Jalisco
Comerciantes invaden el Centro Histórico
Conforme se acerca al mercado San Juan de Dios los puestos son más sofisticados
GUADALAJARA, JALISCO (01/AGO/2013).- Una vendedora de ropa, inundada de gorras, justo en el límite de la zona del primer cuadro de la ciudad en la calle Prisciliano Sánchez y la Calzada Independencia, a unos metros del Mercado Libertad, dice que sólo se debe pedir permiso a los inspectores para poner un
comercio ambulante en la zona. La vendedora no tiene autorización, se atiene a "lo que los inspectores digan".
La Calzada es una de las fronteras del Centro Histórico, donde la Secretaría General del Ayuntamiento de Guadalajara mantiene tolerados a decenas de comerciantes. Desde Avenida Federalismo a la Calzada, y de la calle Juan Manuel a Prisciliano Sánchez, se delimita el polígono señalado; sin embargo, desde la avenida Niños Héroes cerca nueve ambulantes aislados conviven como colegas.
Pequeñas mantas con celulares, herramientas, medicinas, películas y hasta preservativos es el abanico de productos de los vendedores que parecieran improvisados. Sólo desde avenida La Paz al inicio del llamado Centro Histórico hay 31 ambulantes.
Paso a paso, conforme se ve más cerca San Juan de Dios, los puestos son más sofisticados y las mantas se convierten en mesas y estructuras metálicas. A lo largo de la Calzada, desde Prisciliano Sánchez, hay alrededor de 70 comerciantes con su respectivo lugar de venta; y dejan sólo la mitad de la acera para los transeúntes.
El Mercado Libertad es el centro del ambulantaje en el primer cuadro Guadalajara, la plazoleta está llena de vendedores que voltean a todos lados como si no se concentraran en los compradores, sino en las acciones de sus colegas. Al poco rato vuelven en sí para decir: "Pásele, pásele; bara, bara".
El lugar es dominado por productos como celulares y perfumes, en cada escalón que lleve al Mercado, a la Plaza Tapatía, al puente peatonal, o a la Calzada, se puede ver un teléfono de marca y características distintas; casi 30 ambulantes se instalan sólo en esa zona.
El agobio que crean los gritos de los vendedores, el barullo de los transeúntes, y el escándalo de los autos incita a huir a un lugar en paz. Una opción es la Plaza Tapatía que podría liberar todas las penas anteriores, excepto una: los comerciantes ambulantes. En uno de los costados apenas a lado de la plazoleta del Mercado Libertad, hay 25 puestos bien delimitados de artesanos.
Presumen sus productos hechos en Oaxaca, Chiapas, Jalisco, Tonalá, Querétaro, y Guerrero. Sólo desentona un ambulante más que vende cigarros. Los dueños del espacio se instalaban en el Callejón del Diablo que ahora luce vacío.
Un ambiente no muy distinto se respira apenas a unas cuadras. En la calle Galeana al cruce con Morelos, el ruido urbano se mantiene y el número de personas aumenta. Los niños se entretienen persiguiendo a las palomas y burbujas que se originan del soplo de una mujer. Las pelotas de jabón líquido no sólo chocan contra los pequeños o el suelo, también con las decenas de ambulantes ubicados en ese cruce.
La zona de los andadores Pedro Loza, Santa Mónica, Morelos, Pedro Moreno y Colón es adornada por casi 50 ambulantes vistos como parte del paisaje urbano por dos policías en bicicleta que resguardan las calles.
Además, la avenida Ramón Corona es acordonada por 44 comerciantes, en ambas acera,s desde avenida Juárez a la calle Prisciliano Sánchez, justo antes del jardín Aranzazú, uno más de los lugares en tolerancia. Éste jardín tiene una menor preferencia por comerciantes, sólo alrededor de 13 se ubican ahí.
"Nosotros no pagamos mochada como los demás"
"Martín" es comerciante de artesanías wixáricas frente al Ex Convento del Carmen. Él, junto a 80 ambulantes más fue removido de la Plaza Fundadores. Son artesanos indígenas tzotziles, mixtecos, y wixáritari, los cuales no pagan ninguna cuota ni "mordida" a algún inspector, como lo hacen otros vendedores para ubicarse en una zona más céntrica, según el vendedor.
"Un artesano merece un espacio. Muchas veces aquí hay permisos y otros piden dinero, pero nosotros no damos. Por eso esperan cualquier detalle para atacarnos, porque no generamos dinero", dice Martín. Llegó a Guadalajara desde Mezquitic en el año 1996 para dedicarse a la pintura, años después inició a crear adornos, pulseras y figuras autóctonas.
Menciona que les iba mejor en el centro porque ahí pasan más turistas; lamenta que los mexicanos no valoren los productos. Confiesa que no le gusta la ciudad, "pero tengo que estar aquí porque hay mejores condiciones de vida (...) En nuestros pueblos no hay nada".
EL INFORMADOR / SAÚL PRIETO
La Calzada es una de las fronteras del Centro Histórico, donde la Secretaría General del Ayuntamiento de Guadalajara mantiene tolerados a decenas de comerciantes. Desde Avenida Federalismo a la Calzada, y de la calle Juan Manuel a Prisciliano Sánchez, se delimita el polígono señalado; sin embargo, desde la avenida Niños Héroes cerca nueve ambulantes aislados conviven como colegas.
Pequeñas mantas con celulares, herramientas, medicinas, películas y hasta preservativos es el abanico de productos de los vendedores que parecieran improvisados. Sólo desde avenida La Paz al inicio del llamado Centro Histórico hay 31 ambulantes.
Paso a paso, conforme se ve más cerca San Juan de Dios, los puestos son más sofisticados y las mantas se convierten en mesas y estructuras metálicas. A lo largo de la Calzada, desde Prisciliano Sánchez, hay alrededor de 70 comerciantes con su respectivo lugar de venta; y dejan sólo la mitad de la acera para los transeúntes.
El Mercado Libertad es el centro del ambulantaje en el primer cuadro Guadalajara, la plazoleta está llena de vendedores que voltean a todos lados como si no se concentraran en los compradores, sino en las acciones de sus colegas. Al poco rato vuelven en sí para decir: "Pásele, pásele; bara, bara".
El lugar es dominado por productos como celulares y perfumes, en cada escalón que lleve al Mercado, a la Plaza Tapatía, al puente peatonal, o a la Calzada, se puede ver un teléfono de marca y características distintas; casi 30 ambulantes se instalan sólo en esa zona.
El agobio que crean los gritos de los vendedores, el barullo de los transeúntes, y el escándalo de los autos incita a huir a un lugar en paz. Una opción es la Plaza Tapatía que podría liberar todas las penas anteriores, excepto una: los comerciantes ambulantes. En uno de los costados apenas a lado de la plazoleta del Mercado Libertad, hay 25 puestos bien delimitados de artesanos.
Presumen sus productos hechos en Oaxaca, Chiapas, Jalisco, Tonalá, Querétaro, y Guerrero. Sólo desentona un ambulante más que vende cigarros. Los dueños del espacio se instalaban en el Callejón del Diablo que ahora luce vacío.
Un ambiente no muy distinto se respira apenas a unas cuadras. En la calle Galeana al cruce con Morelos, el ruido urbano se mantiene y el número de personas aumenta. Los niños se entretienen persiguiendo a las palomas y burbujas que se originan del soplo de una mujer. Las pelotas de jabón líquido no sólo chocan contra los pequeños o el suelo, también con las decenas de ambulantes ubicados en ese cruce.
La zona de los andadores Pedro Loza, Santa Mónica, Morelos, Pedro Moreno y Colón es adornada por casi 50 ambulantes vistos como parte del paisaje urbano por dos policías en bicicleta que resguardan las calles.
Además, la avenida Ramón Corona es acordonada por 44 comerciantes, en ambas acera,s desde avenida Juárez a la calle Prisciliano Sánchez, justo antes del jardín Aranzazú, uno más de los lugares en tolerancia. Éste jardín tiene una menor preferencia por comerciantes, sólo alrededor de 13 se ubican ahí.
"Nosotros no pagamos mochada como los demás"
"Martín" es comerciante de artesanías wixáricas frente al Ex Convento del Carmen. Él, junto a 80 ambulantes más fue removido de la Plaza Fundadores. Son artesanos indígenas tzotziles, mixtecos, y wixáritari, los cuales no pagan ninguna cuota ni "mordida" a algún inspector, como lo hacen otros vendedores para ubicarse en una zona más céntrica, según el vendedor.
"Un artesano merece un espacio. Muchas veces aquí hay permisos y otros piden dinero, pero nosotros no damos. Por eso esperan cualquier detalle para atacarnos, porque no generamos dinero", dice Martín. Llegó a Guadalajara desde Mezquitic en el año 1996 para dedicarse a la pintura, años después inició a crear adornos, pulseras y figuras autóctonas.
Menciona que les iba mejor en el centro porque ahí pasan más turistas; lamenta que los mexicanos no valoren los productos. Confiesa que no le gusta la ciudad, "pero tengo que estar aquí porque hay mejores condiciones de vida (...) En nuestros pueblos no hay nada".
EL INFORMADOR / SAÚL PRIETO