Jalisco

Diabetes infantil castiga la economía familiar

Alrededor de tres mil pesos mensuales cuesta el tratamiento que los menores con el padecimiento tipo 1 llevarán de por vida

GUADALAJARA, JALISCO (25/JUN/2012).- Abel Cuevas pensaba que la diabetes sólo debería preocuparle a aquellas personas con sobrepeso u obesidad hasta que la enfermedad alcanzó a uno de sus hijos. El pequeño Abel tenía ocho años de edad cuando fue a dar al hospital tras un debilitamiento anormal: había bebido y comido con apetito voraz y orinado incesantemente en días previos; sus padres no imaginaron que el diagnóstico trastocaría sus estilos de vida.

Los 500 miligramos de azúcar por decilitro de sangre que le detectaron en ese momento, cuando el nivel normal de glucosa oscila entre 75 y 100, explicaron el origen de sus síntomas: le anunciaron diabetes tipo 1, o infantil.

Hoy, a cuatro años de su diagnóstico, Abel es parte del 2% de personas con diabetes en Jalisco que padecen la enfermedad tipo 1, pues, según la Secretaría de Salud, el 98% restante corresponde a quienes viven con diabetes mellitus o tipo 2, que es originada por sobrepeso, obesidad, sedentarismo y una dieta desequilibrada.

Pero la que padecen Abel y cerca de 10 mil personas más en la entidad, entre los que predominan jóvenes y niños debido a que ésta aparece a temprana edad, no sólo es una enfermedad que los acompañará de por vida, sino que controlarla adecuadamente cuesta a una familia alrededor de tres mil pesos al mes.

Sin embargo, un paciente que requiera hospitalización llega a costarle al sector salud hasta 20 mil pesos.

El gasto se debe a que el tratamiento de la diabetes tipo 1 es obligatoriamente con tres o cuatro dosis diarias de insulina vía intravenosa, con su respectiva cantidad de jeringas; cuatro o cinco monitoreos de glucosa en la sangre al día, que implica utilizar el mismo número de tiras reactivas desechables para la medición, así como lancetas para pinchar y sangrar el dedo para la muestra, además de consultas con el endocrinólogo.

“El tratamiento es muy caro, un pomito de insulina vale 700 pesos y dura un mes (…) más los insumos; las tiritas medidoras de azúcar es lo más caro, una caja con 50 vale 350 pesos, nos dura 10 días”, relata el padre de Abel. “Al doctor vamos al Centro Médico de Occidente, pero cuando el niño tiene recaídas vamos con el endocrinólogo, y una consulta con él es de 600 o 700 pesos”.

El padre de familia sabe que si se esmera en cuidar bien a su hijo, hoy de 12 años de edad, su calidad de vida será igual que la de una persona saludable, aunque el precio sea alto: “Sí se resiente gastar tres mil pesos mensuales, sí es pesado”.

Contar con afiliación a alguna clase de seguro social, como del IMSS, ISSSTE o Seguro Popular, representa un apoyo para las familias con un miembro diabético tipo 1, pero sólo cubren insulina y algunas consultas, no los insumos, que representan un costo mínimo de mil 500 pesos al mes.

EN CONTROL
Sugerencias para prevenir la enfermedad


Para prevenir que la diabetes mellitus se desarrolle se necesita un cambio de cultura alimenticia; os hábitos de la familia son fundamentales.

Monitorear y controlar los niveles de glucosa en la sangre puede evitar el surgimiento de la enfermedad.

El proceso evolutivo de la diabetes es de entre cinco y siete años; la enfermedad podría evitarse si en este periodo se realizaran visitas al centro de salud para medir el nivel de glucosa.

CRÓNICA
Vivir con un “azuquítar que les sube y les baja”


Ocho niños juegan en el patio de una casa, ríen, vacilan, corren. Son niños con una talla ideal para su edad, buen color de piel, son como cualquier otro grupo de niños, hasta que se escucha una orden: “¡A checarse todos!”.

Se sientan en una banca, sacan su lanceta personal de la cangurera que cuelgan de su cadera, de buena gana y con minuciosidad la ubican sobre uno de sus deditos, activan el botón y la aguja se hunde y sale de su piel en fracciones de segundo.

Una buena gota de sangre es suficiente para que el glucómetro haga la medición de azúcar, a veces tienen que recurrir a presionarse el dedo para que salga más, si no lo logran, deben pincharse otra vez: todos tienen diabetes tipo 1.

Están en la sede local de la Asociación Mexicana de Diabetes, donde con juegos y charlas aprenden sobre su enfermedad y a no agobiarse por tenerla, pues va a acompañarlos toda su vida.

“Trato de rotar las zonas donde me inyecto y me tomo la glucosa, sí se hacen ampollas pero te acostumbras”, habla Hugo Franco, quien también frecuenta la Asociación desde que le detectaron diabetes a los 12 años, hoy tiene 26.

Al ser tan joven cuando recibió el diagnóstico, Hugo optó por no preocuparse tanto, no sabía en qué consistía su enfermedad crónico-degenerativa.

“Lo tomó como juego, decía que tenía una azuquítar que le subía y le bajaba”, cuenta su madre, María Guadalupe Alcalá. Aunque suena simpático, el cambio para su familia no fue amable, “como dicen, uno con diabetes y toda la familia tiene diabetes”.

El cambio en la alimentación y en los hábitos del núcleo más cercano al enfermo deben cambiar, si todos en la familia aceptan adecuar sus costumbres en solidaridad con su ser querido, la carga de la enfermedad se hace menor, pero es todo un proceso.

“Es un duelo, los niños tienen que vivir y asimilar la pérdida de la salud”, explica Ruth León Flores, educadora en diabetes de la Asociación. “Los papás son los que a veces llegan a estar más deprimidos por el hecho de que se sienten culpables, siendo que no tuvieron ellos nada que ver con la tipo uno”.

El siguiente paso es aceptar el tratamiento, que a decir de la también nutrióloga, se trata de un régimen que debería asumir cualquier persona, enferma o no.

“Realmente la alimentación de una persona con diabetes es la que todos deberíamos tener, que incluya frutas, verduras, cereales integrales, leche, grasas vegetales, semillas, grasas saludables, y el azúcar sólo se utiliza cuando la glucosa está baja, como todos deberíamos evitarla”.

La mejor herramienta contra toda enfermedad es la información, y la prevención.

GUÍA
¿Quién es quién?

Diabetes tipo 1


Aparece principalmente en edades tempranas a causa de una falla irreversible en la célula beta, del páncreas, que inhibe la generación natural de la hormona insulina.

El tratamiento para estos pacientes consiste en cuatro dosis de insulina al día, después de cada comida, vía intravenosa.

Si se tiene un control adecuado del tratamiento, se sigue una dieta equilibrada y el paciente se ejercita, su esperanza de vida puede ser igual que la de una persona saludable.

Las complicaciones de esta enfermedad pueden llevar al paciente a sufrir enfermedades renales, cardiovasculares, infartos, embolias, alteración del colesterol, triglicéridos, enfermedades de la vista, retinopatía, necropatía (daño en las terminaciones nerviosas), que ocurren si hay descuidos en el tratamiento.

Diabetes mellitus tipo 2

Es un trastorno metabólico que se caracteriza por mantener altos los niveles de glucosa en la sangre, ya que el azúcar no es asimilada por los órganos.

Suele presentarse en adultos mayores de 35 años, pero a causa de malos hábitos alimenticios, también se presenta en jóvenes y adolescentes con obesidad.

El tratamiento no es insulinodependiente, normalmente, consiste en la administración de medicamentos orales llamados agentes orales hipoglucemiantes.

De no controlar el nivel de glucosa en la sangre, las complicaciones pueden devenir en ceguera, alteraciones renales, pérdida de la sensibilidad, dificultades para sanar heridas y problemas cardiacos.

Síntomas de ambos tipos de diabetes

Aumento de sed, hambre y orina.

Pérdida de peso.

Acantosis (ennegrecimiento de la piel en pliegues y coyunturas).

Debilitamiento o sueño anormal.

Cómo prevenir la diabetes.

Procurando mantener un índice de masa corporal adecuado.

Realizando actividad física.

Con una dieta equilibrada.

Monitoreando periódicamente los niveles de glucosa en la sangre.

DESCONOCIMIENTO OCASIONA EXCLUSIÓN
Niños con el padecimiento son discriminados

El principal enemigo de la diabetes infantil no son los dulces, es la ignorancia. No es raro que una persona con el padecimiento haya ocultado esta condición en algún momento de su vida, pues el desconocimiento de la sociedad sobre ésta y la proliferación de mitos ocasionan que más de alguno rechace relacionarse con un diabético, al no saber cómo tratarlo.

“Cuando estuve en la secundaria me decían de cosas porque no tomaba refrescos y no comía allí. Lo ocultaba porque tenía miedo de que me discriminaran”, cuenta con disimulo Brenda Velazco, de 16 años, quien vive con diabetes tipo 1 desde hace tres.

A simple vista, los niños, jóvenes y adolescentes con esta clase de diabetes —que supone una falla irreversible en el páncreas impidiendo la producción natural de insulina— son personas activas, sin impedimentos o limitaciones físicas, pero que se pinchan los dedos hasta cinco veces al día para monitorear sus niveles de azúcar en la sangre.

Aunque para ellos se vuelva una tarea fundamental que asegurará su bienestar, no es una práctica común entre niños que se auto extraigan sangre, la embarren en una pequeña tira y la inserten en un aparato (glucómetro) que les dirá si la glucosa que presentan es la adecuada, y que además, dispongan de cuatro jeringas con insulina para clavárselas en el brazo durante el día. De ahí la rareza con que suelen ser tratados.

Para Ruth León Flores, coordinadora de educación y salud de la Asociación Mexicana de Diabetes delegación Jalisco, quien se encarga de orientar a grupos de menores con la enfermedad para hacer más llevadera su condición, la exclusión de diabéticos va más allá de su dificultad para forjar vínculos sociales.

Quienes lo viven, también deben enfrentar un cedazo más al perfilarse para obtener un empleo.

“Discriminan mucho en los trabajos por el hecho de tener diabetes, jóvenes que han salido de aquí terminan su carrera y tienen que ocultarla porque muchas veces no les dan el trabajo”, relata la especialista, “de hecho, si les hacen examen médico y están bien controlados, (los empleadores) no se dan cuenta de que los chavos tienen diabetes”.

Si bien la diabetes tipo 1 aparece por causas genéticas sin importar tallas, se trata de un problema de salud pública en incremento, pues la tipo 2 o mellitus, de cuatro años hacia la actualidad ha aparecido en personas cada vez más jóvenes a causa de la obesidad y los malos hábitos alimenticios, al grado de que hoy 17 de cada 100 jaliscienses tiene la enfermedad.

Maestros, sin capacitación sobre la enfermedad

Cuanto más pequeño es un niño diabético, más atención deben prestar quienes se encuentran a su cuidado. En la escuela, segunda casa de los pequeños, abundan los mayores que están en contacto directo con ellos, y pasar por alto el padecimiento de uno puede costar caro.

Ahí estriba la preocupación de Abel Cuevas, padre de Abel, quien padece diabetes tipo uno.

“En las escuelas desconocen por completo qué hacer- lamenta - lo que hemos hecho nosotros es darles nuestros teléfonos a los maestros para que en cualquier situación anómala nos hablen, y corremos cuando vemos que está decaído”.

“Los niños con diabetes necesitan un trato cercano, porque cuando tienen un episodio de hipoglucemia 15 minutos son vitales para ellos, un niño que se cae inconsciente y el maestro no sabe qué hacer, pueden pasan ampliamente los minutos y sería muy riesgoso”, infiere preocupado.

Sin embargo, al estar inscritos tres niños diabéticos en la misma primaria que su hijo, sabe que algunos maestros están angustiados por no saber sobre el tema, y les han sugerido tomar cursos por profesionales para evitar posibles tragedias, mas no ha llegado el día.

FRASE

"
Cuando estuve en la secundaria me decían de cosas porque no tomaba refrescos y no comía allí. Lo ocultaba porque tenía miedo de que me discriminaran "

Brenda Velazco,

joven de 16 años.

NUMERALIA
Diabéticos en Jalisco

70%
de los diabéticos tienen sobrepeso u obesidad.

98 de cada 100 casos de diabetes corresponden a la tipo dos.

17 de cada 100 jaliscienses padecen la enfermedad.

600 mil jaliscienses son diabéticos.

40% de éstos no está enterado de ello.

800 mil jaliscienses menores de 20 años son propensos a la enfermedad.

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