México

El DF, la excepción

Una izquierda debilitada y refugiada en la Ciudad de México, enfrenta hoy un dilema de hierro: renovarse o morir

GUADALAJARA, JALISCO (24/MAY/2012).- La izquierda en México ha cambiado, de nombre y de colores, más de un centenar de veces. El Partido de la Revolución Democrática (PRD), es la versión más institucional y acabada de una plataforma de esa ideología en el país, pero todavía con las inercias fragmentarias y tribales del pensamiento progresista a nivel nacional. Y el Partido del Trabajo (PT) y Movimiento Ciudadano (MC) son institutos políticos con poca presencia nacional y sin la institucionalidad necesaria como para fungir como opción política.

Si el sexenio de la alternancia fue el ciclo dorado para la izquierda, los últimos seis años han sido prácticamente su Waterloo. Los episodios poselectorales marcaron a la opinión pública y la percepción negativa de la izquierda se fue a las nubes. Andrés Manuel López Obrador, candidato presidencial en aquellas fechas y hasta hoy, dinamitó la posibilidad de constituirse como una oposición desde los congresos, los estados y el Senado, optando por la crítica en los márgenes de las instituciones y una retórica que fue tomada por la opinión pública como destructiva y no constructiva.

La fuerza de la izquierda tras 2006 era impresionante. Gobernaba con amplia mayoría la Ciudad de México, había arrebatado al PRI municipios de la talla de Ecatepec y Netzahualcóyotl; tenía el control en entidades como Guerrero, Baja California Sur, Zacatecas,  Michoacán y Chiapas; así también, tenía fuerza en estados como Oaxaca, Veracruz, Morelos, Tabasco y Quintana Roo. Sin embargo, el tiempo no perdona y la izquierda dilapidó ese capital político.

De entrada, la lucha por cotos de poder devino en una guerra civil sangrienta al interior del PRD. López Obrador y el grupo de los “Chuchos”, por  los nombres de Jesús Zambrano y Ortega, llegaron al extremo de perder territorios inexpugnables para la oposición por el simple objetivo de no ceder espacio al “enemigo”.

Acapulco es el caso más emblemático de esta falta de acuerdo partidista y que concluyó con la entrega del puerto al PRI.

El Estado de México es otra demostración de la falta de capacidad política para lograr consensos. Por un lado, el PRD de Jesús Zambrano, recientemente nombrado, comenzó pláticas con el panismo mexiquense para erigir una candidatura común que pusiera en aprietos al PRI. Sin embargo, López Obrador decidió no respaldar la alianza y prefirió, primero, mandar de candidata a Yeidckol Polevnski; luego, tras ver que no era competitiva electoralmente, se refugió en Alejandro Encinas. Al final, el desastre anunciado: Encinas no llegó ni a los 30 puntos y se quedó casi a 40% del candidato priista, Eruviel Ávila. No importó la decisión de los mexiquenses en el referendo para consolidar la alianza, los cálculos de corto plazo pudieron más.

Así, lo que la izquierda ha logrado construir en el capital del país, se contrapone con su debilidad nacional. Los números del PRD en el Distrito Federal son indebatibles: si hoy fuera la elección, Miguel Ángel Mancera arrasaría con una intención de voto de casi 60 por ciento. La sed de continuidad de los capitalinos que califican de manera positiva a las administraciones de izquierda, también contrasta con el ansia de cambio que se percibe en el resto del país.

Tabasco y Morelos son dos entidades donde el PRD dará la lucha con dos candidatos con amplia trayectoria en el partido, Arturo Núñez y Graco Ramírez.  

El PRD ya perdió Michoacán, Zacatecas y Baja California Sur, bastiones regionales para la izquierda. En caso de no lograr las gubernaturas proyectadas para esta elección de 2012, el Sol Azteca estaría en una situación de clara debilidad: gobernando el Distrito Federal claramente; en la cabeza de Guerrero con un ex priista, aunque ferviente ebrardista; en alianza con Gabino Cué en Oaxaca y en Chiapas con un gobernador poco afín al proyecto perredista y una candidata a la gubernatura que acaba de dejar las filas del priismo. La izquierda se refugia en el DF y no mucho más.

El día después de la elección, en caso de que López Obrador no logre la remontada y supere una distancia tan amplia, la izquierda encontrará la mejor coyuntura para reinventarse. Con un López Obrador disminuido y el emergente liderazgo de Marcelo Ebrard, la formación de un frente progresista que aglutine distintas expresiones de izquierda surge como una de las opciones más viables para un partido que, quitando el DF, no encuentra rumbo.

NUMERALIA


322 Los municipios que gobierna el PRD a nivel nacional.

11% El porcentaje de población que vive en municipios gobernados por el PRD.

12 Los millones de habitantes que viven en municipios gobernados por el partido del sol azteca.

2 Los estados que gobierna el PRD en alianza con el MC y el PT.

4 Las entidades de la República que gobierna el PRD en alianza con el PAN.

Frente a otros partidos
Suelta regiones importantes

Victorias

Logra, en alianza con el PAN, quedarse con Puebla, Oaxaca y Sinaloa.

Conquista Tlajomulco de Zúñiga, aunque el alcalde después rompe con el PRD.

Gana Guerrero en una elección que lucía con amplias posibilidades el PRI.

Retiene la mayoría en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal.

Se lleva las delegaciones más importantes del Distrito Federal.

Derrotas

Es apabullado en el Estado de México por el PRI.

Pierde la gubernatura de Michoacán y cae a tercera fuerza.

Entrega la gubernatura de Zacatecas, un bastión de la izquierda.

Pierde Ecatepec, en el Estado de México.

No puede retener el Gobierno de Baja California Sur.

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