Jalisco
Zafarrancho inminente
Sólo había 30 inspectores para tratar de controlar a los cientos de ambulantes que buscaban instalarse
GUADALAJARA, JALISCO (05/DIC/2015).- Miedo. Eso fue lo primero que sintió Edgar Madrid, inspector de
Guadalajara, cuando comenzaron los empujones y los ataques verbales a pocos metros del Ayuntamiento; y no era para menos, pues sólo había 30 inspectores para tratar de controlar a los cientos de ambulantes que buscaban instalarse.
Todo inició alrededor de las dos y media de la tarde, cuando recibió una llamada de su jefe inmediato para apoyar a sus compañeros en el cruce de Colón y Morelos. Cuando llegó se topó con una multitud de comerciantes que, entre gritos y policías, trataba de vender manzanas de caramelo, electrónicos y demás chucherías.
Tiene 23 años trabajando para el Ayuntamiento y no era la primera vez que se enfrentaba a una situación semejante, por lo que con voz firme, le pidió a uno de los vendedores que le mostrara su permiso para ofertar su mercancía en el Centro Histórico. Ni siquiera le respondió y de golpe se calentaron los ánimos.
Los comerciantes más educados pedían a los inspectores que los dejaran trabajar, los que no, decían majaderías. Otros les decían que no los aventaran, cosa que asegura el trabajador nunca sucedió: “Empezaron a gritarnos y a jalonearnos, ni siquiera nos dieron el tiempo de explicarles que estaban violentando el reglamento”’, señaló Edgar. “A mí me agarraron del brazo y me trataron de someter, me golpearon en la espalda; también empezaron los golpes por debajo”.
Logró liberarse y se retiró a paso apresurado hacia las oficinas en Miguel Blanco junto a varios de sus compañeros. Otros corrieron al Ayuntamiento a refugiarse.
Edgar terminó con un esguince cervical y lesiones en una pierna y el brazo, asegura que casi no lo puede mover; fue incapacitado por tres días. Otro de sus compañeros tiene una rodilla lastimada.
Los comerciantes ambulantes niegan esta versión. Además, denunciaron supuestas agresiones a niños y a mujeres embarazadas. Edgar asegura que nunca se agredió a los comerciantes como señalan algunos de los vendedores. “Actuamos con responsabilidad”, afirmó.
Todo inició alrededor de las dos y media de la tarde, cuando recibió una llamada de su jefe inmediato para apoyar a sus compañeros en el cruce de Colón y Morelos. Cuando llegó se topó con una multitud de comerciantes que, entre gritos y policías, trataba de vender manzanas de caramelo, electrónicos y demás chucherías.
Tiene 23 años trabajando para el Ayuntamiento y no era la primera vez que se enfrentaba a una situación semejante, por lo que con voz firme, le pidió a uno de los vendedores que le mostrara su permiso para ofertar su mercancía en el Centro Histórico. Ni siquiera le respondió y de golpe se calentaron los ánimos.
Los comerciantes más educados pedían a los inspectores que los dejaran trabajar, los que no, decían majaderías. Otros les decían que no los aventaran, cosa que asegura el trabajador nunca sucedió: “Empezaron a gritarnos y a jalonearnos, ni siquiera nos dieron el tiempo de explicarles que estaban violentando el reglamento”’, señaló Edgar. “A mí me agarraron del brazo y me trataron de someter, me golpearon en la espalda; también empezaron los golpes por debajo”.
Logró liberarse y se retiró a paso apresurado hacia las oficinas en Miguel Blanco junto a varios de sus compañeros. Otros corrieron al Ayuntamiento a refugiarse.
Edgar terminó con un esguince cervical y lesiones en una pierna y el brazo, asegura que casi no lo puede mover; fue incapacitado por tres días. Otro de sus compañeros tiene una rodilla lastimada.
Los comerciantes ambulantes niegan esta versión. Además, denunciaron supuestas agresiones a niños y a mujeres embarazadas. Edgar asegura que nunca se agredió a los comerciantes como señalan algunos de los vendedores. “Actuamos con responsabilidad”, afirmó.