Jalisco
A cinco kilómetros
La guerra de números entre el Gobierno estatal y los dirigentes universitarios no se entiende ni se recuerda entre los gritos
Cambio de trayecto a última hora provoca caos vehicular
GUADALAJARA, JALISCO (03/SEP/2010).- Apenas empezaron las clases en el CUCSH cuando ya estaban repartiendo calcomanías y consignas en la Glorieta de Avenida de los Maestros. Las asignaturas no se suspendieron en su totalidad, pero sí las de los estudiantes de intercambio, quienes recibieron una playera roja que reza “Estudios Internacionales”.
Eran las 08:15 y cinco kilómetros los separaban de Casa Jalisco, destino de la tercera marcha para pedir más presupuesto. Así comenzó todo.
La guerra de números entre el Gobierno estatal y los dirigentes universitarios no se entiende ni se recuerda entre los gritos. Sudando y con la piel roja, vale más la voz que dice “No somos uno, ni somos 10, somos estudiantes de la UdeG”, que decir que la institución reclama 520 millones de pesos para construir más escuelas y el Centro Cultural Universitario.
No todos los muchachos del CUCSH saben a ciencia cierta cuánto piden, lo que sí saben contar son los años que tienen prometiéndoles que los cambiarán a una nueva escuela que sigue en obra negra en la zona de Los Belenes.
Cuando daban vuelta para tomar la calle San Felipe, ya había cerca de mil jóvenes de la Preparatoria 1 que se sumaban al contingente. Acompañados por una piñata que caracterizaba al gobernador como Pinocho, que en esa nariz larga y picuda llevaba una cubierta de papel que decía “I love UdeG”, sonaban los tambores, se sentía la energía de los estudiantes de preparatoria, el músculo de quienes, dicen los propios maestros, son la mayor fuerza política del Estado.
Al frente del contingente, Roberto López, César Barba y Pablo Arredondo fueron quienes menos gritaron.
Estudiantes había cientos, decenas los reporteros quienes vieron jaloneos al punto de colapso frente a Casa Jalisco. El personal de seguridad de la Rectoría General funcionó en el recorrido para controlarlos, pero no frente a la puerta de madera que jamás abrió en la calle Manuel Acuña.
Los funcionarios dejaron un paquete de libros y una petición; prometieron volver, quizá no ellos, pero sí la UdeG.
GUADALAJARA, JALISCO (03/SEP/2010).- Apenas empezaron las clases en el CUCSH cuando ya estaban repartiendo calcomanías y consignas en la Glorieta de Avenida de los Maestros. Las asignaturas no se suspendieron en su totalidad, pero sí las de los estudiantes de intercambio, quienes recibieron una playera roja que reza “Estudios Internacionales”.
Eran las 08:15 y cinco kilómetros los separaban de Casa Jalisco, destino de la tercera marcha para pedir más presupuesto. Así comenzó todo.
La guerra de números entre el Gobierno estatal y los dirigentes universitarios no se entiende ni se recuerda entre los gritos. Sudando y con la piel roja, vale más la voz que dice “No somos uno, ni somos 10, somos estudiantes de la UdeG”, que decir que la institución reclama 520 millones de pesos para construir más escuelas y el Centro Cultural Universitario.
No todos los muchachos del CUCSH saben a ciencia cierta cuánto piden, lo que sí saben contar son los años que tienen prometiéndoles que los cambiarán a una nueva escuela que sigue en obra negra en la zona de Los Belenes.
Cuando daban vuelta para tomar la calle San Felipe, ya había cerca de mil jóvenes de la Preparatoria 1 que se sumaban al contingente. Acompañados por una piñata que caracterizaba al gobernador como Pinocho, que en esa nariz larga y picuda llevaba una cubierta de papel que decía “I love UdeG”, sonaban los tambores, se sentía la energía de los estudiantes de preparatoria, el músculo de quienes, dicen los propios maestros, son la mayor fuerza política del Estado.
Al frente del contingente, Roberto López, César Barba y Pablo Arredondo fueron quienes menos gritaron.
Estudiantes había cientos, decenas los reporteros quienes vieron jaloneos al punto de colapso frente a Casa Jalisco. El personal de seguridad de la Rectoría General funcionó en el recorrido para controlarlos, pero no frente a la puerta de madera que jamás abrió en la calle Manuel Acuña.
Los funcionarios dejaron un paquete de libros y una petición; prometieron volver, quizá no ellos, pero sí la UdeG.