Jalisco
Policías de Tlaquepaque frustran parricidio
Una joven madre sería asesinada por su esposo en confabulación con un amigo suyo; no obstante, los agentes de esa corporación impidieron que el fatídico hecho se consumara
TLAQUEPAQUE, JALISCO.- El predio San Juan, ubicado en las cercanías de la colonia La Cofradía, sería el escenario donde una joven madre habría de perder la vida. Afortunadamente, la oportuna acción de los elementos de la Policía de Tlaquepaque impidió que el fatídico acto se llevara a cabo.
Los hechos tomaron cauce alrededor de las 11:30 horas, cuando los oficiales al mando de la unidad TP—209 de esa corporación circulaban por las faldas del cerro conocido como “El Gato”, cuando escucharon una serie de gritos desesperados clamando por auxilio desde el interior de una camioneta estacionada a pocos metros de donde ellos se encontraban.
Los oficiales, alertados por el desesperado alarido, se dirigieron rápidamente a la camioneta a fin de verificar la razón de tal exclamación, y al estar a pocos metros del vehículo, notaron como dos personas descendían de él y emprendían un improvisado escape.
Tras la imprevisible reacción de los abordantes, los elementos no perdieron el tiempo e iniciaron una corta persecución en la cual fue detenido Eduardo Segovia Vázquez, de 18 años, vecino de la colonia La Severiana, en Tonalá.
Al regresarlo a la unidad de la cual pretendió escapar, el sujeto fue encarado por la mujer, quien lo identificó plenamente como el cómplice de su esposo, que intentó arrebatarle la existencia.
Luego de ser tranquilizada por los elementos, la joven de 19 años narró cómo es que se desarrolló el hecho en el cual por poco era asesinada.
Dijo que, a base de engaños, su marido —de nombre Juan Luis Chávez Aceves— la había convencido para abordar la camioneta Chevrolet Cheyenne, en color azul, con matrícula JF—00057 de su propiedad; a fin de que lo acompañara a entregarle los papeles del registro de su hijo recién nacido.
Al subir a la camioneta —señaló— se dio cuenta que Segovia Vázquez se encontraba al volante, y ella al intentar bajarse, fue detenida con un picahielo que su esposo sostenía a la altura de su abdomen, al tiempo que éste la insultaba en repetidas ocasiones y le decía que se iba a morir.
Al llegar al predio denominado San Juan, cerca de la colonia La Cofradía, el detenido bajó del automotor con el propósito de atarla de manos y pies. No obstante, al notar la cercanía de los agentes alertó a su cómplice y éste la inclinó hacia sí mismo de modo que los policías no notaran su presencia.
Pero al estar cerca de su entrepierna, la mujer mordió las partes nobles de su captor y comenzó a gritar por ayuda, momento que los involucrados aprovecharon para correr en direcciones opuestas.
Al ser interrogado, el detenido señaló que solamente acompañaba a su camarada, quien le había comentado que le regalaría un terreno a su mujer, pero al estar arriba del vehículo notó que éste comenzó a golpearla sin motivo aparente.
En el interior de la camioneta se encontró una gran cantidad de herramientas que, se presume, serían usadas para dar muerte a la afortunada mujer, quien tras el hecho manifestó a las autoridades que “volvió a nacer”.
Por su parte, el señalado será puesto ante un agente del Ministerio Público para que se dé el seguimiento necesario a su situación jurídica.
EL INFORMADOR / Isaack de Loza
Los hechos tomaron cauce alrededor de las 11:30 horas, cuando los oficiales al mando de la unidad TP—209 de esa corporación circulaban por las faldas del cerro conocido como “El Gato”, cuando escucharon una serie de gritos desesperados clamando por auxilio desde el interior de una camioneta estacionada a pocos metros de donde ellos se encontraban.
Los oficiales, alertados por el desesperado alarido, se dirigieron rápidamente a la camioneta a fin de verificar la razón de tal exclamación, y al estar a pocos metros del vehículo, notaron como dos personas descendían de él y emprendían un improvisado escape.
Tras la imprevisible reacción de los abordantes, los elementos no perdieron el tiempo e iniciaron una corta persecución en la cual fue detenido Eduardo Segovia Vázquez, de 18 años, vecino de la colonia La Severiana, en Tonalá.
Al regresarlo a la unidad de la cual pretendió escapar, el sujeto fue encarado por la mujer, quien lo identificó plenamente como el cómplice de su esposo, que intentó arrebatarle la existencia.
Luego de ser tranquilizada por los elementos, la joven de 19 años narró cómo es que se desarrolló el hecho en el cual por poco era asesinada.
Dijo que, a base de engaños, su marido —de nombre Juan Luis Chávez Aceves— la había convencido para abordar la camioneta Chevrolet Cheyenne, en color azul, con matrícula JF—00057 de su propiedad; a fin de que lo acompañara a entregarle los papeles del registro de su hijo recién nacido.
Al subir a la camioneta —señaló— se dio cuenta que Segovia Vázquez se encontraba al volante, y ella al intentar bajarse, fue detenida con un picahielo que su esposo sostenía a la altura de su abdomen, al tiempo que éste la insultaba en repetidas ocasiones y le decía que se iba a morir.
Al llegar al predio denominado San Juan, cerca de la colonia La Cofradía, el detenido bajó del automotor con el propósito de atarla de manos y pies. No obstante, al notar la cercanía de los agentes alertó a su cómplice y éste la inclinó hacia sí mismo de modo que los policías no notaran su presencia.
Pero al estar cerca de su entrepierna, la mujer mordió las partes nobles de su captor y comenzó a gritar por ayuda, momento que los involucrados aprovecharon para correr en direcciones opuestas.
Al ser interrogado, el detenido señaló que solamente acompañaba a su camarada, quien le había comentado que le regalaría un terreno a su mujer, pero al estar arriba del vehículo notó que éste comenzó a golpearla sin motivo aparente.
En el interior de la camioneta se encontró una gran cantidad de herramientas que, se presume, serían usadas para dar muerte a la afortunada mujer, quien tras el hecho manifestó a las autoridades que “volvió a nacer”.
Por su parte, el señalado será puesto ante un agente del Ministerio Público para que se dé el seguimiento necesario a su situación jurídica.
EL INFORMADOR / Isaack de Loza