Hoy hace 460 años se fundó el obispado de Guadalajara, en la Compostela de Nayarit, donde permaneció la sede por 12 años.
La estructura diocesana tenía como objetivo establecer la presencia de la iglesia plena en un determinado territorio del mundo. En el caso hispanoamericano la fundación de una diócesis garantizaba además la consolidación tanto de la nueva comunidad indígena cristiana, como la inserción de la comunidad cristiana española que se había trasladado hasta estos lugares.
Conocemos el sitio que ocupa hoy día esta región en lo que mira a la adhesión de la sociedad al catolicismo, pero obviamente las razones no se pueden ubicar en el pasado reciente, son consecuencia de un largo trayecto que a lo largo de estos 460 años se ha ido desarrollando.
La prevalencia de las alianzas entre indígenas y españoles, por encima de las conquistas militares; la condición emergente de las culturas prehispánicas regionales, la fuerte presencia de comunidades criollas, y el sistema franciscano de evangelización son algunos de los factores que explican un rápido y creciente arraigo en la propuesta cristiana del catolicismo.
La pervivencia de esta postura social incluye otros factores tales como el haber contado muy frecuentemente con liderazgos propositivos, cuyos programas respondían a las necesidades y expectativas de la comunidad, tema en el cual pueden señalarse infinidad de acciones que incluyen la integración racial, la consolidación de una cultura propia, el desarrollo regional en sus múltiples facetas, la apuesta a favor de la educación, o la realización de obras sociales de gran impulso que a la fecha sobreviven, como el hospital de Belén y la Universidad, o han dejado una huella colosal de su actuación, como es el Hospicio Cabañas.
Aún en el caótico siglo XIX, la diócesis estará presente tanto en la consumación de la independencia, como en la apertura a las nuevas corrientes de pensamiento liberal católico, corriente que tuvo ilustres representantes y aún inductores entre los eclesiásticos, como los tuvo también y de muy alto nivel académico, la postura conservadora.
El radicalismo ideológico caudillista fracturó los ideales románticos de la resistencia pacífica cristiana que había surgido en Guadalajara en 1918, ante leyes que la sociedad de aquella época consideraba atentatorias para la libertad religiosa; el enfrentamiento armado consecuente fue muy costoso para todos, y en especial para nuestra región. Reconstruir el tejido social, más allá de héroes y villanos, vencedores y vencidos, será nuevamente trabajo de líderes cristianos y laicos de muy alto perfil, cuya acción fue siempre íntegra e integradora, propositiva y visionaria, y por lo mismo fue igualmente correspondida por los diversos actores sociales; esta llamada reconciliación está a la base, indiscutiblemente, del gran desarrollo que tuvo nuestro Estado entre los años 40 y 70 del siglo XX.
A 460 años de su fundación, la diócesis enfrenta nuevos y grandes retos, que podrá asumir con éxito en la medida que los vea más como oportunidades que como problemas, recupere lo mejor de su experiencia histórica, y se abra inteligentemente a las nuevas necesidades del hombre contemporáneo, con nuevas y mejores respuestas.
ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO / Licenciado en Historia.
La estructura diocesana tenía como objetivo establecer la presencia de la iglesia plena en un determinado territorio del mundo. En el caso hispanoamericano la fundación de una diócesis garantizaba además la consolidación tanto de la nueva comunidad indígena cristiana, como la inserción de la comunidad cristiana española que se había trasladado hasta estos lugares.
Conocemos el sitio que ocupa hoy día esta región en lo que mira a la adhesión de la sociedad al catolicismo, pero obviamente las razones no se pueden ubicar en el pasado reciente, son consecuencia de un largo trayecto que a lo largo de estos 460 años se ha ido desarrollando.
La prevalencia de las alianzas entre indígenas y españoles, por encima de las conquistas militares; la condición emergente de las culturas prehispánicas regionales, la fuerte presencia de comunidades criollas, y el sistema franciscano de evangelización son algunos de los factores que explican un rápido y creciente arraigo en la propuesta cristiana del catolicismo.
La pervivencia de esta postura social incluye otros factores tales como el haber contado muy frecuentemente con liderazgos propositivos, cuyos programas respondían a las necesidades y expectativas de la comunidad, tema en el cual pueden señalarse infinidad de acciones que incluyen la integración racial, la consolidación de una cultura propia, el desarrollo regional en sus múltiples facetas, la apuesta a favor de la educación, o la realización de obras sociales de gran impulso que a la fecha sobreviven, como el hospital de Belén y la Universidad, o han dejado una huella colosal de su actuación, como es el Hospicio Cabañas.
Aún en el caótico siglo XIX, la diócesis estará presente tanto en la consumación de la independencia, como en la apertura a las nuevas corrientes de pensamiento liberal católico, corriente que tuvo ilustres representantes y aún inductores entre los eclesiásticos, como los tuvo también y de muy alto nivel académico, la postura conservadora.
El radicalismo ideológico caudillista fracturó los ideales románticos de la resistencia pacífica cristiana que había surgido en Guadalajara en 1918, ante leyes que la sociedad de aquella época consideraba atentatorias para la libertad religiosa; el enfrentamiento armado consecuente fue muy costoso para todos, y en especial para nuestra región. Reconstruir el tejido social, más allá de héroes y villanos, vencedores y vencidos, será nuevamente trabajo de líderes cristianos y laicos de muy alto perfil, cuya acción fue siempre íntegra e integradora, propositiva y visionaria, y por lo mismo fue igualmente correspondida por los diversos actores sociales; esta llamada reconciliación está a la base, indiscutiblemente, del gran desarrollo que tuvo nuestro Estado entre los años 40 y 70 del siglo XX.
A 460 años de su fundación, la diócesis enfrenta nuevos y grandes retos, que podrá asumir con éxito en la medida que los vea más como oportunidades que como problemas, recupere lo mejor de su experiencia histórica, y se abra inteligentemente a las nuevas necesidades del hombre contemporáneo, con nuevas y mejores respuestas.
ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO / Licenciado en Historia.