Jalisco
El hombre detrás de las manifestaciones
Salvador Cabrera encabeza la marcha de los comerciantes que piden el regreso de los 'Repecos'
GUADALAJARA, JALISCO (16/JUN/2014).- Salvador Cabrera Vera tiene 63 años y la fuerza para controlar a 500 pequeños comerciantes que cada semana ponen en jaque a la ciudad.
Cada lunes, después de dar de desayunar a indigentes, obreros, pedigüeños y pequeños contribuyentes en la Plaza Liberación, los invita a integrarse en la ya tradicional marcha de los comerciantes que reclaman regresar al Régimen de Pequeños Contribuyentes, los llamados “Repecos”.
Suma 18 marchas de este tipo, más 15 protestas de artesanos, otras tantas de ambulantes y un par en apoyo a comerciantes del Mercado Corona.
Las de los lunes son así: caminan por todo el primer cuadro de la Ciudad y llegan a las oficinas del Sistema de Administración Tributaria, en Avenida Américas. La consigna es ir contra las reformas fiscales emprendidas por el Gobierno federal.
Pero “don Chava” no sólo agremia comerciantes establecidos, también cobija a 49 ambulantes del Centro Histórico, más otro tanto en zonas comerciales de Guadalajara.
“Yo jamás había visto lo que vi en la anterior administración (del Ayuntamiento de Guadalajara). Cada vez hay más necesidad de que la gente se salga a las calles, porque no hay condiciones laborales dignas dentro de las empresas. Yo tengo ambulantes, pero no te voy a decir dónde. No quiero que los quiten por lo que puedo decir”.
El negocio del espacio público se ha cotizado, explica “porque las cosas van mal, y al haber más personas, la corrupción es mayor. Todo es una mafia: los espacios cuestan y cada vez la mochada es más grande”.
El colmo de su enojo es que el Ayuntamiento de Guadalajara ha retirado a 29 artesanos de la zona de Juzgados, a un costado del Teatro Degollado. Después de dos semanas de protestas, detuvieron a 18. “Esto ya es una persecución. Nosotros somos el único grupo de los seis que controlan el Centro, que no nos prestamos a la mochada. Eso es lo que les duele. Pero además se ensañan con los indígenas”.
Dicen que este jueves harán foros comunitarios para ver cómo activar a los locatarios de mercados municipales. Con el incendio del Mercado Corona, existen más de 300 comerciantes que de un día para el otro se volvieron comerciantes ambulantes.
Cabrera Vera bien podría representar lo que critica: el corporativismo que tanto reclama a los políticos es el que se ve a simple vista en su organización. Pero sólo él conoce las mieles o las hieles de salir todos los lunes a cerrar las calles, con tal de llamar la atención. Las cosas no van bien a nivel nacional en materia económica. Y él aprovecha eso: vive en la protesta. Le encanta y piensa que es hermoso.
Un día de trabajo
La oficina de Salvador Cabrera Vera se localiza en la calle Felipe Ángeles, cerca del mercado del mismo nombre.
Tiene tres mujeres a su servicio que le llevan la agenda y atienden a cuanta persona se acerca. Sobre su escritorio hay alimentos como para hacer 10 despensas. Dos gatos juguetean en un bodegón con murales que retratan la alegre rebeldía del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Ahí, apenas minutos atrás, unas 250 personas tuvieron que escuchar a “Don Chava” como quien escucha al sacerdote en el templo. La diferencia es que después del sermón, el líder de los comerciantes habla con algunos asistentes y les recrimina que no asistan a las juntas. “Si no vienes a las reuniones, ¿cómo quieres que te apoyemos?”.
Cabrera Vera dice estar en contra del corporativismo: contra el control de la fuerza de trabajo a costa de unos pocos, de las decisiones cupulares y también contra los políticos que se benefician de la necesidad de unos cuantos. Pero cuando se le pregunta de qué vive, dice que de tres locales y que lo suyo es mero activismo. A los comerciantes “que están en posibilidades”, les cobra por tenerlos dentro de su organización. ¿Cuánto? “Lo que sea y lo que puedan”. En pocas palabras: la representación también cuesta.
Mujeres indígenas, hombres con la mirada cansada y niños que deberían de estar en la escuela se pasean por el lugar mientras “Don Chava” sigue platicando. Dice que su organización beneficia a quien se deja, y cuenta con un Banco de Alimentos, un dispensario médico y presume que les paga la escuela a 14 niños, hijos de sus agremiados.
Su organización se llama Frente de Resistencia de Comerciantes de Jalisco, y se formó después del colapso financiero de 1994, “cuando vimos que ya no había pa´dónde hacernos. La gente se empezó a organizar y yo lo encabecé” afirma Cabrera Vera.
Desde entonces, el hombre que suele usar pants, tenis y guayaberas como vestuario, es la misma persona que está detrás del negocio del reparto de espacios públicos en muchas zonas de la Ciudad.
PERFIL
“Sigo en la lucha”
Huérfano de padre a muy temprana edad, Salvador Cabrera Vera llegó a Guadalajara proveniente de Tototlán, Jalisco hace 50 años.
La suya ha sido una vida ligada al comercio: comenzó a trabajar como vendedor de verduras en locales de sus abuelos, en el Mercado Libertad. Después vendió chicles y periódicos en las esquinas.
Cabrera Vera cuenta que apenas estudio la primaria y se inscribió en la secundaria uno, cerca del barrio de San Andrés.
“Ahí me empecé a hacer rebelde. Soy de una generación de muchachos que veíamos que el sistema se estaba quebrando. Quisimos hacer muchas cosas. Pero los grupos se infiltraron. Ahora muchos de mi generación trabajan el Gobierno del Estado. Yo sigo en la lucha”.
LA ENTREVISTA
“Es hermoso vivir en resistencia y en rebeldía”
— Ustedes laboran al margen de la ley. Están fuera del reglamento.
— Claro, pero ¿quién no lo está? Ambulantes son muchos, pero sólo a nosotros nos quitan.
— Explíquenos cómo se da la corrupción, en qué momento se paga a los inspectores.
— Ellos forman un esquema hasta de pago a domicilio. Para que no los vean se quedan de ver en otra parte y ahí se da el dinero.
— ¿Qué haría si usted fuera el Director de Inspección y Vigilancia? ¿Cumpliría la ley?
— No, haría un padrón completo de los ambulantes que hay. Dejaría en paz a los artesanos porque son los que tienen más necesidad. Y a los demás los regularía: que paguen impuestos. Pero a la Iniciativa Privada le haría entender que los ambulantes no son competencia, son complemento. La solución está en que no se venda lo mismo, para no crear más fricciones.
— ¿Qué piensa de la Canaco?
— Que deberían de ofrecer mejores empleos en las empresas que tienen.
— ¿Le gusta lo que hace?
— Me encanta, es hermoso. Vivir en resistencia y en rebeldía.
— ¿Qué le diría a esa gente que piensa que usted es pilar del problema del comercio informal?
— Le diría que no tienen la necesidad que tienen las personas que viven del ambulantaje. Ser comerciante es vivir al día y vivir a raya. Yo reto a las autoridades a que me investiguen y que investiguen mi organización.
Cada lunes, después de dar de desayunar a indigentes, obreros, pedigüeños y pequeños contribuyentes en la Plaza Liberación, los invita a integrarse en la ya tradicional marcha de los comerciantes que reclaman regresar al Régimen de Pequeños Contribuyentes, los llamados “Repecos”.
Suma 18 marchas de este tipo, más 15 protestas de artesanos, otras tantas de ambulantes y un par en apoyo a comerciantes del Mercado Corona.
Las de los lunes son así: caminan por todo el primer cuadro de la Ciudad y llegan a las oficinas del Sistema de Administración Tributaria, en Avenida Américas. La consigna es ir contra las reformas fiscales emprendidas por el Gobierno federal.
Pero “don Chava” no sólo agremia comerciantes establecidos, también cobija a 49 ambulantes del Centro Histórico, más otro tanto en zonas comerciales de Guadalajara.
“Yo jamás había visto lo que vi en la anterior administración (del Ayuntamiento de Guadalajara). Cada vez hay más necesidad de que la gente se salga a las calles, porque no hay condiciones laborales dignas dentro de las empresas. Yo tengo ambulantes, pero no te voy a decir dónde. No quiero que los quiten por lo que puedo decir”.
El negocio del espacio público se ha cotizado, explica “porque las cosas van mal, y al haber más personas, la corrupción es mayor. Todo es una mafia: los espacios cuestan y cada vez la mochada es más grande”.
El colmo de su enojo es que el Ayuntamiento de Guadalajara ha retirado a 29 artesanos de la zona de Juzgados, a un costado del Teatro Degollado. Después de dos semanas de protestas, detuvieron a 18. “Esto ya es una persecución. Nosotros somos el único grupo de los seis que controlan el Centro, que no nos prestamos a la mochada. Eso es lo que les duele. Pero además se ensañan con los indígenas”.
Dicen que este jueves harán foros comunitarios para ver cómo activar a los locatarios de mercados municipales. Con el incendio del Mercado Corona, existen más de 300 comerciantes que de un día para el otro se volvieron comerciantes ambulantes.
Cabrera Vera bien podría representar lo que critica: el corporativismo que tanto reclama a los políticos es el que se ve a simple vista en su organización. Pero sólo él conoce las mieles o las hieles de salir todos los lunes a cerrar las calles, con tal de llamar la atención. Las cosas no van bien a nivel nacional en materia económica. Y él aprovecha eso: vive en la protesta. Le encanta y piensa que es hermoso.
Un día de trabajo
La oficina de Salvador Cabrera Vera se localiza en la calle Felipe Ángeles, cerca del mercado del mismo nombre.
Tiene tres mujeres a su servicio que le llevan la agenda y atienden a cuanta persona se acerca. Sobre su escritorio hay alimentos como para hacer 10 despensas. Dos gatos juguetean en un bodegón con murales que retratan la alegre rebeldía del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Ahí, apenas minutos atrás, unas 250 personas tuvieron que escuchar a “Don Chava” como quien escucha al sacerdote en el templo. La diferencia es que después del sermón, el líder de los comerciantes habla con algunos asistentes y les recrimina que no asistan a las juntas. “Si no vienes a las reuniones, ¿cómo quieres que te apoyemos?”.
Cabrera Vera dice estar en contra del corporativismo: contra el control de la fuerza de trabajo a costa de unos pocos, de las decisiones cupulares y también contra los políticos que se benefician de la necesidad de unos cuantos. Pero cuando se le pregunta de qué vive, dice que de tres locales y que lo suyo es mero activismo. A los comerciantes “que están en posibilidades”, les cobra por tenerlos dentro de su organización. ¿Cuánto? “Lo que sea y lo que puedan”. En pocas palabras: la representación también cuesta.
Mujeres indígenas, hombres con la mirada cansada y niños que deberían de estar en la escuela se pasean por el lugar mientras “Don Chava” sigue platicando. Dice que su organización beneficia a quien se deja, y cuenta con un Banco de Alimentos, un dispensario médico y presume que les paga la escuela a 14 niños, hijos de sus agremiados.
Su organización se llama Frente de Resistencia de Comerciantes de Jalisco, y se formó después del colapso financiero de 1994, “cuando vimos que ya no había pa´dónde hacernos. La gente se empezó a organizar y yo lo encabecé” afirma Cabrera Vera.
Desde entonces, el hombre que suele usar pants, tenis y guayaberas como vestuario, es la misma persona que está detrás del negocio del reparto de espacios públicos en muchas zonas de la Ciudad.
PERFIL
“Sigo en la lucha”
Huérfano de padre a muy temprana edad, Salvador Cabrera Vera llegó a Guadalajara proveniente de Tototlán, Jalisco hace 50 años.
La suya ha sido una vida ligada al comercio: comenzó a trabajar como vendedor de verduras en locales de sus abuelos, en el Mercado Libertad. Después vendió chicles y periódicos en las esquinas.
Cabrera Vera cuenta que apenas estudio la primaria y se inscribió en la secundaria uno, cerca del barrio de San Andrés.
“Ahí me empecé a hacer rebelde. Soy de una generación de muchachos que veíamos que el sistema se estaba quebrando. Quisimos hacer muchas cosas. Pero los grupos se infiltraron. Ahora muchos de mi generación trabajan el Gobierno del Estado. Yo sigo en la lucha”.
LA ENTREVISTA
“Es hermoso vivir en resistencia y en rebeldía”
— Ustedes laboran al margen de la ley. Están fuera del reglamento.
— Claro, pero ¿quién no lo está? Ambulantes son muchos, pero sólo a nosotros nos quitan.
— Explíquenos cómo se da la corrupción, en qué momento se paga a los inspectores.
— Ellos forman un esquema hasta de pago a domicilio. Para que no los vean se quedan de ver en otra parte y ahí se da el dinero.
— ¿Qué haría si usted fuera el Director de Inspección y Vigilancia? ¿Cumpliría la ley?
— No, haría un padrón completo de los ambulantes que hay. Dejaría en paz a los artesanos porque son los que tienen más necesidad. Y a los demás los regularía: que paguen impuestos. Pero a la Iniciativa Privada le haría entender que los ambulantes no son competencia, son complemento. La solución está en que no se venda lo mismo, para no crear más fricciones.
— ¿Qué piensa de la Canaco?
— Que deberían de ofrecer mejores empleos en las empresas que tienen.
— ¿Le gusta lo que hace?
— Me encanta, es hermoso. Vivir en resistencia y en rebeldía.
— ¿Qué le diría a esa gente que piensa que usted es pilar del problema del comercio informal?
— Le diría que no tienen la necesidad que tienen las personas que viven del ambulantaje. Ser comerciante es vivir al día y vivir a raya. Yo reto a las autoridades a que me investiguen y que investiguen mi organización.