México

Hablar bien de México

¿Puede haber algo más natural que querer hablar bien de su propio país? No lo creo

¿Puede haber algo más natural que querer hablar bien de su propio país? No lo creo. El sentido de pertenencia que todavía exhibe el mexicano común a la entelequia nacional es todavía muy fuerte. Pero hablar bien de tu país, igual que se habla bien de la familia o cualquier otro núcleo al que se pertenezca, debe ser espontáneo y fluido. Los sentimientos que la patria despierta en los individuos pueden llegar a ser sublimes y por tanto no pueden ser artificiales.

El orgullo nacional no puede ser forzado porque se convierte entonces en un artificio, o peor aún, en una impostura. Hablar bien de tu propio país es una consecuencia natural de tu propia experiencia y de tus vivencias más recientes o más distantes, según sea el caso.

No creo que la recomendación presidencial, repetida en varias ocasiones: “Se vale hablar bien de México” tenga más implicaciones que la sensación de frustración que el Presidente experimenta porque la imagen del país está teñida de violencia.

Me sorprende que intente cambiar de golpe esta percepción cuando es fácil constatar dos hechos contundentes. El primero es que no hay discurso del Jefe del Estado en que no se mencione el tema. Esté reunido con empresarios, con sindicatos o con corresponsales extranjeros o con mandatarios de otros países, el tema de la seguridad se hace presente siempre. Cuando de México se habla, ni el discurso presidencial ni el de los medios retoma algo que no sea el narco y sus circunstancias.

El segundo hecho es que, aunque nos moleste, al hablar de México allende nuestras fronteras no se habla ni de la agresiva agenda de reducción de emisiones, ni del proyecto de reforestación, ni de las obras de ingeniería que asombran al mundo, ni siquiera de un nuevo monumento (como el arco del bicentenario) que deje mandíbula colgando a los promotores de viajes. Aunque nos pese, el presidente Obama comparó a Calderón con Elliot Ness, no con Thomas Cook, o con el barón Haussman. Tampoco lo comparó con los grandes modernizadores económicos o políticos, lo comparó con un superpolicía. Y para mí esto no denigra al Presidente, es a lo que se ha dedicado y, dicho sea de paso, es el combate a las drogas uno de los campos de la acción gubernamental que mayor reconocimiento tiene entre la opinión pública. Es, además, el tema que más preocupa (junto con la economía) a la mayor parte de los habitantes del país.

El tema del país es la seguridad y por lo tanto no podemos simplemente, porque nos parece oportuno, decir que somos un jardín de flores que espera a los turistas con los brazos abiertos.

No somos un país que está en paz. En todas las conversaciones el tema de la inseguridad tiene derecho de piso y por eso la imagen del país es la que tenemos, porque no podemos tener otra.

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