día, es un buen pretexto para salir a comerlo fuera de la urbe, en un ambiente campirano.
Para rematar
Ya hablamos de los platillos más representativos de Jalisco y especialmente de Guadalajara. Ahora es tiempo del postre, que también ocupa un lugar muy especial en nuestra ciudad.
Si damos un leve paseo por barrios tradicionales de Guadalajara, entonces bien valdría la pena hacer una parada en el Santuario de la Virgen de Guadalupe. Este lugar se conserva como la embajada de los buñuelos y el atole blanco, que forman un maridaje perfecto, cuya experiencia gastronómica empieza desde el momento de percibir el aroma del carbón de los braceros que mantienen caliente el atole.
Y si de refrescarse se trata, qué tal una bebida típica de Guadalajara hecha a base de masa en fermentación: el tejuino. El barrio de La Capilla de Jesús, es conocido por ofrecer el mejor tejuino de la ciudad, que conquista los paladares tanto de oriundos como de visitantes que, por cierto, no pueden perderse la oportunidad de probarlo. Se sirve con nieve de limón, limón y sal.
¿Cómo dejar fuera al postre más tradicional y arraigado de nuestra ciudad? La jericalla, una delicia de la repostería tapatía que combina a la perfección con cualquier platillo. Para un final feliz en una rica comida, este postre elaborado a base de leche, huevo y canela, es el inmejorable culmen de una buena comida en la Perla de Occidente.