México

Los ‘‘coyotes’’ acechan al rebaño de migrantes

El tráfico de personas en el Sur del país es interminable; cada hora, 70 indocumentados son ''enganchados''

TAPACHULA, CHIAPAS (29/NOV/2010).- La definición académica describe que un coyote es un tipo de lobo pequeño, que sigiloso pesca a una oveja y se la traga. La palabra “coyotear” esconde a un pillo que hace de intermediario en cualquier negocio que pueda sacar ventaja. Pero la palabra “coyote” en México es sinónimo de abuso, de criminalidad, de un tipo que se aprovecha de migrantes que tienen la ilusión de llegar a Estados Unidos.

Dicen que son “un mal necesario”. La frase es polémica, sobre todo ahora que se sabe que entregan migrantes a la organización criminal de “Los Zetas”, que en agosto pasado ejecutó a 72 indocumentados. La realidad es que para algunos, los servicios de los “coyotes” resultan útiles, pero muchos otros, han sido víctimas de sus fechorías.

De los “coyotes” que hablamos, los del Sur, los de la frontera de México con Guatemala, son esos que acechan el rebaño de migrantes de Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Brasil, Colombia e, incluso de la propia, Guatemala para internarlos o perderlos en territorio mexicano.

A los centroamericanos les cobran entre cuatro y cinco mil dólares por llevarlos desde Guatemala o Tapachula, Chiapas, hacia una ciudad de Estados Unidos. A la gente que procede de Sudamérica 15 mil y si vienen de otro continente, como el africano, hasta 20 mil dólares.

Los “coyotes” que trabajan en la Frontera Sur de México también son centroamericanos y mexicanos. Muchos de ellos engañan a los migrantes, les roban el dinero y los dejan votados en el camino, en el mejor de los casos.

A Edwin, un colombiano que hoy permanece en Tapachula en espera de otra oportunidad, le fue muy mal con el “coyote”. En Agua Caliente, Honduras, lo contrató por dos mil 500 dólares y lo subiría hasta el Río Bravo, en Matamoros. La ruta fue Esquipula, de ahí a Santa Elena, en el Salvador, y finalmente el Petén, en Guatemala.

Días después, dice que en Tenosique, Tabasco, a él y a otras familias los entregaron con “Los Zetas”. “Lo agarré porque quería venir más seguro, pero el problema es que el pollero trabajaba para ellos. Nos entregó, cobró su dinero y los otros nos llevaron a la frontera”.

Una experiencia “inolvidable”

Edwin asegura que todo fue como un secuestro, los tuvieron en una casa de seguridad, y les pidieron hablar vía telefónica con sus familiares en Estados Unidos. Querían 10 mil dólares por pasarlos al otro lado. “Había seis o siete que estaban armados. El que no pagaba lo tableaban y los iban a dejar a las vías o quién sabe qué pasaba. La gente estaba llorando”. La familia de Edwin pagó y lo entregaron en Houston, Texas. Meses después lo detuvo la migra y lo deportó.

No es necesario buscarlos debajo de las piedras. En la plaza de Tapachula cualquier persona puede saber dónde encontrarlos. El joven de cachucha, lentes oscuros y una cruz en el pecho se acerca. Dice que sólo trabaja con “papeles”. Que lo lleva a uno con la “doctora” de Migración de México, en Chiapas, y que ella tramita la visa de trabajo conocida como FM3. “Usted no va a hacer nada, yo hablo con ella, yo tengo el contacto”. Insiste en ir a un hotel de paso donde ya tiene otras visas que gestionó para varios migrantes nicaragüenses. Cobra cuatro mil dólares por el viaje a Texas. Dos mil ahora y otros dos mil en Estados Unidos. “Se necesita dinero para pasaje de autobús, comidas y hospedaje. De aquí tomamos un camión y luego otro que nos lleva a Tamaulipas, allá los entrego con mi jefe y él los pasa. Llámame porque que salimos mañana mismo”, dijo y se alejó.

Luis Maldonado de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) dice que los “coyotes” les cobran a los centroamericanos entre cinco y siete mil dólares por llevarlos a Estados Unidos. “Si es de otro continente hasta 15 ó 20 mil dólares. Es un precio establecido”.

Durante muchos años, los migrantes que llegan al pueblo de Tecún Umán, en Guatemala —ubicado a las orillas del Río Suchiate— han sido presa fácil de los “coyotes” o polleros de la zona. Hambrientos, se pelean por ellos, los jalan, les prometen que con ellos es más barato, que con ellos es más seguro, que no hay pierde y que les ayudarán a realizar su “sueño americano”.

Tecún Umán tiene ahora una terminal de autobuses nueva y pintada en amarillo, que parece una antigua estación de tren. Ahí, cada hora llegan entre 60 y 70 migrantes —según cifras del Flacso— procedentes de diversos países de Centro y Sudamérica.

Flacso realiza ahora un censo al migrante que va entrar a territorio mexicano en el que pide su nombre, nacionalidad, edad y destino final. Aparte, les otorga credenciales de trabajadores fronterizos y de turistas. “La idea es que sean tratados como si fueran mexicanos”, dice Karina, una de las trabajadoras de esa institución.

“Orientadores de pasajeros”


Pero en algo que pudiera considerarse la legalidad dentro de la ilegalidad no sólo aplica el censo, sino que también se trató de llevar un control de los “coyotes” y se les otorgó gafetes como “orientadores de pasajeros”.

Luis Maldonado, coordinador del proyecto, dice que el problema principal que se registraba en la frontera era que los “coyotes” engañaban a la gente. “Les decían que los iban a llevar para el Norte.

Los hacían caminar dos o tres calles y los dejaban tirados en la ribera del Suchiate. Les sacaban entre 200 y 500 dólares. No sólo los robaban, sino que algunas mujeres eran víctimas de violación”. Desde hace más de un mes la Flacso registró a 10 en un intento por mantener controlado algo que no se puede evitar: “Esperamos que a esas personas que se les dio la confianza no cometan errores”.

Unos de estos “orientadores” dice que lleva más de 12 años pasando migrantes a México. Su padre también fue “coyote”. Ambos eran tricicleteros —en esta ciudad es el transporte más común— y también camarista —los que en cámaras de llanta cruzan a la gente de una orilla a otra del Río Suchiate—. Dice que su comisión es de 200 a 300 pesos mexicanos por llevar a la gente hacia el ferrocarril carguero que sube de Chiapas hacia Tabasco y Veracruz. Si los migrantes quieren ir hacia Oaxaca los lleva en transporte público, los baja antes de pasar la caseta, la rodean junto con sus migrantes y luego vuelve a tomar otro autobús.

Otro de sus compañeros dice: “La verdad es que algunos (de los “coyotes”) han trabajado mal, tal vez no han respondido a la gente, les piden entre 500 y 600 pesos por llevarlos a Tapachula —ciudad que está a menos de una hora de la frontera— y aquí nosotros los llevamos por el mínimo dinero”. Tiene 46 años, 16 en el negocio de introducir migrantes a suelo mexicano y dice que el viaje más largo que ha hecho fue a Monterrey. En lancha se llevó a tres personas de Tapachula a Oaxaca y después vía terrestre a Monterrey. “Siempre se arriesga uno por ganar unos cuantos centavos de más”.

Un “coyote” de 26 años habla por cuenta propia. “Yo pienso que uno les ayuda en cierta parte y la gente habla... pero no debe ser así porque si los agarran los judiciales mexicanos los dejan sin nada”.

Asegura que el mayor riesgo para los migrantes cuando viajan solos es que al rodear cualquier caseta de migración los estén esperando los “mañosos”, ya que los asaltan. Ahí es cuando entra su papel de “coyote”, de intermediario y negocia una cuota por persona. “A veces hay que darles de 700 e incluso hasta mil 500 pesos por migrantes”.

Un “coyote” nocturno que está pendiente de los autobuses que llegan desde la cinco de la tarde hasta la una de la mañana desenmascara los costos. Dice que si la gente quiere que lo lleven a tomar el tren a la ciudad de Arriaga, Chiapas, —que esta a cinco horas de la frontera— les cobran tres mil pesos, si sólo los tienen que llevar a Tapachula la cuota es de 800 pesos y si sólo los cruzan a Ciudad Hidalgo les pagan 250 pesos.

Cuando los suben a Tapachula pagan al reten de soldados del Ejército Mexicano 50 pesos por persona. Tienen que pagar otros 50 pesos por migrante a los conductores de combis que se arriesgan.

“Hay que bajarlos donde están las casetas de migración de la arrocera y la calera, y si hay rufianes por ahí les tenemos que dar hasta mil pesos por persona. Si van hasta Arriaga o Tapachula hay que darles de comer y tener una casa para que duerman o alojarlos en un hotel hasta que el otro contacto se los lleve”. Dice el otro “coyote”, que el que se encarga de subirlos hacia la frontera del Norte les puede cobrar hasta tres mil 500 dólares para llevarlos a Estados Unidos.

En la nueva estación de autobuses de Tecún Umán un presunto “orientador de pasajeros” describe que él trabaja sólo con migrantes que vienen con papeles. “Ya tienen su visa migratoria, pagan 268 en el Banco del Ejército, ya traen el contacto del que los va a llevar a Estados Unidos, yo nada más los paso a México”.

LAS FRASES


“Ya casi nadie agarra ‘coyote’ porque lo dejan tirado a uno. Están cobrando seis mil dólares, pero si quieres que te lleven a Houston hay que pagar otro dinero”
Inmigrante de El Salvador.

“Me dijo que jalaba machín (el ‘coyote’). Luego dijo que íbamos a viajar tal día y nunca llegaba ese día, es bastante feo porque te quieren mantener encerrado, te quieren dar de comer una vez al día”
Inmigrante hondureño

“Te entregan al cártel de ‘Los Zetas’, hasta la misma Policía te entrega a ellos. Nos llevan con engaños y después nos quieren poner a pasar droga”
Inmigrante de Colombia

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