Jalisco
“A veces nos la rifamos…”
Los ambulantes del Centro Histórico hablan acerca de su actividad y las travesías de su día a día
GUADALAJARA, JALISCO (02/NOV/2012).- Marco Antonio toma su mercancía con la mano derecha y camina presurosamente por la Avenida Alcalde. No corre, como no queriendo parecer lo suficientemente evidente. Voltea hacia la derecha, izquierda, atrás y adelante repetidamente, buscando a alguien que, siente, lo persigue.
Llega a la esquina de Alcalde y la calle San Felipe; se interna en esta vía tras cruzar la avenida y camina diagonalmente, hasta quedar escondido detrás de un tianguis navideño que apenas se está levantando.
— ¡El otro perro fue el que dio el pitazo! — se queja Daniel, sin apuntar a ningún lado; él, al igual que Marco Antonio, es vendedor ambulante en la esquina de la Avenida Alcalde y Juan Manuel. Marco Antonio sólo asiente con la cabeza. Está más preocupado por que no lo vean los inspectores del Ayuntamiento de los que escapaba hace unos segundos —quienes tenían la orden de pedir a todo ambulante que abandonara el lugar— y por poner su mercancía en el suelo, una base que sostiene lentes para el sol.
Marco Antonio no tiene que hacer más que mantenerse de pie. A su derecha, recargada contra la pared, está la base que sostiene los lentes para el sol. Unos pasos más adelante, en la misma esquina, está Daniel, quien camina de un lado a otro en busca de alguien que le compre las pilas que oferta.
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— ¿A usted ya le pidieron que se moviera?
— Sí, ya me dijeron que me moviera, pero a veces nos la rifamos.
Responde con resignación. Hace 10 años que Marco Antonio se dedica al comercio ambulante y en ese andar ya ha tenido experiencias varias con el Ayuntamiento. Están los inspectores que, dice, le quitan la mercancía y se la reparten entre ellos; otros más les piden una cuota semanal que ronda los 250 pesos para poder quedarse donde están.
El dinero que obtiene por la venta de los lentes es su único ingreso. A veces saca entre 100 y 150 pesos. Otros días tiene peor suerte y regresa a casa sin ganancias.
Pese a la advertencia de que se retirara del lugar, él sigue rifándosela. Hasta que alcanza a ver a los inspectores y comienza a caminar por la Avenida Alcalde, como si alguien lo persiguiera.
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— ¿Cuánto has ganado hoy?
— Pues como 30 pesos.
El día ronda las 13:00 horas y Marco Antonio comienza a quitar los lentes de la base que los sostiene. Ya tomó una decisión: con inspectores del Ayuntamiento en todo el centro, vigilando que los ambulantes no ocupen las banquetas, trabajar es una tarea difícil. No le agrada la idea, pero probablemente el hecho de comprometer su mercancía le gusta menos. Hora de retirarse con los 30 pesos ganados.
— ¿Regresarás mañana?
— Pues a ver cómo le hago. La necesidad es la necesidad.
EL INFORMADOR/ ROBERTO MEDINA
Llega a la esquina de Alcalde y la calle San Felipe; se interna en esta vía tras cruzar la avenida y camina diagonalmente, hasta quedar escondido detrás de un tianguis navideño que apenas se está levantando.
— ¡El otro perro fue el que dio el pitazo! — se queja Daniel, sin apuntar a ningún lado; él, al igual que Marco Antonio, es vendedor ambulante en la esquina de la Avenida Alcalde y Juan Manuel. Marco Antonio sólo asiente con la cabeza. Está más preocupado por que no lo vean los inspectores del Ayuntamiento de los que escapaba hace unos segundos —quienes tenían la orden de pedir a todo ambulante que abandonara el lugar— y por poner su mercancía en el suelo, una base que sostiene lentes para el sol.
Marco Antonio no tiene que hacer más que mantenerse de pie. A su derecha, recargada contra la pared, está la base que sostiene los lentes para el sol. Unos pasos más adelante, en la misma esquina, está Daniel, quien camina de un lado a otro en busca de alguien que le compre las pilas que oferta.
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— ¿A usted ya le pidieron que se moviera?
— Sí, ya me dijeron que me moviera, pero a veces nos la rifamos.
Responde con resignación. Hace 10 años que Marco Antonio se dedica al comercio ambulante y en ese andar ya ha tenido experiencias varias con el Ayuntamiento. Están los inspectores que, dice, le quitan la mercancía y se la reparten entre ellos; otros más les piden una cuota semanal que ronda los 250 pesos para poder quedarse donde están.
El dinero que obtiene por la venta de los lentes es su único ingreso. A veces saca entre 100 y 150 pesos. Otros días tiene peor suerte y regresa a casa sin ganancias.
Pese a la advertencia de que se retirara del lugar, él sigue rifándosela. Hasta que alcanza a ver a los inspectores y comienza a caminar por la Avenida Alcalde, como si alguien lo persiguiera.
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— ¿Cuánto has ganado hoy?
— Pues como 30 pesos.
El día ronda las 13:00 horas y Marco Antonio comienza a quitar los lentes de la base que los sostiene. Ya tomó una decisión: con inspectores del Ayuntamiento en todo el centro, vigilando que los ambulantes no ocupen las banquetas, trabajar es una tarea difícil. No le agrada la idea, pero probablemente el hecho de comprometer su mercancía le gusta menos. Hora de retirarse con los 30 pesos ganados.
— ¿Regresarás mañana?
— Pues a ver cómo le hago. La necesidad es la necesidad.
EL INFORMADOR/ ROBERTO MEDINA