Jalisco
Todo comenzó con la pólvora
El uso de la pirotecnia se remonta al Siglo IX
GUADALAJARA, JALISCO (24/DIC/2010).- El sonido estruendoso y las luces multicolores iluminando el cielo oscuro de la noche es la asociación perfecta para definir a los juegos pirotécnicos. Para que un festejo de boda, cumpleaños o evento masivo tenga ese toque alegórico, mucha gente decide añadirle el ingrediente de los fuegos artificiales.
El uso de la pirotecnia se remonta al Siglo IX, cuando los chinos inventaron la pólvora a través de la mezcla de carbono, azufre y nitrato de potasio. Cientos de años después, los árabes la introdujeron en Europa al extender su dominio por África y España. Con el paso del tiempo, cada país adaptó y creó distintos tipos de explosivos a sus festividades más tradicionales para convertirse en una especie de invitado infaltable.
México adoptó muchas costumbres de su largo periodo como colonia de España, país en el que se hizo famoso el “castillo” conformado por varillas que se encienden una a una, toma forma (puede ser el nombre de alguien o algo) y explota.
Precisamente, en España hay tres ciudades que se caracterizan por emplear los fuegos artificiales: Elche, Murcia y Valencia.
En nuestro país son típicos los juegos pirotécnicos en la celebración del Grito de Independencia (15 de septiembre), el Día de la Revolución (20 de noviembre), y en las posadas navideñas que inician a partir del 12 de diciembre hasta la noche del 24.
El fallecido escritor Octavio Paz, en su obra maestra El laberinto de la soledad, describe la costumbre de los mexicanos de acompañar sus tradicionales fiestas con juegos pirotécnicos: “En pocos lugares del mundo se puede vivir un espectáculo parecido al de las grandes fiestas religiosas de México, con sus colores violentos, agrios y puros, sus danzas, ceremonias, fuegos de artificio (…) Durante esos días el silencioso mexicano silba, grita, canta, arroja petardos, descarga su pistola al aire (…) Y su grito, como los cohetes que tanto nos gustan, sube hasta el cielo, estalla en una explosión verde, roja, azul y blanca y cae vertiginoso dejando una cauda de chispas doradas (…) Las almas estallan como los colores (…) México está de fiesta. Y esa fiesta, cruzada por relámpagos y delirios, es como el revés brillante de nuestro silencio y apatía, de nuestra reserva y hosquedad”.
El jalisciense Juan José Arreola en La feria también hace referencia a los cohetes al hablar de la noche del 15 de septiembre en Zapotlán: “Esa noche los cohetes, la algarabía y las campanas tuvieron sentido (…) Los colores de nuestra Enseña Nacional parecían teñirse de nuevo en la sangre entusiasmada, en la fe y en la esperanza de todos”.
Los juegos pirotécnicos o fuegos artificiales son infaltables en las celebraciones de cada país, y México ocupa un lugar privilegiado por su ingenio para crearlos.
El uso de la pirotecnia se remonta al Siglo IX, cuando los chinos inventaron la pólvora a través de la mezcla de carbono, azufre y nitrato de potasio. Cientos de años después, los árabes la introdujeron en Europa al extender su dominio por África y España. Con el paso del tiempo, cada país adaptó y creó distintos tipos de explosivos a sus festividades más tradicionales para convertirse en una especie de invitado infaltable.
México adoptó muchas costumbres de su largo periodo como colonia de España, país en el que se hizo famoso el “castillo” conformado por varillas que se encienden una a una, toma forma (puede ser el nombre de alguien o algo) y explota.
Precisamente, en España hay tres ciudades que se caracterizan por emplear los fuegos artificiales: Elche, Murcia y Valencia.
En nuestro país son típicos los juegos pirotécnicos en la celebración del Grito de Independencia (15 de septiembre), el Día de la Revolución (20 de noviembre), y en las posadas navideñas que inician a partir del 12 de diciembre hasta la noche del 24.
El fallecido escritor Octavio Paz, en su obra maestra El laberinto de la soledad, describe la costumbre de los mexicanos de acompañar sus tradicionales fiestas con juegos pirotécnicos: “En pocos lugares del mundo se puede vivir un espectáculo parecido al de las grandes fiestas religiosas de México, con sus colores violentos, agrios y puros, sus danzas, ceremonias, fuegos de artificio (…) Durante esos días el silencioso mexicano silba, grita, canta, arroja petardos, descarga su pistola al aire (…) Y su grito, como los cohetes que tanto nos gustan, sube hasta el cielo, estalla en una explosión verde, roja, azul y blanca y cae vertiginoso dejando una cauda de chispas doradas (…) Las almas estallan como los colores (…) México está de fiesta. Y esa fiesta, cruzada por relámpagos y delirios, es como el revés brillante de nuestro silencio y apatía, de nuestra reserva y hosquedad”.
El jalisciense Juan José Arreola en La feria también hace referencia a los cohetes al hablar de la noche del 15 de septiembre en Zapotlán: “Esa noche los cohetes, la algarabía y las campanas tuvieron sentido (…) Los colores de nuestra Enseña Nacional parecían teñirse de nuevo en la sangre entusiasmada, en la fe y en la esperanza de todos”.
Los juegos pirotécnicos o fuegos artificiales son infaltables en las celebraciones de cada país, y México ocupa un lugar privilegiado por su ingenio para crearlos.