México
Hallan a dos desaparecidos de caravana atacada en Oaxaca
Un comando especial intentará rescatar a otras dos personas, reporteros de la revista Contralínea, que están escondidos en la sierra
SANTIAGO JUXTLAHUACA, OAXACA (29/ABR/2010).- Dos de los cuatro desaparecidos tras la emboscada a una caravana de paz en
Oaxaca, donde murieron un finlandés y una mexicana, regresaron y dijeron que dos periodistas que los acompañaban están vivos en la montaña.
"Los periodistas (de la revista Contralínea) están en el cerro, donde nos escondimos" después de la emboscada, dijo David Vanegas, de 26 años, que logró regresar junto a otro activista, Noé Bautista, de 27, tras caminar durante más de siete horas en la zona montañosa del estado de Oaxaca.
La oficina del medio de comunicación anuncia que las 16:40 horas (centro de México) inició un operativo para rescatar con vida los periodistas Érika Ramírez y David Cilia.
Un comando especial partió en un helicóptero hacia la zona donde se encuentran resguardados los reporteros de Contralínea, en San Juan Copala, municipio de Juxtlahuaca.
Abordo viajan Miguel Badillo, director de este semanario, y David Cilia Olmos, padre del fotoperiodista desaparecido.
Hasta ahora se desconocen los motivos del ataque ni a qué grupo responden los atacantes.
Uno de los miembros de Contralínea, el fotógrafo, tiene una lesión en la pierna y sufrió una leve hemorragia, ya controlada, por un roce de bala, añadió Vanegas.
Las ONG de la zona pidieron apoyo a las autoridades estatales y federales para rescatarlos.
"Yo les pregunté (a policías estatales) si estaban buscando a mi hijo y me dijeron que no podían exponerse. Que no tenían ninguna orden", señaló por su parte David Cilia, cuyo hijo homónimo es el fotógrafo que sigue en las montañas junto a la reportera Erika Ramírez, ambos de la revista Contralínea.
La revista dijo en un comunicado que "si llegan a morir, será de hambre o sed, porque las autoridades del gobierno de Oaxaca no han desalojado a los paramilitares".
La organización humanitaria Amnistía Internacional (AI) denunció el miércoles que "desde hace muchos años las autoridades de Oaxaca no se muestran dispuestas a investigar graves violaciones a los derechos humanos".
El gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, dijo que desconocía por qué los extranjeros viajaron de forma "unilateral" hasta la conflictiva zona, que desde hace más de 30 años es escenario de luchas políticas y territoriales.
Los hechos comenzaron el martes, cuando una caravana con unos 40 activistas que se dirigía a San Juan Copala con alimentos y ayuda humanitaria fue emboscada por hombres armados con fusiles.
No se ha podido esclarecer cuál es el grupo atacante, que mantiene aislado al pueblo indígena San Juan Copala, divido en tres grupos indígenas, uno de ellos apoyado por grupos de izquierda y otro asociado al Partido Revolucionario Institucional (PRI, en el poder estatal).
Los disparos hicieron blanco en al menos tres vehículos matando al finlandés Jyri Jaakkola y a la mexicana Alberta Cariño.
"Jyri me cubrió con su cuerpo para que no me pegaran las balas. Cuando me di cuenta, estaba lesionado porque tenía sangre en un costado y estaba inmóvil", relató Meri Marjaana Mononen, de la ONG Unión Finlandesa por la Paz.
Jaakkola había llegado a México dos meses antes para impulsar programas ambientales y servir como observador de paz, según la ONG Vocal, para la cual trabajaba.
Era "una persona tímida pero con curiosidad de la vida. Muy buen hombre. Dedicó su vida a buscar soluciones para el desarrollo sostenible", describió Mononen, quien llegó a Oaxaca, capital del estado del mismo nombre, para reclamar ayuda para buscar a los desaparecidos.
Las disputas en el estado de Oaxaca, que enfrentan al menos a tres grupos de indígenas Triquis, han dejado 150 muertos en la última década.
A dos días del ataque la policía no conseguía llegar a San Juan Copala, a 300 km de la capital estatal, bloqueado desde comienzos de año por un grupo indígena rival.
Un grupo de automóviles que el miércoles intentó romper el cerco y llegar hasta el poblado indígena regresó después de que el vehículo policial que iba adelante reportó disparos de fusil desde las montañas.
"Los periodistas (de la revista Contralínea) están en el cerro, donde nos escondimos" después de la emboscada, dijo David Vanegas, de 26 años, que logró regresar junto a otro activista, Noé Bautista, de 27, tras caminar durante más de siete horas en la zona montañosa del estado de Oaxaca.
La oficina del medio de comunicación anuncia que las 16:40 horas (centro de México) inició un operativo para rescatar con vida los periodistas Érika Ramírez y David Cilia.
Un comando especial partió en un helicóptero hacia la zona donde se encuentran resguardados los reporteros de Contralínea, en San Juan Copala, municipio de Juxtlahuaca.
Abordo viajan Miguel Badillo, director de este semanario, y David Cilia Olmos, padre del fotoperiodista desaparecido.
Hasta ahora se desconocen los motivos del ataque ni a qué grupo responden los atacantes.
Uno de los miembros de Contralínea, el fotógrafo, tiene una lesión en la pierna y sufrió una leve hemorragia, ya controlada, por un roce de bala, añadió Vanegas.
Las ONG de la zona pidieron apoyo a las autoridades estatales y federales para rescatarlos.
"Yo les pregunté (a policías estatales) si estaban buscando a mi hijo y me dijeron que no podían exponerse. Que no tenían ninguna orden", señaló por su parte David Cilia, cuyo hijo homónimo es el fotógrafo que sigue en las montañas junto a la reportera Erika Ramírez, ambos de la revista Contralínea.
La revista dijo en un comunicado que "si llegan a morir, será de hambre o sed, porque las autoridades del gobierno de Oaxaca no han desalojado a los paramilitares".
La organización humanitaria Amnistía Internacional (AI) denunció el miércoles que "desde hace muchos años las autoridades de Oaxaca no se muestran dispuestas a investigar graves violaciones a los derechos humanos".
El gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, dijo que desconocía por qué los extranjeros viajaron de forma "unilateral" hasta la conflictiva zona, que desde hace más de 30 años es escenario de luchas políticas y territoriales.
Los hechos comenzaron el martes, cuando una caravana con unos 40 activistas que se dirigía a San Juan Copala con alimentos y ayuda humanitaria fue emboscada por hombres armados con fusiles.
No se ha podido esclarecer cuál es el grupo atacante, que mantiene aislado al pueblo indígena San Juan Copala, divido en tres grupos indígenas, uno de ellos apoyado por grupos de izquierda y otro asociado al Partido Revolucionario Institucional (PRI, en el poder estatal).
Los disparos hicieron blanco en al menos tres vehículos matando al finlandés Jyri Jaakkola y a la mexicana Alberta Cariño.
"Jyri me cubrió con su cuerpo para que no me pegaran las balas. Cuando me di cuenta, estaba lesionado porque tenía sangre en un costado y estaba inmóvil", relató Meri Marjaana Mononen, de la ONG Unión Finlandesa por la Paz.
Jaakkola había llegado a México dos meses antes para impulsar programas ambientales y servir como observador de paz, según la ONG Vocal, para la cual trabajaba.
Era "una persona tímida pero con curiosidad de la vida. Muy buen hombre. Dedicó su vida a buscar soluciones para el desarrollo sostenible", describió Mononen, quien llegó a Oaxaca, capital del estado del mismo nombre, para reclamar ayuda para buscar a los desaparecidos.
Las disputas en el estado de Oaxaca, que enfrentan al menos a tres grupos de indígenas Triquis, han dejado 150 muertos en la última década.
A dos días del ataque la policía no conseguía llegar a San Juan Copala, a 300 km de la capital estatal, bloqueado desde comienzos de año por un grupo indígena rival.
Un grupo de automóviles que el miércoles intentó romper el cerco y llegar hasta el poblado indígena regresó después de que el vehículo policial que iba adelante reportó disparos de fusil desde las montañas.