Jalisco
Ahuyentan a la delincuencia en la Colonia Americana
Mediante un sistema de alarma colectivo y comunicación entre ellos, los habitantes de distintas zonas se han organizado para combatir los actos delictivos
GUADALAJARA, JALISCO (11/MAR/2013).- Se mantienen en sigilo, observan y atacan. Los ladrones se aprovechan del temor, el individualismo y la deficiente comunicación para hacer de las suyas en las zonas de jugosos botines; más cuando detectan que son vulnerables. Ejemplo de ello es la Colonia Americana, multicitado espacio de Guadalajara ya que en los últimos años se ha vuelto sitio de saqueo para los delincuentes, pero algunos vecinos se han cansado de observar y han comenzado a actuar... a silbatazos.
En dos zonas distintas —registradas por este medio— han emprendido acciones para reducir los atracos: en la que colinda con Lafayette y en la anexa al templo Expiatorio.
En la primera, los moradores simplemente se cansaron de que desde hace un par de años los robos hayan ido en escalada: desde baterías de coche y autopartes, a transeúntes y finalmente desvalijar casas. Fue en esta zona, sobre la calle Argentina, entre La Paz y Montenegro, donde los habitantes implementaron un sistema de alarma colectivo de silbatos, entre otras medidas, que tuvieron como resultado que en tres meses ya no se hayan registrado delitos en el lugar.
Tras robos en su persona y percatarse de atracos en casi toda la cuadra, Lorenzo Arcos García, uno de los vecinos, buscó coordinarse con el resto de víctimas hace algunos meses: “Esto no es normal”.
En poco tiempo, lograron reunirse cada 15 días para establecer acciones y más: ya se conocen y, por ende, hay más interés en cuidarse los unos a los otros. Son reglas básicas de supervivencia aplicadas a la vida social: los cazadores ubican a las presas más vulnerables y tratan de separarlas, pero si éstas se mantienen unidas, será más difícil que se logre el objetivo. La misantropía y aislamiento juegan de parte de los criminales.
Lo más destacable —y económico— fue el uso de silbatos. Los vecinos se mantienen alertas de movimientos, ruidos y sombras; cuando ven algo sospechoso, entonces se comunican entre ellos mediante códigos de silbatazos. Esto alerta tanto a los demás vecinos como a los mismos delincuentes, que ponen pies en polvorosa.
El intercambio de números telefónicos entre los habitantes y la instalación de sistemas de seguridad también contribuye a que ya no se presenten delitos; sin embargo, esto sí es caro, pues por las alarmas, las rejas y el alambrado electrificado, Claudia pagó alrededor de 20 mil pesos. Javier, otro tanto igual, y el inmueble que usa tiene apariencia de búnker.
No obstante, sus acciones se han extendido cuadras a la redonda y ya han llamado la atención de asociaciones de colonos, como de Lafayette, que tratan de adoptar el sistema tras el éxito obtenido.
Comunicación cercana con la Policía
Unas cuadras más al oriente, en Madero, entre Enrique Díaz de León y Robles Gil, el presidente de colonos de la Colonia Americana zona Expiatorio, Daniel García, también al ver el aumento de robos intentó usar los silbatos para ahuyentar a los rateros, pero sin mucho éxito, pues no todos adoptaron la medida: “Desgraciadamente sí hay resistencia de vecinos, porque yo no sé si se sienten ridículos, si se sienten como que... no entiendo su reacción. Pero yo siento que si todos nos pusiéramos la camiseta, [...] nos libraríamos mucho de esas personas”.
Su teoría era que con los silbatos también se puede alertar a la Policía, que acudirá al sitio que intenta ser saqueado.
No obstante, la baja respuesta lo llevó a tomar acciones distintas que también implican comunicación con los vecinos: intercambiar teléfonos y tener a la mano el número del oficial asignado a la zona. Ahora, cuando ven movimientos sospechosos, llaman al elemento municipal, quien raudo y veloz en su bicicleta acude al llamado no sin antes pedir refuerzos.
A raíz de la comunicación entre vecinos, en el sitio se han reducido los robos, estimó Daniel García, en 70%: “En tiempo pasado faltaba apoyo, ya no me quejo”.
"PONEN EN ALERTA A LOS LADRONES"
La Policía, contra el uso de silbatos
“El efecto cucaracha”, explicaron oficiales de la Secretaría de Seguridad Ciudadana asignados a la Colonia Americana, es lo que origina el uso de los silbatos en contra de los maleantes. Cuando la ciudadanía se percata de un hecho delictivo y emite silbatazos en efecto en cadena, el delincuente se pone en alerta y huye de inmediato. El resultado: no se consumó el delito, pero el hampón sigue suelto y y se moverá a otro sitio. El problema simplemente se traslada.
Por ello, otro de los policías explicó que la estrategia en la zona Expiatorio, donde se prefiere la cercanía con la autoridad al uso de códigos sonoros, es mejor, pues al advertir a los elementos de seguridad hay más posibilidades de atrapar al malhechor. Y acaso tenga razón. En tres meses del uso del silbato en la calle Argentina no se han registrado robos.
—¿Y cuántas detenciones se han logrado en este tiempo?
—Ninguna —admitió Lorenzo Arcos.
Pero la gente tiene miedo o es renuente a actuar. Se prefiere que otro lo haga, según lo expuesto por uno de los policías. Generalmente, las personas denuncian cuando ya pasó el hecho, y no mientras ocurre.
LA ALTERNATIVA
Eficientar el contacto
Uno de los elementos de Seguridad de Guadalajara —que reservó su nombre— insistió en que retomar la policía de proximidad es una buena medida para reprimir los ilícitos.
El programa consiste en que la población tenga contacto con el personal asignado a su zona y que le llame a algún número directo en casos de emergencias. “Preferible al engorroso trámite de reportes 066”, dice.
Lo difícil de la ecuación es que la ciudadanía se coordine y ponga de su parte al comprometerse a alertar y proteger a su comunidad.
En dos zonas distintas —registradas por este medio— han emprendido acciones para reducir los atracos: en la que colinda con Lafayette y en la anexa al templo Expiatorio.
En la primera, los moradores simplemente se cansaron de que desde hace un par de años los robos hayan ido en escalada: desde baterías de coche y autopartes, a transeúntes y finalmente desvalijar casas. Fue en esta zona, sobre la calle Argentina, entre La Paz y Montenegro, donde los habitantes implementaron un sistema de alarma colectivo de silbatos, entre otras medidas, que tuvieron como resultado que en tres meses ya no se hayan registrado delitos en el lugar.
Tras robos en su persona y percatarse de atracos en casi toda la cuadra, Lorenzo Arcos García, uno de los vecinos, buscó coordinarse con el resto de víctimas hace algunos meses: “Esto no es normal”.
En poco tiempo, lograron reunirse cada 15 días para establecer acciones y más: ya se conocen y, por ende, hay más interés en cuidarse los unos a los otros. Son reglas básicas de supervivencia aplicadas a la vida social: los cazadores ubican a las presas más vulnerables y tratan de separarlas, pero si éstas se mantienen unidas, será más difícil que se logre el objetivo. La misantropía y aislamiento juegan de parte de los criminales.
Lo más destacable —y económico— fue el uso de silbatos. Los vecinos se mantienen alertas de movimientos, ruidos y sombras; cuando ven algo sospechoso, entonces se comunican entre ellos mediante códigos de silbatazos. Esto alerta tanto a los demás vecinos como a los mismos delincuentes, que ponen pies en polvorosa.
El intercambio de números telefónicos entre los habitantes y la instalación de sistemas de seguridad también contribuye a que ya no se presenten delitos; sin embargo, esto sí es caro, pues por las alarmas, las rejas y el alambrado electrificado, Claudia pagó alrededor de 20 mil pesos. Javier, otro tanto igual, y el inmueble que usa tiene apariencia de búnker.
No obstante, sus acciones se han extendido cuadras a la redonda y ya han llamado la atención de asociaciones de colonos, como de Lafayette, que tratan de adoptar el sistema tras el éxito obtenido.
Comunicación cercana con la Policía
Unas cuadras más al oriente, en Madero, entre Enrique Díaz de León y Robles Gil, el presidente de colonos de la Colonia Americana zona Expiatorio, Daniel García, también al ver el aumento de robos intentó usar los silbatos para ahuyentar a los rateros, pero sin mucho éxito, pues no todos adoptaron la medida: “Desgraciadamente sí hay resistencia de vecinos, porque yo no sé si se sienten ridículos, si se sienten como que... no entiendo su reacción. Pero yo siento que si todos nos pusiéramos la camiseta, [...] nos libraríamos mucho de esas personas”.
Su teoría era que con los silbatos también se puede alertar a la Policía, que acudirá al sitio que intenta ser saqueado.
No obstante, la baja respuesta lo llevó a tomar acciones distintas que también implican comunicación con los vecinos: intercambiar teléfonos y tener a la mano el número del oficial asignado a la zona. Ahora, cuando ven movimientos sospechosos, llaman al elemento municipal, quien raudo y veloz en su bicicleta acude al llamado no sin antes pedir refuerzos.
A raíz de la comunicación entre vecinos, en el sitio se han reducido los robos, estimó Daniel García, en 70%: “En tiempo pasado faltaba apoyo, ya no me quejo”.
"PONEN EN ALERTA A LOS LADRONES"
La Policía, contra el uso de silbatos
“El efecto cucaracha”, explicaron oficiales de la Secretaría de Seguridad Ciudadana asignados a la Colonia Americana, es lo que origina el uso de los silbatos en contra de los maleantes. Cuando la ciudadanía se percata de un hecho delictivo y emite silbatazos en efecto en cadena, el delincuente se pone en alerta y huye de inmediato. El resultado: no se consumó el delito, pero el hampón sigue suelto y y se moverá a otro sitio. El problema simplemente se traslada.
Por ello, otro de los policías explicó que la estrategia en la zona Expiatorio, donde se prefiere la cercanía con la autoridad al uso de códigos sonoros, es mejor, pues al advertir a los elementos de seguridad hay más posibilidades de atrapar al malhechor. Y acaso tenga razón. En tres meses del uso del silbato en la calle Argentina no se han registrado robos.
—¿Y cuántas detenciones se han logrado en este tiempo?
—Ninguna —admitió Lorenzo Arcos.
Pero la gente tiene miedo o es renuente a actuar. Se prefiere que otro lo haga, según lo expuesto por uno de los policías. Generalmente, las personas denuncian cuando ya pasó el hecho, y no mientras ocurre.
LA ALTERNATIVA
Eficientar el contacto
Uno de los elementos de Seguridad de Guadalajara —que reservó su nombre— insistió en que retomar la policía de proximidad es una buena medida para reprimir los ilícitos.
El programa consiste en que la población tenga contacto con el personal asignado a su zona y que le llame a algún número directo en casos de emergencias. “Preferible al engorroso trámite de reportes 066”, dice.
Lo difícil de la ecuación es que la ciudadanía se coordine y ponga de su parte al comprometerse a alertar y proteger a su comunidad.