Jalisco
Indígenas, blanco de candidatos
Líderes de etnias lamentan que sólo se les incluya entre las promesas de los candidatos, pero ''nunca se les cumpla''
GUADALAJARA, JALICO (29/ABR/2012).- A casi un mes de iniciada la contienda electoral que definirá al próximo gobernador de Jalisco, los aspirantes a tomar las riendas del Gobierno del Estado han saltado sin titubeo alguno a las calles, para tratar de convencer a la comunidad sobre las “bondades” que, aseguran al unísono, traerá el cruzar su nombre o partido político en los comicios del 1 de julio.
Tres de ellos: Aristóteles Sandoval, Enrique Alfaro y Fernando Guzmán, no esperaron un minuto y dieron el banderazo inicial a su estrategia, justo cuando el cronómetro electoral permitió el arranque de campañas, mismas que a la fecha han atiborrado los espacios públicos en la Entidad.
La comunidad indígena de la metrópoli, que comúnmente habita por callejones terregosos y estrechos, en casas abarrotadas de familias que son mantenidas por artesanos talentosos —aunque olvidados —, hoy vuelve a ser blanco de las miradas de políticos con aspiraciones.
La razón es sencilla: en Jalisco la población indígena asciende a cerca de 90 mil habitantes, y más de 12 etnias distintas la integran. Sólo en los ocho municipios conurbados radica 55% de ese total, según información proporcionada por la delegación estatal de la Comisión Nacional para el Desarrollo se los Pueblos Indígenas (CDI), lo que representa un amplio margen de potenciales votantes.
El problema para la clase política es que, al paso de los años, cada vez más núcleos étnicos jaliscienses se han organizado y desarrollado lazos afectivos, por lo que la desatención sufrida a través de la historia les dotó de experiencia para discernir entre las propuestas que consideran como “falsas”, y de las que observan como “bien intencionadas”.
Tres líderes indígenas consultados coinciden en que sólo han estrechado la mano del gobernante en turno, precisamente durante el lapso en que éste buscó la simpatía del pueblo. Después, simplemente, “se les cerraron las puertas” y las oportunidades, que una vez les ofrecieron, terminaron en papel.
Tres de ellos: Aristóteles Sandoval, Enrique Alfaro y Fernando Guzmán, no esperaron un minuto y dieron el banderazo inicial a su estrategia, justo cuando el cronómetro electoral permitió el arranque de campañas, mismas que a la fecha han atiborrado los espacios públicos en la Entidad.
La comunidad indígena de la metrópoli, que comúnmente habita por callejones terregosos y estrechos, en casas abarrotadas de familias que son mantenidas por artesanos talentosos —aunque olvidados —, hoy vuelve a ser blanco de las miradas de políticos con aspiraciones.
La razón es sencilla: en Jalisco la población indígena asciende a cerca de 90 mil habitantes, y más de 12 etnias distintas la integran. Sólo en los ocho municipios conurbados radica 55% de ese total, según información proporcionada por la delegación estatal de la Comisión Nacional para el Desarrollo se los Pueblos Indígenas (CDI), lo que representa un amplio margen de potenciales votantes.
El problema para la clase política es que, al paso de los años, cada vez más núcleos étnicos jaliscienses se han organizado y desarrollado lazos afectivos, por lo que la desatención sufrida a través de la historia les dotó de experiencia para discernir entre las propuestas que consideran como “falsas”, y de las que observan como “bien intencionadas”.
Tres líderes indígenas consultados coinciden en que sólo han estrechado la mano del gobernante en turno, precisamente durante el lapso en que éste buscó la simpatía del pueblo. Después, simplemente, “se les cerraron las puertas” y las oportunidades, que una vez les ofrecieron, terminaron en papel.