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Aprender de ellos
Ser mujer en discapacidad
En días pasados, para ser preciso el 8 de marzo, se celebro el día mundial de la mujer. Hay fechas que al margen del carácter celebra torio que conlleva, desnudan la condición de omisos e indiferentes que hemos sido con ciertos sectores de la población, en especial si estos son altamente vulnerables. Por más repasos que hice a los diferentes medios de comunicación en las fechas previas y subsecuentes al día aludido, no encontré absolutamente ninguna nota que hiciera referencia a la mujer en discapacidad: seres que evidentemente de una manera cruel e irresponsable los hemos convertido en invisibles.
Mujeres con síndrome Down, con parálisis cerebral, con discapacidad intelectual, ciegas, sordomudas, o con alguna discapacidad física, viven segregadas y obligadas a recluirse en el ámbito domestico, en el mejor de los casos, a deambular de un sitio a otro, en el peor de ellos. Las mujeres con discapacidad desarrollan, fácilmente, un sentimiento de inferioridad y son victimas propicias de abusos y violencia, se convierten, por su propia naturaleza, en personas fácilmente manipulables y explotables.
El fenómeno es tan serio y alarmante que incluso dentro del mismo sector de la discapacidad se presentan dolorosos casos de marginación.
Todas estas mujeres se desarrollan sin tener puntos de referencia. Barreras y obstáculos, en ocasiones infranqueables, se les presentan a lo largo de su azarosa vida. Principios elementales como la autodeterminación, la elección del tipo de vida y el ejercicio de derechos fundamentales: entre ellos y muy significativo--- según el caso de discapacidad--- el de la maternidad, parecen estar vedados en forma absoluta para ellas. A una gran cantidad de mujeres con discapacidad les gustaría tener pareja, vivir el amor en plenitud y finalmente ser madres: esa misma gran cantidad renuncian a serlo por estar llenas de temores, el principal ser abandonadas por el hombre y tener que renunciar al hijo si se les declara incapaces para educarlo.
Anhelos tan simples y elementales como participar activamente en la comunidad según los parámetros que cada una de ellas fije, en sustitución de la histórica, pesada y arbitraria carga de ser referencia tan solo de un modelo medico. Trabajar para obtener justas y dignas remuneraciones, el poder elegir, cultivar y disfrutar de amistades, tener pareja que las escuche, disfrutar de diferentes tipos de ocio, elegir su ropa y mil etcéteras mas, cotidianos y normales. Todo lo anterior a condición de no seguir cargando con el insoportable peso de la discriminación.
Es elemental que integremos a estas admirables mujeres a fin de que caminen de lo impredecible a lo asombroso, concediéndoles la oportunidad de que nos muestren su bondad y generosidad, ajenas a envidias y vanidades. Debemos trabajar para que impere la razón y no la paranoia segregativa tan de nuestros tiempos. A las mujeres con discapacidad hay que crearles una corriente de entendimiento profundo con estallidos de sinceridad. La historia nos ha demostrado que de la desventura y de la paciencia nacen frutos dulces. Termino, con animo ilustrativo, citando a Epicteto: No nos hacen sufrir las cosas, sino las ideas que tenemos de las cosas. Amen de los amenes.
Mujeres con síndrome Down, con parálisis cerebral, con discapacidad intelectual, ciegas, sordomudas, o con alguna discapacidad física, viven segregadas y obligadas a recluirse en el ámbito domestico, en el mejor de los casos, a deambular de un sitio a otro, en el peor de ellos. Las mujeres con discapacidad desarrollan, fácilmente, un sentimiento de inferioridad y son victimas propicias de abusos y violencia, se convierten, por su propia naturaleza, en personas fácilmente manipulables y explotables.
El fenómeno es tan serio y alarmante que incluso dentro del mismo sector de la discapacidad se presentan dolorosos casos de marginación.
Todas estas mujeres se desarrollan sin tener puntos de referencia. Barreras y obstáculos, en ocasiones infranqueables, se les presentan a lo largo de su azarosa vida. Principios elementales como la autodeterminación, la elección del tipo de vida y el ejercicio de derechos fundamentales: entre ellos y muy significativo--- según el caso de discapacidad--- el de la maternidad, parecen estar vedados en forma absoluta para ellas. A una gran cantidad de mujeres con discapacidad les gustaría tener pareja, vivir el amor en plenitud y finalmente ser madres: esa misma gran cantidad renuncian a serlo por estar llenas de temores, el principal ser abandonadas por el hombre y tener que renunciar al hijo si se les declara incapaces para educarlo.
Anhelos tan simples y elementales como participar activamente en la comunidad según los parámetros que cada una de ellas fije, en sustitución de la histórica, pesada y arbitraria carga de ser referencia tan solo de un modelo medico. Trabajar para obtener justas y dignas remuneraciones, el poder elegir, cultivar y disfrutar de amistades, tener pareja que las escuche, disfrutar de diferentes tipos de ocio, elegir su ropa y mil etcéteras mas, cotidianos y normales. Todo lo anterior a condición de no seguir cargando con el insoportable peso de la discriminación.
Es elemental que integremos a estas admirables mujeres a fin de que caminen de lo impredecible a lo asombroso, concediéndoles la oportunidad de que nos muestren su bondad y generosidad, ajenas a envidias y vanidades. Debemos trabajar para que impere la razón y no la paranoia segregativa tan de nuestros tiempos. A las mujeres con discapacidad hay que crearles una corriente de entendimiento profundo con estallidos de sinceridad. La historia nos ha demostrado que de la desventura y de la paciencia nacen frutos dulces. Termino, con animo ilustrativo, citando a Epicteto: No nos hacen sufrir las cosas, sino las ideas que tenemos de las cosas. Amen de los amenes.