¿Ha sido usted víctima de un delito? ¿Algún familiar suyo, algún vecino, algún compañero de trabajo, han sufrido un robo, una agresión, un secuestro o un fraude?
Lo que todos quisiéramos escuchar es que eso no ha ocurrido, pero resulta que casi siempre conocemos a alguien que ha sido robado, agredido, secuestrado o defraudado. Lo malo de todo esto no es que las cosas ocurran, sino que casi siempre nos quedemos con los brazos cruzados, con el pretexto de que no tiene caso denunciar, si los gobernantes no van a hacer nada.
Así empieza la cadenita. Así se van multiplicando los delitos, así es como los malhechores siguen en la calle, cruzándose con nosotros muy quitados de la pena, muy tranquilos, porque, como nadie los ha denunciado, nadie los va a perseguir y, por lo tanto, nadie los meterá a la cárcel.
Las autoridades nos presumen cifras que dicen que hay delitos que van a la baja. Puede ser que les creamos o no, pero lo que no podemos hacer es voltear a otro lado como si nada pasara. Si el gobernador, el jefe de la Policía, el procurador o cualquier otro representante del Gobierno dice que hay menos asaltos, menos secuestros, menos fraudes, no nos confiemos en que las cosas se están solucionando; mejor pongamos de nuestra parte para que haya más delitos denunciados, para que vayan más malandrines a la cárcel, que es donde deben estar.
Es muy bueno que se hagan marchas, que se escuche la voz de todos los que están inconformes con lo que se ha hecho en materia de seguridad, pero también es necesario que pasemos al terreno de la acción como ciudadanos con voz, con valor y con exigencias que estén respaldadas en denuncias sobre todas las tropelías que vemos a nuestro alrededor: la narcotiendita, el comerciante abusivo, el asaltante callejero, el agresor que porta arma y amenaza al que se le ponga enfrente.
Sin miedo se enfrenta a la delincuencia, denunciando para que las autoridades, que tienen la obligación de darnos seguridad, lo hagan.
Lo que todos quisiéramos escuchar es que eso no ha ocurrido, pero resulta que casi siempre conocemos a alguien que ha sido robado, agredido, secuestrado o defraudado. Lo malo de todo esto no es que las cosas ocurran, sino que casi siempre nos quedemos con los brazos cruzados, con el pretexto de que no tiene caso denunciar, si los gobernantes no van a hacer nada.
Así empieza la cadenita. Así se van multiplicando los delitos, así es como los malhechores siguen en la calle, cruzándose con nosotros muy quitados de la pena, muy tranquilos, porque, como nadie los ha denunciado, nadie los va a perseguir y, por lo tanto, nadie los meterá a la cárcel.
Las autoridades nos presumen cifras que dicen que hay delitos que van a la baja. Puede ser que les creamos o no, pero lo que no podemos hacer es voltear a otro lado como si nada pasara. Si el gobernador, el jefe de la Policía, el procurador o cualquier otro representante del Gobierno dice que hay menos asaltos, menos secuestros, menos fraudes, no nos confiemos en que las cosas se están solucionando; mejor pongamos de nuestra parte para que haya más delitos denunciados, para que vayan más malandrines a la cárcel, que es donde deben estar.
Es muy bueno que se hagan marchas, que se escuche la voz de todos los que están inconformes con lo que se ha hecho en materia de seguridad, pero también es necesario que pasemos al terreno de la acción como ciudadanos con voz, con valor y con exigencias que estén respaldadas en denuncias sobre todas las tropelías que vemos a nuestro alrededor: la narcotiendita, el comerciante abusivo, el asaltante callejero, el agresor que porta arma y amenaza al que se le ponga enfrente.
Sin miedo se enfrenta a la delincuencia, denunciando para que las autoridades, que tienen la obligación de darnos seguridad, lo hagan.