México
Hay más voces a favor de la despenalización
Varios líderes de la región creen en la prevención y tratamiento de adictos a las drogas es mejor que la prohibición
BUENOS AIRES, ARGENTINA (04/AGO/2010).- Las voces a favor de la despenalización de las drogas en la clase política latinoamericana comenzaron a escucharse con gran timidez en la segunda mitad de los años 80.
Arrancaron, como todo lo que refiere a narcotráfico en la región, en Colombia, cuando Luis Carlos Galán ya se perfilaba como el líder del Partido Liberal y prometía “desmontar la maquinaria de narcotráfico”. Actualmente, el número de políticos que apoyan la despenalización como mecanismo para terminar con el crimen, es mayor y sus exposiciones más llanas y abiertas.
Para conocer la verdadera postura de Galán, por entonces el enemigo número uno de los cárteles que terminaron por asesinarlo durante su campaña a la presidencia en 1990, había que apelar a un “off the record”. El “desmontar” la maquinaria del narco, en términos de Galán, no sólo integraba la represión al crimen, sino la despenalización gradual del consumo de drogas.
Así lo explica su hijo, el senador Juan Manuel Galán: “Si mi padre viviera, estaría a favor de la despenalización; por lo tanto, yo también lo estoy”.
Ex mandatarios a favor
Pero también lo están el que fue su jefe de campaña y el presidente de Colombia (1990- 1994), César Gaviria, y el ex mandatario de Brasil, Fernando Henrique Cardoso (1994- 2002), o el mexicano Ernesto Zedillo (1994-2000), quienes desde la Comisión Latinoamericana Drogas y Democracia labraron el año pasado un documento “hacia un cambio de paradigma”, en el que apoyaron la despenalización.
En ese grupo participaron los escritores Mario Vargas Llosa, Paulo Coelho, Sergio Ramírez, Enrique Krauze y el fallecido Tomás Eloy Martínez; el ex canciller peruano Diego García Sayán, y el ex candidato a la presidencia colombiana, Antanas Mockus, entre otros.
Todos rechazan las políticas represivas, porque “los resultados están a la vista”. Ven la solución a largo plazo “en la reducción de la demanda en los países consumidores” y lo que es más significativo es que entre los ex mandatarios del grupo, los tres debieron soportar el flagelo del narco.
El caso de Gaviria es el más singular, ya que es recordada la energía de su gestión para perseguir y terminar con Pablo Escobar, por entonces líder del cártel de Medellín.
Hoy, el costo social del flagelo del narco llevó a políticos a una revisión de posturas y una reflexión mucho más abierta a favor de la despenalización.
Estados Unidos, en contra
Cuando el pasado mayo el presidente Barack Obama anunció su nueva estrategia antidrogas para romper con el “círculo vicioso de la dependencia y la delincuencia”, su discurso fue un reconocimiento implícito del fracaso de la guerra que durante 40 años ha librado Estados Unidos dentro y fuera de su territorio.
“No podemos seguir con la misma estrategia y esperar mejores resultados”, fue el “mea culpa” de un Gobierno que quedó reflejado en el mensaje central de la nueva estrategia antinarcóticos que hoy apuesta por la prevención y la reinserción social.
Sin embargo, en su nuevo enfoque en la lucha contra las drogas, la administración Obama dejó algo muy en claro: “Esta administración se opone firmemente contra la legalización de la mariguana o cualquier otra droga ilícita porque, hacerlo, sólo aumentaría su disponibilidad, alentaría su uso y exacerbaría el problema de la dependencia y sus efectos negativos que conlleva”.
Pero frente a las resistencias del Gobierno estadounidense contra la legalización, está la realidad de 14 estados de la Unión Americana (Alaska, California, Colorado, Hawai, Maine, Michigan, Montana, Nevada, Nueva Jersey, Nuevo México, Oregón, Rhode Island, Vermont y Washington), donde el debate a favor del consumo de la mariguana se ha saldado a favor de su despenalización para su uso medicinal.
El Universal
Análisis
Es la hora
Jorge Javier Romero
(Analista político)
El discurso del Presidente Calderón el 3 de agosto es de una importancia histórica. Por primera vez un jefe de Estado en funciones en México había aceptado que la legalización de las drogas es una posibilidad para enfrentar de mejor manera al crimen organizado.
Y hay que tomarle de inmediato la palabra. Es la hora de que México y Colombia planteen en los foros internacionales un cambio internacional en la política de drogas. Y el Gobierno mexicano tiene que llegar a ese momento con la fortaleza de llevar la posición de un país, una posición con amplio consenso, a pesar de no ser unánime. Hay que oír a quienes se oponen a la legalización y a quienes defendemos la posibilidad de una política de drogas diferente, que no aliente el consumo, que de plano procure eliminar los más peligrosos, pero que no lo haga a partir de la prohibición y se base en una jerarquización de las drogas por su grado de peligrosidad y adicción.
No se trata de legalizar a tontas y a locas, sino de diseñar un modelo de regulación que ponga el control de los mercados de estupefacientes en manos del Estado. Los precios se mantendrían altos a través de impuestos y no se permitiría la publicidad, mientras que se harían campañas de salud para desestimular los consumos peligrosos.
Se han hecho ya modelos de legalización que abordan la necesidad de políticas públicas eficaces para prevenir y desalentar el consumo. El más acabado es el de Transform Drug Policy Foundation (http://www.tdpf.org.uk/), que se puede resumir de la siguiente manera: es necesario desarrollar una reglamentación que diferencia a las drogas hoy ilegales en tres grupos.
En uno estarían las drogas de peligrosidad baja, como la mariguana, el peyote, los hongos alucinógenos; en otra las de peligrosidad media, como la cocaína, el MDMA, conocido como éxtasis, los ácidos alucinógenos, etcétera; en la tercera estarían las drogas de peligrosidad alta, como los opiáceos inyectables. Para cada categoría, las restricciones de mercado serían diferentes.
Es la hora de pensar en después de la guerra.
Arrancaron, como todo lo que refiere a narcotráfico en la región, en Colombia, cuando Luis Carlos Galán ya se perfilaba como el líder del Partido Liberal y prometía “desmontar la maquinaria de narcotráfico”. Actualmente, el número de políticos que apoyan la despenalización como mecanismo para terminar con el crimen, es mayor y sus exposiciones más llanas y abiertas.
Para conocer la verdadera postura de Galán, por entonces el enemigo número uno de los cárteles que terminaron por asesinarlo durante su campaña a la presidencia en 1990, había que apelar a un “off the record”. El “desmontar” la maquinaria del narco, en términos de Galán, no sólo integraba la represión al crimen, sino la despenalización gradual del consumo de drogas.
Así lo explica su hijo, el senador Juan Manuel Galán: “Si mi padre viviera, estaría a favor de la despenalización; por lo tanto, yo también lo estoy”.
Ex mandatarios a favor
Pero también lo están el que fue su jefe de campaña y el presidente de Colombia (1990- 1994), César Gaviria, y el ex mandatario de Brasil, Fernando Henrique Cardoso (1994- 2002), o el mexicano Ernesto Zedillo (1994-2000), quienes desde la Comisión Latinoamericana Drogas y Democracia labraron el año pasado un documento “hacia un cambio de paradigma”, en el que apoyaron la despenalización.
En ese grupo participaron los escritores Mario Vargas Llosa, Paulo Coelho, Sergio Ramírez, Enrique Krauze y el fallecido Tomás Eloy Martínez; el ex canciller peruano Diego García Sayán, y el ex candidato a la presidencia colombiana, Antanas Mockus, entre otros.
Todos rechazan las políticas represivas, porque “los resultados están a la vista”. Ven la solución a largo plazo “en la reducción de la demanda en los países consumidores” y lo que es más significativo es que entre los ex mandatarios del grupo, los tres debieron soportar el flagelo del narco.
El caso de Gaviria es el más singular, ya que es recordada la energía de su gestión para perseguir y terminar con Pablo Escobar, por entonces líder del cártel de Medellín.
Hoy, el costo social del flagelo del narco llevó a políticos a una revisión de posturas y una reflexión mucho más abierta a favor de la despenalización.
Estados Unidos, en contra
Cuando el pasado mayo el presidente Barack Obama anunció su nueva estrategia antidrogas para romper con el “círculo vicioso de la dependencia y la delincuencia”, su discurso fue un reconocimiento implícito del fracaso de la guerra que durante 40 años ha librado Estados Unidos dentro y fuera de su territorio.
“No podemos seguir con la misma estrategia y esperar mejores resultados”, fue el “mea culpa” de un Gobierno que quedó reflejado en el mensaje central de la nueva estrategia antinarcóticos que hoy apuesta por la prevención y la reinserción social.
Sin embargo, en su nuevo enfoque en la lucha contra las drogas, la administración Obama dejó algo muy en claro: “Esta administración se opone firmemente contra la legalización de la mariguana o cualquier otra droga ilícita porque, hacerlo, sólo aumentaría su disponibilidad, alentaría su uso y exacerbaría el problema de la dependencia y sus efectos negativos que conlleva”.
Pero frente a las resistencias del Gobierno estadounidense contra la legalización, está la realidad de 14 estados de la Unión Americana (Alaska, California, Colorado, Hawai, Maine, Michigan, Montana, Nevada, Nueva Jersey, Nuevo México, Oregón, Rhode Island, Vermont y Washington), donde el debate a favor del consumo de la mariguana se ha saldado a favor de su despenalización para su uso medicinal.
El Universal
Análisis
Es la hora
Jorge Javier Romero
(Analista político)
El discurso del Presidente Calderón el 3 de agosto es de una importancia histórica. Por primera vez un jefe de Estado en funciones en México había aceptado que la legalización de las drogas es una posibilidad para enfrentar de mejor manera al crimen organizado.
Y hay que tomarle de inmediato la palabra. Es la hora de que México y Colombia planteen en los foros internacionales un cambio internacional en la política de drogas. Y el Gobierno mexicano tiene que llegar a ese momento con la fortaleza de llevar la posición de un país, una posición con amplio consenso, a pesar de no ser unánime. Hay que oír a quienes se oponen a la legalización y a quienes defendemos la posibilidad de una política de drogas diferente, que no aliente el consumo, que de plano procure eliminar los más peligrosos, pero que no lo haga a partir de la prohibición y se base en una jerarquización de las drogas por su grado de peligrosidad y adicción.
No se trata de legalizar a tontas y a locas, sino de diseñar un modelo de regulación que ponga el control de los mercados de estupefacientes en manos del Estado. Los precios se mantendrían altos a través de impuestos y no se permitiría la publicidad, mientras que se harían campañas de salud para desestimular los consumos peligrosos.
Se han hecho ya modelos de legalización que abordan la necesidad de políticas públicas eficaces para prevenir y desalentar el consumo. El más acabado es el de Transform Drug Policy Foundation (http://www.tdpf.org.uk/), que se puede resumir de la siguiente manera: es necesario desarrollar una reglamentación que diferencia a las drogas hoy ilegales en tres grupos.
En uno estarían las drogas de peligrosidad baja, como la mariguana, el peyote, los hongos alucinógenos; en otra las de peligrosidad media, como la cocaína, el MDMA, conocido como éxtasis, los ácidos alucinógenos, etcétera; en la tercera estarían las drogas de peligrosidad alta, como los opiáceos inyectables. Para cada categoría, las restricciones de mercado serían diferentes.
Es la hora de pensar en después de la guerra.