Jalisco

La falta de oportunidades universitarias provoca ''pérdida de sentido'' en jóvenes

La sociedad ''atropella'' a este sector de la población, apunta el académico Carlos Sánchez Romero

GUADALAJARA, JALISCO (29/NOV/2010).- La única certeza de los jóvenes mexicanos es que la sociedad en la que viven los trata con “la punta del pie”. Los atropella, apunta Carlos Sánchez Romero (CSR), coordinador de la Licenciatura y Maestría en Filosofía y Ciencias Sociales del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO).

En nuestra sociedad, que se precia de estar a la altura de los tiempos, se padece una ceguera que propicia situaciones de atropello.

“Existen pocas oportunidades universitarias. Esto genera en los muchachos una gran frustración, desaliento, desesperanza, y algo que se dice muchas veces, pero que no se precisa del todo: una ‘pérdida de valores’. Si bien no me parece adecuado llamarlo así, sería más bien una ‘pérdida de sentido’”.

Los jóvenes se preguntan: “¿Para qué estamos aquí? ¿Qué sentido tiene empeñarse en una educación superior? ¿Qué sentido tiene ser responsable y honesto?”, señala también el maestro en Filosofía y Ciencias Sociales. La lógica en la cual se mueve nuestra sociedad es la de sacarle provecho a todo, “el que no transa no avanza”, las relaciones o “palancas”, y eso, consecuentemente es ofensivo para los jóvenes.

En la actualidad, la universidad juega un papel sustancial, afirma, convencido de que ésta debe replantear su quehacer diario para que sus egresados tengan las herramientas para transformar el mercado laboral. Sin embargo, el también maestro en Ciencias de la Educación dice que existen agentes decisivos en la titubeante vida universitaria de los jóvenes mexicanos. La vocación, la economía y muchos retos se instalan frente a ellos y no les permiten adherirse la ideal de una educación superior.

— ¿Qué importancia tiene realizar una carrera universitaria en la actualidad?
— En general, no es importante para todos; sí lo es para los jóvenes, en la medida en que tienen vocación para ello, para quienes sienten un llamado interior imperioso que les lleva a la universidad.

“También debemos tomar en cuenta el hecho de que no todos los que van a la universidad lo hacen por vocación sino por inercia. Estos son muchachos a los que las tendencias sociales y culturales les han dicho que lo que les toca es asistir a la universidad e invertir su tiempo, su esfuerzo, y sus recursos en ésta. Y después, sacar provecho del esfuerzo.
“Sin duda, los que tienen vocación deben ir a la universidad. El hecho de que los que tienen la inspiración no van porque no pueden ir, me parece un asunto primordial. Para ellos es un modo de estar en el mundo, de realizarse, de aportar a su universo, es el lugar en el que se sienten cómodos, plenos, atraídos, llevados, apasionados”.

— ¿Quién necesita a los jóvenes con estudios profesionales?
— Tener jóvenes con vocación universitaria, les da acceso a la sociedad para generar pensamiento y conocimiento sobre sus propios intereses, les permite generar bienestar; es decir, tener el recurso humano para innovar, crear, inventar y ensanchar los ámbitos de la libertad, e indudablemente nuestra sociedad está necesitada de ello.
“Sin embargo, me parece errado pensar que todos deben ir a la universidad. No lo digo en afán elitista, de estamentos sociales o de privilegios sino por la única razón de que no todos tienen que ser profesionistas. Alguien puede decir ‘yo necesito hacer otra cosa, no quiero ir a la universidad’, y si así lo decide está perfecto, si no hay vocación no la habrá”.

— ¿Qué papel debe jugar la universidad?
— Si hablamos de la universidad como institución social, nos encontramos en un contexto extraordinario, en un proceso transitorio. Es decir, la universidad está pasando de ser un centro de pensamiento y generación de conocimiento, a ser una “fábrica” de mano de obra que prepara técnicos dirigidos a ese mercado en el que se emplean y ejercen su función. Penosamente, la universidad no está preparando gente capaz de pensar su propio campo, de replantearlo, de innovarlo, ya sea la arquitectura, el diseño, la educación, etcétera.

“La responsabilidad de la universidad es entonces generar personas que no sólo desempeñen una función, usen herramientas prácticas o adquieran conocimientos que les permiten hacer lo que les pide el mercado laboral. ¡No! También gente que sea capaz de transformarlo”.

— ¿Qué alternativas tienen los jóvenes?
— Una alternativa serían los espacios laborales en los cuales el oficio, el emprendimiento y la experiencia puedan acrecentarse y cualificarse. Estos jóvenes sin acceso universitario necesitan trabajar, emplearse, hacer algo consigo mismos. Existen alternativas para “reemplazar” la educación universitaria.

Sin embargo, como señala el filósofo y académico del ITESO, “los espacios laborales que se ofrecen para los jóvenes no pueden ni deben ser los que ahora tenemos: espacios de explotación, de rutina, de fragmentación, sino otros en los que además de trabajar se formen y crezcan de manera integral”.

— ¿Cuál es la situación laboral para este sector?
— Los espacios laborales son insuficientes y están en condiciones deplorables, el pago es muy poco, existe explotación y abuso; es decir, un escenario de continuo atropello. Por ello, habría que plantear otros espacios, impulsarlos, pero para que eso suceda desafortunadamente se requiere algo que esta sociedad no es capaz de hacer. Se debe pensar, olvidar los intereses de “grupitos” y los personales, apostarle no sólo al presente sino al futuro y tener como valor central a las personas. Eso no sucede actualmente.

— ¿Es posible construir una sociedad democrática con jóvenes incultos?
— Evidentemente no porque hay que saber tratar la información que nos llega y orientarnos en los asuntos comunes. Hacer sociedad es compartir los asuntos diarios e involucrarnos en las cosas que nos importan a todos. Es necesario ubicarse para tomar decisiones, como por ejemplo el voto.

Sánchez Romero señala que no se piense que analfabeta es aquel que no ha recibido una instrucción formal. Es decir, también existen analfabetas funcionales, personas que tienen preparación de posgrado y que, sin embargo, lo son.

“No saben pensar de otro modo que no sea aquel que les ha sido enseñado, no saben ‘replantearse las cosas con una distancia crítica’. Son capaces de funcionar perfectamente dentro del engranaje social, dentro de su campo, sin cuestionarse nada, sin atender a otra cosa que no sea su propio interés”.

El entrevistado señala que no debe pensarse que es suficiente “querer hacer bien las cosas”. Tomar distancia de lo que se nos ha enseñado es un hecho que también debe considerarse, explica. Por ejemplo, no basta con darle la palabra y el voto a todos, habrá que poner las condiciones materiales para ejercerlo.

“Si le dices a todo mundo que tiene derecho a votar, pero le vuelcas encima todos los medios de comunicación que orientan su decisión y que le venden un producto político, yo me pregunto: ¿Para qué les dices que tienen derecho a votar? No tienen derecho a decidir ni pensar libremente, si no tienen derecho a atender primero sus necesidades. De qué sirve que le digas a alguien que tiene derecho a ser democrático, si no puede vivir democráticamente”.

FRASES

Si hablamos de la universidad como institución social, nos encontramos en un contexto extraordinario, en un proceso transitorio

La universidad está pasando de ser un centro de pensamiento y generación de conocimiento, a ser una “fábrica” de mano de obra que prepara técnicos

Los espacios laborales son insuficientes y están en condiciones deplorables, el pago es muy poco, existe explotación y abuso; es decir, hay un escenario de continuo atropello

Penosamente, la universidad no está preparando gente capaz de pensar su propio campo, de replantearlo, de innovarlo, ya sea la arquitectura, el diseño, la educación, etcétera


Telón de fondo

Las carencias de la educación en México


En México suman 33.5 millones de estudiantes en todos los niveles, pero otros 33.4 millones de personas mayores de 15 años se encuentran en rezago educativo; es decir, no saben leer ni escribir (de acuerdo con la Secretaría de Educación Pública y el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos). Mientras la población rebasa los 112 millones de habitantes, el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, por sus siglas en inglés) recalca que 3.3 millones de niños no van a la escuela.

En el total de estudiantes hay altas cifras de reprobación y deserción: en el Fin de Curso 2008-2009, la Secretaría de Educación Pública (SEP) reconoció que un millón 178 mil 806 estudiantes de primaria se quedaron en el camino, mientras en secundaria la cifra aumentó a un millón 301 mil 490. En cuanto a la deserción, ambos niveles registraron en el mismo periodo 614 mil 428 y 355 mil 669 alumnos, respectivamente.

En el bachillerato los mayores problemas son la cobertura (40% de los postulantes no ingresa a las aulas) y la deserción: en 2010 ingresaron a las aulas cuatro millones de preparatorianos, pero 40% desertó, de acuerdo con la Subsecretaría de Educación Media Superior de la SEP. En licenciatura, siete de cada 10 jóvenes que realizan examen de admisión se quedan fuera por falta de espacios.

El Gobierno federal apunta que 22% del presupuesto anual se destina para el sector educativo, pero de éste, 90% se va a salarios de maestros (las cifras están sustentadas en respuestas de las autoridades, vía leyes de transparencia).

Aumentan los “ninis”

Desaprovechan el bono demográfico


México enfrenta el fenómeno del bono demográfico histórico de la población joven. Suman 59.7 millones de personas menores de 29 años, pero alrededor de nueve millones de entre 12 y 29 años ni trabajan ni estudian, de acuerdo con la última Encuesta Nacional de Juventud (2005). Ese sector es desaprovechado por la falta de oportunidades educativas y laborales, coinciden el rector de Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), José Narro Robles, y el ex rector de ésta, Juan Ramón de la Fuente.

En el segmento de menores de 18 años hay 20.8 millones de pobres en el país, revela el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). En otra arista, 14.9 millones de jóvenes de entre 12 y 29 años viven en la misma condición.

Mientras este sector padece la falta de políticas públicas en desarrollo social, la desestructuración de la familia y el aumento de la inseguridad y violencia, los gobiernos se muestran despreocupados por las proyecciones demográficas para 2050, las cuales advierten que el bono de la población joven decrecerá en 18 millones de personas (ese año quedarán 41 millones de jóvenes). Lo anterior se traduce en que cada año habrá menos nacimientos (en 2010 se estima un millón 926 mil 148, pero en 2050 reducirán a un millón 347 mil 882), más defunciones (en 2010 se estiman 536 mil 683, mientras en 2050 aumentarán a un millón 200 mil 005) y más adultos mayores de 50 años. Incluso, en 2040 se proyecta cerrar con una población de 122.9 millones, pero en la siguiente década comenzará una reducción histórica a 121.8 millones de mexicanos.

México enfrentará un severo proceso de envejecimiento en la población, por lo que el futuro alerta al sistema de salud y pensiones. El círculo vicioso de pobreza y olvido está en puerta para millones de mexicanos porque organismos internacionales y nacionales advierten que los jóvenes en situaciones de marginalidad y de falta de recursos reproducen la misma situación en su vida adulta (en la actualidad, 44.5% de las personas de la tercera edad vive en pobreza y 12% en pobreza extrema).

Radiografía de los jóvenes


En 2009, poco más de la cuarta parte de la población en el país (26.2%) era joven (de 15 a 29 años).

Al segundo trimestre de 2009, había 14.8 millones de jóvenes económicamente activos, 13.5 millones se encuentran ocupados y más de la mitad se concentra en ciudades de más de 100 mil habitantes.

Entre la población joven, las mujeres son más propensas a migrar dentro del interior del país, mientras que la inmigración internacional se integra en su mayoría por hombres.

La principal causa de muerte de los jóvenes en 2008 fueron los accidentes de transporte, que representan 18.6% del total de decesos de la población joven.

La prevalencia más alta de consumo de alcohol diario se presenta en el Distrito Federal y Zacatecas.

Uno de cada cuatro jóvenes varones con discapacidad, la adquirieron como resultados de un accidente.

En 2009, entre los jóvenes la relación hombres-mujeres es de 99.8 hombres por cada 100 mujeres. Por entidad federativa, Baja California Sur (116.2) y Baja California (115.6) registran la mayor presencia relativa de hombres; en contraste, Michoacán de Ocampo (89) y Guanajuato y San Luis Potosí (90.3 cada uno), presentan el menor número de hombres de entre 15 y 29 años por cada 100 mujeres de esas mismas edades.
Las entidades federativas que presentan un mayor porcentaje de jóvenes son Quintana Roo (29.1%), Chiapas (28.2%) y Querétaro (28.1%); en contraste, Oaxaca es la Entidad donde los jóvenes tienen menor peso (24.7%), seguido por Tamaulipas (24.8%), Nayarit y San Luis Potosí (24.9% cada uno).
En promedio, la población joven tiene 9.9 años de estudio a nivel nacional, es decir, cuenta con nivel básico; en tanto que la diferencia de instrucción entre los hombres (9.8 años) y las mujeres (10 años) resulta ser poco significativa.

Mientras el Gobierno federal apunta que 22% del presupuesto anual se destina para el sector educativo, 90% se va a salarios de maestros.

México desaprovecha el fenómeno del bono demográfico histórico de la población joven. Suman 59.7 millones de personas menores de 29 años, pero alrededor de nueve millones de entre 12 y 29 años ni trabajan ni estudian, de acuerdo con la última Encuesta Nacional de Juventud (2005).

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