México
Por la violencia, también emigran los que sí tienen
Empresarios compran casas y abren sucursales de sus negocios del otro lado del Río Bravo; se van con o sin papeles
MCALLEN, TEXAS (14/JUL/2010).- El paso de una camioneta con los vidrios polarizados, el rechinido de unas llantas, la entrada de un grupo de extraños a un restaurante o la llamada desde un número desconocido son motivos suficientes para la preocupación y la alerta. Al sur del Río Bravo, en las poblaciones pegadas a la frontera, se vive a diario con desesperación, miedo y psicosis.
En Tamaulipas o Nuevo León, desde Nuevo Laredo a Matamoros o hacia Monterrey, se multiplican las historias de quienes han sufrido uno o más secuestros, extorsiones y balaceras. Es común oír a quien se le murió un amigo, un familiar o un vecino alcanzado por una bala perdida.
Si alguien cruza durante el paso de un convoy de sicarios empieza a rezar para que en ese momento no pasen las patrullas con elementos del Ejército Mexicano o tendrá la mala suerte de quedar en medio del fuego cruzado.
La psicosis se convierte en el medio perfecto para propagar rumores sobre próximos enfrentamientos o ataques contra la población orquestados por “Los Zetas” o sus adversarios del cártel del Golfo, en disputa por el control de la plaza. Las alertas se esparcen por las redes sociales, correos electrónicos o conversaciones, y la más reciente fue un supuesto boicot a la instalación de casillas para la elección de gobernador en Tamaulipas. El asesinato del candidato priista Rodolfo Torre Cantú alimentó ese rumor.
Por eso muchos mexicanos que radican en ciudades como Reynosa, Matamoros o Monterrey huyen hacia este lado, al Valle de Texas. Vienen con sus familias y el dinero reunido, de manera legal o sin documentos.
Los desplazados por la violencia que ha impuesto el narcotráfico en el noreste mexicano son ricos y pobres, porque nadie se salva de esta ola criminal que ha dejado ciudades vacías y poblaciones sin autoridad.
Mier, Camargo, Ciudad Miguel Alemán y Nueva Ciudad Guerrero son comunidades fantasma. Ahí los negocios han cerrado y predominan las casas abandonadas. El pasado 27 de febrero los habitantes de Camargo enfrentaron una jornada de violencia que se prolongó durante toda una noche. Las calles de esa población eran prácticamente una zona de guerra.
La presidencia municipal de Camargo fue baleada, como también la Notaría Pública del alcalde José Correa, de quien los lugareños aseguran que ahora su nuevo despacho está en la población texana de Río Grande, y solamente acude a Camargo para supervisar alguna obra o poner en marcha ciertos programas.
Pocos se atreven a transitar por la carretera que une a Camargo con Reynosa —“La Ribereña como la conocen aquí por su trazo que corre paralelo al río Bravo—, pues esa vialidad ha sido escenario de múltiples enfrentamientos entre bandas rivales del narco.
Aquí todos saben que “Los Zetas” y el cártel del Golfo instalan a diario sus retenes a fin de ubicar y neutralizar a los adversarios.
No hay cifras oficiales sobre la dimensión de este desplazamiento humano hacia el Norte del Río Bravo, como resultado de la violencia en México. Del lado estadounidense los que han logrado hacer un cálculo somero son los corredores inmobiliarios o los organismos empresariales, con base en la venta y renta de casas, o el incremento de negocios propiedad de mexicanos.
Víctor Castillo, integrante de la Cámara de Comercio de McAllen, dice que con base en datos de los afiliados que pertenecen al sector inmobiliario, 400 familias de mexicanos llegaron a vivir en los últimos seis meses a ciudades del sur de Texas, como Misión, Edimburgo y McAllen. De acuerdo con estos cálculos, a diario dos familias mexicanas han comprado o rentado casa en esta región de la Unión Americana.
Para comprar o rentar una casa en Estados Unidos no es necesario tener la ciudadanía o demostrar la estancia legal, basta con comprobar ingresos o la solvencia económica para pagar la hipoteca o la mensualidad, explica Víctor Castillo.
En San Antonio, “Pepa” Thomas, agente inmobiliaria de la empresa RE/MAX, dice que hasta hace cuatro años 35% de sus clientes eran mexicanos. Hoy esa cartera de clientes es de 80%.
Son mexicanos ricos los que se acercan con “Pepa” Thomas; esos compradores han conseguido visa de empresario y buscan casas con valores superiores a los 250 mil dólares.
También adquieren bodegas o locales en las zonas industriales y comerciales más importantes de esa ciudad para instalar la nueva sucursal del negocio que abandonaron en territorio mexicano a causa de la inseguridad.
Estos desplazados huyen de los secuestros y las cuantiosas extorsiones que les exigen bandas del crimen organizado.
“Pat” Ahumada, alcalde de la ciudad de Brownsville, cuenta la historia de un amigo que el año pasado cerró una maquiladora en Matamoros, Tamaulipas, porque los narcotraficantes lo extorsionaban con un pago de 16 mil dólares al mes a cambio de no matarlo o no quemarle la empresa. Por este hecho se perdieron un gran número de empleos por el cierre de la compañía.
A pesar de la llegada masiva de mexicanos al sur de Texas, Ahumada dice que por información obtenida en una reunión en Washington a inicios de 2010, descubrió que los oficiales estadounidenses de migración reciben premios de productividad de hasta mil dólares al mes si rechazan a cierto número de mexicanos con visa que piden ingresar a Estados Unidos.
El alcalde de Brownsville dice que por datos proporcionados también en Washington, a lo largo de la frontera de la Unión Americana con México se estima una actividad económica anual de ocho mil millones de dólares, gracias a los mexicanos que viven, trabajan, compran, hacen negocios o turismo a lo largo de la franja fronteriza.
Ahumada recibe a muchos empresarios que le piden apoyo para instalar en esta ciudad una sucursal de aquellos negocios que ya no pueden existir del lado mexicano.
Uno de esos empresarios hace antesala en espera de una audiencia con Pat Ahumada y mientras eso ocurre habla de su propia historia como víctima del crimen organizado en México.
Al dedicarse junto con su familia a la venta de ropa, uno de sus mercados principales está en la Ciudad de México, pero ahí su hermano ha sido secuestrado en dos ocasiones. Ése hermano dejará el DF para radicar en Brownsville.
No hay cifras oficiales, las historias se acumulan día con día. La emigración, de los que sí tienen, es un nuevo rostro de la violencia sin fin que se vive en el Norte.
Ficha técnica
Salto a la esperanza
Destino complicado.- Los pobres que pasan la frontera son en su mayoría trabajadores agrícolas o pequeños comerciantes que tampoco escaparon de las extorsiones y la violencia.
Sólo a 35 kilómetros al oeste de McAllen se ubica una pequeña comunidad de 50 mil habitantes llamada La Joya. En los últimos dos años el sheriff de esta población ha enfrentado un incremento exponencial en el tráfico de indocumentados y de drogas que él mide por el número de persecuciones a camionetas de polleros o traficantes.
Solidarios.- Al sur de Texas, en el territorio que abarca el condado de Hidalgo, opera una organización de apoyo a migrantes llamada la Unión del Pueblo Entero (LUPE). Esa agrupación surgió en 1989 por iniciativa de César Chávez. Actualmente LUPE cuenta con seis mil afiliados y una amplia estructura financiera sustentada en las cuotas aportadas por sus miembros, lo que le permitió construir dos unidades habitacionales en las comunidades de Pharr y Mercedes.
En Tamaulipas o Nuevo León, desde Nuevo Laredo a Matamoros o hacia Monterrey, se multiplican las historias de quienes han sufrido uno o más secuestros, extorsiones y balaceras. Es común oír a quien se le murió un amigo, un familiar o un vecino alcanzado por una bala perdida.
Si alguien cruza durante el paso de un convoy de sicarios empieza a rezar para que en ese momento no pasen las patrullas con elementos del Ejército Mexicano o tendrá la mala suerte de quedar en medio del fuego cruzado.
La psicosis se convierte en el medio perfecto para propagar rumores sobre próximos enfrentamientos o ataques contra la población orquestados por “Los Zetas” o sus adversarios del cártel del Golfo, en disputa por el control de la plaza. Las alertas se esparcen por las redes sociales, correos electrónicos o conversaciones, y la más reciente fue un supuesto boicot a la instalación de casillas para la elección de gobernador en Tamaulipas. El asesinato del candidato priista Rodolfo Torre Cantú alimentó ese rumor.
Por eso muchos mexicanos que radican en ciudades como Reynosa, Matamoros o Monterrey huyen hacia este lado, al Valle de Texas. Vienen con sus familias y el dinero reunido, de manera legal o sin documentos.
Los desplazados por la violencia que ha impuesto el narcotráfico en el noreste mexicano son ricos y pobres, porque nadie se salva de esta ola criminal que ha dejado ciudades vacías y poblaciones sin autoridad.
Mier, Camargo, Ciudad Miguel Alemán y Nueva Ciudad Guerrero son comunidades fantasma. Ahí los negocios han cerrado y predominan las casas abandonadas. El pasado 27 de febrero los habitantes de Camargo enfrentaron una jornada de violencia que se prolongó durante toda una noche. Las calles de esa población eran prácticamente una zona de guerra.
La presidencia municipal de Camargo fue baleada, como también la Notaría Pública del alcalde José Correa, de quien los lugareños aseguran que ahora su nuevo despacho está en la población texana de Río Grande, y solamente acude a Camargo para supervisar alguna obra o poner en marcha ciertos programas.
Pocos se atreven a transitar por la carretera que une a Camargo con Reynosa —“La Ribereña como la conocen aquí por su trazo que corre paralelo al río Bravo—, pues esa vialidad ha sido escenario de múltiples enfrentamientos entre bandas rivales del narco.
Aquí todos saben que “Los Zetas” y el cártel del Golfo instalan a diario sus retenes a fin de ubicar y neutralizar a los adversarios.
No hay cifras oficiales sobre la dimensión de este desplazamiento humano hacia el Norte del Río Bravo, como resultado de la violencia en México. Del lado estadounidense los que han logrado hacer un cálculo somero son los corredores inmobiliarios o los organismos empresariales, con base en la venta y renta de casas, o el incremento de negocios propiedad de mexicanos.
Víctor Castillo, integrante de la Cámara de Comercio de McAllen, dice que con base en datos de los afiliados que pertenecen al sector inmobiliario, 400 familias de mexicanos llegaron a vivir en los últimos seis meses a ciudades del sur de Texas, como Misión, Edimburgo y McAllen. De acuerdo con estos cálculos, a diario dos familias mexicanas han comprado o rentado casa en esta región de la Unión Americana.
Para comprar o rentar una casa en Estados Unidos no es necesario tener la ciudadanía o demostrar la estancia legal, basta con comprobar ingresos o la solvencia económica para pagar la hipoteca o la mensualidad, explica Víctor Castillo.
En San Antonio, “Pepa” Thomas, agente inmobiliaria de la empresa RE/MAX, dice que hasta hace cuatro años 35% de sus clientes eran mexicanos. Hoy esa cartera de clientes es de 80%.
Son mexicanos ricos los que se acercan con “Pepa” Thomas; esos compradores han conseguido visa de empresario y buscan casas con valores superiores a los 250 mil dólares.
También adquieren bodegas o locales en las zonas industriales y comerciales más importantes de esa ciudad para instalar la nueva sucursal del negocio que abandonaron en territorio mexicano a causa de la inseguridad.
Estos desplazados huyen de los secuestros y las cuantiosas extorsiones que les exigen bandas del crimen organizado.
“Pat” Ahumada, alcalde de la ciudad de Brownsville, cuenta la historia de un amigo que el año pasado cerró una maquiladora en Matamoros, Tamaulipas, porque los narcotraficantes lo extorsionaban con un pago de 16 mil dólares al mes a cambio de no matarlo o no quemarle la empresa. Por este hecho se perdieron un gran número de empleos por el cierre de la compañía.
A pesar de la llegada masiva de mexicanos al sur de Texas, Ahumada dice que por información obtenida en una reunión en Washington a inicios de 2010, descubrió que los oficiales estadounidenses de migración reciben premios de productividad de hasta mil dólares al mes si rechazan a cierto número de mexicanos con visa que piden ingresar a Estados Unidos.
El alcalde de Brownsville dice que por datos proporcionados también en Washington, a lo largo de la frontera de la Unión Americana con México se estima una actividad económica anual de ocho mil millones de dólares, gracias a los mexicanos que viven, trabajan, compran, hacen negocios o turismo a lo largo de la franja fronteriza.
Ahumada recibe a muchos empresarios que le piden apoyo para instalar en esta ciudad una sucursal de aquellos negocios que ya no pueden existir del lado mexicano.
Uno de esos empresarios hace antesala en espera de una audiencia con Pat Ahumada y mientras eso ocurre habla de su propia historia como víctima del crimen organizado en México.
Al dedicarse junto con su familia a la venta de ropa, uno de sus mercados principales está en la Ciudad de México, pero ahí su hermano ha sido secuestrado en dos ocasiones. Ése hermano dejará el DF para radicar en Brownsville.
No hay cifras oficiales, las historias se acumulan día con día. La emigración, de los que sí tienen, es un nuevo rostro de la violencia sin fin que se vive en el Norte.
Ficha técnica
Salto a la esperanza
Destino complicado.- Los pobres que pasan la frontera son en su mayoría trabajadores agrícolas o pequeños comerciantes que tampoco escaparon de las extorsiones y la violencia.
Sólo a 35 kilómetros al oeste de McAllen se ubica una pequeña comunidad de 50 mil habitantes llamada La Joya. En los últimos dos años el sheriff de esta población ha enfrentado un incremento exponencial en el tráfico de indocumentados y de drogas que él mide por el número de persecuciones a camionetas de polleros o traficantes.
Solidarios.- Al sur de Texas, en el territorio que abarca el condado de Hidalgo, opera una organización de apoyo a migrantes llamada la Unión del Pueblo Entero (LUPE). Esa agrupación surgió en 1989 por iniciativa de César Chávez. Actualmente LUPE cuenta con seis mil afiliados y una amplia estructura financiera sustentada en las cuotas aportadas por sus miembros, lo que le permitió construir dos unidades habitacionales en las comunidades de Pharr y Mercedes.