Jalisco
Martha venció al cáncer, al miedo y a los mitos
Escuchar un diagnóstico adverso no es la peor parte de la enfermedad
GUADALAJARA, JALISCO (16/OCT/2013).- Martha Velázquez, a sus 36 años, recibió un diagnóstico positivo de cáncer de mama. Una pequeña bolita fuera de lo normal en su axila derecha llamó su atención, fue al médico, y aunque éste le dio un tratamiento para ver si se le quitaba, no quiso esperar y pidió una biopsia para acabar con la incertidumbre de una vez. Al llamar al doctor para preguntar el resultado, escuchó por la bocina: “Aquí tengo sus resultados, venga mañana con su esposo”. Malas noticias.
“Llegamos con el doctor y me dice, ‘mire señora, efectivamente sí es un cáncer’, y como en las películas, yo estaba viendo al doctor hablando pero ya no lo escuchaba, mi mente se fue, pensaba en mi hija, y qué voy a hacer, y en mi esposo. Es un shock, yo llorando y viéndolo hablar, ya cuando por fin me tranquilicé me dijo ‘yo la puedo ayudar a que la operen en el Centro Médico’. Y así fue”.
Martha recibió el primer golpe junto con Manuel, su esposo. Pero aún faltaba decirle a sus padres, hermanos y a su hija, Jessica, de apenas cuatro años. “Fue un impacto muy fuerte para todos, mi papá se fue a llorar a la banqueta. Fue duro... pero eso nos sirvió mucho a todos”.
El cáncer de mama de Martha estaba avanzado: fue detectado en la cuarta etapa de cinco. A pesar de eso había un panorama alentador, pero debía que actuar rápido. A sólo 10 días de su diagnóstico fue sometida a una cirugía para analizar el tumor y valorar el caso. Sin reparo, ella les indicó que le realizaran una mastectomía, la extirpación de su mama para salvar su vida no le generó conflicto alguno.
El tumor de Martha era de un centímetro y medio de diámetro, pero se había expandido. La cirugía fue radical: le extirparon la mama derecha, el músculo y ganglios de la axila.
SABER MÁS
Prevención
En la Feria de Salud, que se realiza en el marco de la Campaña “Muy a pecho, cerca de tu corazón”, en conmemoración del Día Mundial de la lucha contra el cáncer (19 de octubre), habrá exámenes de papanicolau, detección del virus de papiloma humano, exploración mamaria, medicina general, homeopatía, dental, asesoría nutricional, psicológica, detección de hipertensión, diabetes, tuberculosis, cáncer de próstata, consulta de ortopedia, examen de la vista y planificación familiar, sin costo alguno.
La cita hoy a las 9:00 horas, en el Centro de Desarrollo Comunitario No. 10 en calle José Gómez Ugarte No. 3690, Colonia Huentitán El Alto.
El momento más difícil:
Perder el cabello. "Cuando se ve uno sin pelo no es por vanidad, sino porque es un signo de que estás enfermo. Un día vi una peluca bien cortita, que me la pongo y vieras qué bien me sentí, me la llevé, el verme con pelo me animó otra vez, los otros cinco meses me la llevé con mi peluca y bien a gusto. El doctor dice que el estado de ánimo es importante para la recuperación, el salir, el convivir".
La recomendación:
No creerle a la gente. "A mí me dijeron de un sacerdote que muy bueno, que da misas de sanación pero que está en Autlán. Le marco al padre y le dije 'oiga quiero que me dé información de sus misas' y le dije que me detectaron cáncer de mama, y me pregunta, '¿en qué etapa te lo detectaron?', le dije en la cuatro. "No mi reina, ya para qué vienes para acá, tú quédate en tu casa, ahí quédate y tú reza'. Sentí tan feo, en ese momento dije' ya me voy a morir', yo lloré y lloré. Así me lo dijo".
“La gente te asusta”
Tras la cirugía, Martha apenas comenzaba un camino lleno de mitos, pero ella sabía que debía permanecer inquebrantable.
“La primer quimioterapia fue muy dura porque toda la gente te asusta: ‘y te va a pasar esto, y no salgas, y te vas a enfermar, porque se te bajan las defensas, una gripa se te puede hacer neumonía’. Te llenan de miedos, si de por sí ya está uno lleno con lo que te está pasando. Todos estábamos bien asustados y estuve encerrada por 15 días, temía salir porque me podía enfermar y eso no es cierto, sólo hay que tomar reposo tres días”.
Escuchar tantos rumores y experiencias de otros casos menguó sus esperanzas para vencer esta enfermedad, así que optó por no escuchar a nadie más que a su médico, y claro, recibir el apoyo de su familia.
Ese cariño aunado al tratamiento médico puntual la llevaron a donde está ahora: su casa, junto a su esposo e hija viviendo una vida plena, esto a cinco años de aquel diagnóstico positivo de cáncer de mama.
“Le bajé a la presión porque me cambiaron de puesto en el trabajo y ya no estoy tan forzada como antes; siempre he sido corajuda y muy estricta, pero trato de ya no tomarme las cosas tan a pecho y darle importancia las cosas que sí la tienen”.
“Llegamos con el doctor y me dice, ‘mire señora, efectivamente sí es un cáncer’, y como en las películas, yo estaba viendo al doctor hablando pero ya no lo escuchaba, mi mente se fue, pensaba en mi hija, y qué voy a hacer, y en mi esposo. Es un shock, yo llorando y viéndolo hablar, ya cuando por fin me tranquilicé me dijo ‘yo la puedo ayudar a que la operen en el Centro Médico’. Y así fue”.
Martha recibió el primer golpe junto con Manuel, su esposo. Pero aún faltaba decirle a sus padres, hermanos y a su hija, Jessica, de apenas cuatro años. “Fue un impacto muy fuerte para todos, mi papá se fue a llorar a la banqueta. Fue duro... pero eso nos sirvió mucho a todos”.
El cáncer de mama de Martha estaba avanzado: fue detectado en la cuarta etapa de cinco. A pesar de eso había un panorama alentador, pero debía que actuar rápido. A sólo 10 días de su diagnóstico fue sometida a una cirugía para analizar el tumor y valorar el caso. Sin reparo, ella les indicó que le realizaran una mastectomía, la extirpación de su mama para salvar su vida no le generó conflicto alguno.
El tumor de Martha era de un centímetro y medio de diámetro, pero se había expandido. La cirugía fue radical: le extirparon la mama derecha, el músculo y ganglios de la axila.
SABER MÁS
Prevención
En la Feria de Salud, que se realiza en el marco de la Campaña “Muy a pecho, cerca de tu corazón”, en conmemoración del Día Mundial de la lucha contra el cáncer (19 de octubre), habrá exámenes de papanicolau, detección del virus de papiloma humano, exploración mamaria, medicina general, homeopatía, dental, asesoría nutricional, psicológica, detección de hipertensión, diabetes, tuberculosis, cáncer de próstata, consulta de ortopedia, examen de la vista y planificación familiar, sin costo alguno.
La cita hoy a las 9:00 horas, en el Centro de Desarrollo Comunitario No. 10 en calle José Gómez Ugarte No. 3690, Colonia Huentitán El Alto.
El momento más difícil:
Perder el cabello. "Cuando se ve uno sin pelo no es por vanidad, sino porque es un signo de que estás enfermo. Un día vi una peluca bien cortita, que me la pongo y vieras qué bien me sentí, me la llevé, el verme con pelo me animó otra vez, los otros cinco meses me la llevé con mi peluca y bien a gusto. El doctor dice que el estado de ánimo es importante para la recuperación, el salir, el convivir".
La recomendación:
No creerle a la gente. "A mí me dijeron de un sacerdote que muy bueno, que da misas de sanación pero que está en Autlán. Le marco al padre y le dije 'oiga quiero que me dé información de sus misas' y le dije que me detectaron cáncer de mama, y me pregunta, '¿en qué etapa te lo detectaron?', le dije en la cuatro. "No mi reina, ya para qué vienes para acá, tú quédate en tu casa, ahí quédate y tú reza'. Sentí tan feo, en ese momento dije' ya me voy a morir', yo lloré y lloré. Así me lo dijo".
“La gente te asusta”
Tras la cirugía, Martha apenas comenzaba un camino lleno de mitos, pero ella sabía que debía permanecer inquebrantable.
“La primer quimioterapia fue muy dura porque toda la gente te asusta: ‘y te va a pasar esto, y no salgas, y te vas a enfermar, porque se te bajan las defensas, una gripa se te puede hacer neumonía’. Te llenan de miedos, si de por sí ya está uno lleno con lo que te está pasando. Todos estábamos bien asustados y estuve encerrada por 15 días, temía salir porque me podía enfermar y eso no es cierto, sólo hay que tomar reposo tres días”.
Escuchar tantos rumores y experiencias de otros casos menguó sus esperanzas para vencer esta enfermedad, así que optó por no escuchar a nadie más que a su médico, y claro, recibir el apoyo de su familia.
Ese cariño aunado al tratamiento médico puntual la llevaron a donde está ahora: su casa, junto a su esposo e hija viviendo una vida plena, esto a cinco años de aquel diagnóstico positivo de cáncer de mama.
“Le bajé a la presión porque me cambiaron de puesto en el trabajo y ya no estoy tan forzada como antes; siempre he sido corajuda y muy estricta, pero trato de ya no tomarme las cosas tan a pecho y darle importancia las cosas que sí la tienen”.