Internacional
Lula da Silva dio clases de alta política en 2009
El presidente brasileño puso a su país en el candelero del mundo por sus atinadas estrategias, le ganó a EU las Olimpiadas de 2016
CIUDAD DE MÉXICO.- Un héroe es alguien que realiza acciones extraordinarias en beneficio de los demás. El historiador inglés Thomas Carlyle decía que los héroes son los grandes hombres, “los forjadores” de cuanto ha logrado la humanidad y que cuanto vemos en la Tierra es el resultado de la materialización de sus pensamientos.
En contrapartida, un villano es alguien que causa daño a sus semejantes, que destruye en lugar de construir.
En el mundo contemporáneo es difícil asignar la condición de héroe a gobernantes y políticos, que más bien podrían encajar sin dificultad en la condición de seres sin escrúpulos, malvados.
Con todo, sin ver las cosas sólo en blanco y negro, es posible reconocer a personajes que actúan con mejores propósitos —ideales— que otros. Bajo esta premisa se ubican a cinco héroes y algunos villanos de 2009.
Luiz Inacio Lula da Silva
Ocurrió un día de 2009 en Río de Janeiro. La periodista Alicia Martínez Pardies, presidenta de la Asociación de Corresponsales Extranjeros, tuvo la oportunidad de cruzar unas palabras con el presidente Luiz Inacio Lula da Silva y, solidaria con sus colegas en la Cidade Maravilhosa, le preguntó cuándo sería el día que le daría una conferencia de prensa para todos los periodistas acreditados allí.
Fiel a su estilo, Lula le respondió con una franqueza desbordante y con la negociación lista para desenfundar: “Para qué le voy a dar una entrevista a ustedes. Si ustedes hablan muy bien de mí y me tratan bien… Hagamos un trato. Ustedes organizan una manifestación con cacerolas y todo para que la prensa brasileña me trate mejor y yo les doy la entrevista…”
Ese episodio muestra al presidente de Brasil en su entera dimensión política y no deja lugar a dudas de que Lula es el personaje del año. Al menos así lo determinan las publicaciones más serias en todo el mundo, y no porque estén dispuestas a tratarlo mejor o peor que la prensa brasileña, sino en virtud del sitio en el que ha logrado colocar a su país en materia geopolítica, por haber logrado que la ciudad de Río de Janeiro sea la sede de los Juegos Olímpicos en 2016, dos años después de que el país organice el segundo mundial de su historia (el primero fue en 1950).
Esos logros y su carismático liderazgo volvieron a ponerse de manifiesto en la reciente cumbre de Copenhague, cuando se sentó a la mesa de los países poderosos y emergentes, cerca, muy cerca del presidente estadounidense Barack Obama, con quien venía de protagonizar un “combate” por la forma en que este último resolvió la crisis en Honduras, con unas elecciones y un nuevo gobierno que Brasil ha dicho que no reconocerá.
En sus seis años como presidente, Brasil creció, como creció su mercado interno y su clase media. Más de 20 millones de brasileños salieron de los subsuelos de la pobreza y los empresarios y banqueros, de poder, volverían a preferir a ese obrero metalúrgico “de la buena estrella”, el mejor vendedor de “la marca Brasil” que pueda existir.
El hombre que apenas si concluyó la educación elemental, pero supo poner a su país en la mesa de los grandes para negociar como negocia, con el enmarañado y muchas veces corrupto congreso de su país, con el venezolano Hugo Chávez o con el mismísimo Obama.
Era eso lo que ya lo obsesionaba cuando, desde la oposición, atravesaba el largo desierto hacia la Presidencia allá por 1997. Cuauhtémoc Cárdenas acababa de convertirse en el primer jefe de Gobierno electo de izquierda en el Distrito Federal y llegaba a Porto Alegre para participar de una reunión del Foro de Sao Paulo, que agrupaba a partidos de diferente tendencia de izquierda en América Latina.
Lula ya estaba en la carrera presidencial, por tercera vez, la que volvería a perder un año después. En la reunión se cuestionaba por igual al neoliberalismo y al Gobierno de Bill Clinton, hasta que Lula pidió la palabra y dijo que “sabemos lo que no queremos, el neoliberalismo y sus consecuencias nefastas, pero nosotros en lugar de andar repudiando a unos y a otros y perdiendo el tiempo en discutir aquí, tendríamos que estar pidiendo audiencias con Clinton y los poderosos para discutir de igual a igual y proponer alternativas”.
Eso fue precisamente lo que hizo desde que arrancó el Lulagobierno. Se ha sentado en la mesa de los grandes, apoyado por 190 millones de brasileños detrás; ha negociado hasta el hartazgo y ha gobernado aferrado a esa “buena estrella” que lo caracteriza y que en este 2009 lo ayudó a convertirse en el hombre del año.
Barack Obama
El presidente de Estados Unidos culminó el año con la aprobación del Senado a su plan de Salud, piedra angular de sus metas de Gobierno, aunque aún está pendiente la conciliación de los proyectos de ambas cámaras. Un aspecto clave, la opción pública de seguro médico, podría morir en las negociaciones. El primer mandatario afroestadounidense tiene en sus manos el Premio Nobel de la Paz 2009, un galardón que lo compromete a salir adelante con su estrategia para volver de Afganistán un país menos inestable, con el desplazamiento de casi 30 mil tropas adicionales. Obama es todavía una promesa de cambio en otros aspectos.
“Pepe” Mujica
Fue su año. Sin duda. “El año del Pepe”, dicen los uruguayos. Después de una vida dedicada a la política, posterior a su etapa como guerrillero, y con más de 12 años de prisión en condiciones infrahumanas, y cuando pocos lo creían posible por una cuestión de edad, José Mujica, el político cuyo carisma y bonomía supo conquistar los corazones y los votos de los Uruguayos, llegó a la Presidencia. Mujica, el político más popular del país desde 2004, asumirá el poder el próximo 1 de marzo.
Aminetu Haidar
La activista saharaui venció con 32 días en huelga de hambre la intransigencia del régimen marroquí que le impedía volver a su casa en El Aaiún, capital del Sáhara Occidental, un territorio colonial del Norte de África que aún lucha por su autodeterminación en pleno siglo XXI. Haidar, de 42 años, ha dedicado más de la mitad de su vida a lograr la materialización de la República Árabe Saharaui Democrática. Denunció nuevamente las violaciones a los derechos humanos de sus compatriotas por parte de Rabat.
Aung San Suu Kyi
Dos décadas de arresto domiciliario no han doblegado a la luchadora por la democracia en Myanmar, la antigua colonia británica del sudeste asiático. Reconocida como prisionera de conciencia por Amnistía Internacional y laureada con el premio Nobel de la Paz en 1991, Aung ha declinado aceptar el exilio, a fin de mantener vivas, con su ejemplo, las ideas de respeto a los derechos humanos y políticos que vulnera cotidianamente la junta militar de Rangún.
Los ogros
Micheletti se metió en honduras
Así como en Honduras su edad llegó a generar opiniones encontradas (para unos tiene 66 y para otros 61), su meteórico ascenso y fugaz paso por la presidencia también divide las opiniones.
Para unos, Roberto Micheletti fue un salvador. Para otros, la cara visible de una conspiración encarnada por poderes económicos y políticos. Para el resto del mundo, este veterano dirigente del Partido Liberal es un vil dictador.
Conservador y antichavista confeso, Micheletti había peleado por la postulación presidencial en 2008, cuando perdió ante el ex vicepresidente Elvin Santos, pero el golpe cívico-militar del 13 de junio lo catapultó a la presidencia de facto.
Micheletti resistió todos los embates locales y extranjeros para que Manuel Zelaya regresara al poder, reprimió todo lo que pudo en las calles y aisló como nunca antes, en tiempos constitucionales, a su país.
Incluso su juego perverso para perpetuarse o para liderar el proceso electoral que desembocó con los comicios de noviembre último y el triunfo de Porfirio Lobo, provocó los primeros cortocircuitos en la relación entre Washington y Brasilia.
Silvio Berlusconi
Primer ministro italiano, magnate de los medios de comunicación y don juan.
Medios internacionales difundieron embarazosas fotos de sus fiestas en Villa Certosa que involucraron a otros políticos. Luego, Patrizia D’Addario, una prostituta que acudió a dichas fiestas, reveló detalles íntimos de Il Cavaliere. Su esposa entabló un divorcio millonario en su contra. La justicia rechazó una ley que le daba inmunidad y un inconforme le rompió la nariz y la boca al golpearlo con una estatuilla.
Mahmoud Ahmadinejad
Presidente de uno de los países considerados como “ejes del mal”, Ahmadinejad arrancó en agosto un segundo periodo presidencial hundido en el descrédito y en medio de las peores protestas que se hayan visto en Irán desde la revolución islámica. El mandatario ha causado el revuelo de la comunidad internacional tras descubrirse que tiene una planta secreta de enriquecimiento de uranio. Pero el mayor rechazo lo ha enfrentado entre los jóvenes iraníes, que pese a la represión ordenada desde el Gobierno, han expresado su rechazo al fraude.
Umar Faruk Abdulmutallab
Hasta el 25 de diciembre, este joven de 23 años era un total desconocido para el mundo, aunque no para Estados Unidos. Su pasión ha sido el Islam. Por eso abandonó la maestría en Dubai y viajó a Yemen para estudiar la ley islámica (sharia). Ese interés lo llevó a entablar contacto con la red terrorista Al-Qaeda y, al final, a lanzar un fallido atentado en un avión.
En contrapartida, un villano es alguien que causa daño a sus semejantes, que destruye en lugar de construir.
En el mundo contemporáneo es difícil asignar la condición de héroe a gobernantes y políticos, que más bien podrían encajar sin dificultad en la condición de seres sin escrúpulos, malvados.
Con todo, sin ver las cosas sólo en blanco y negro, es posible reconocer a personajes que actúan con mejores propósitos —ideales— que otros. Bajo esta premisa se ubican a cinco héroes y algunos villanos de 2009.
Luiz Inacio Lula da Silva
Ocurrió un día de 2009 en Río de Janeiro. La periodista Alicia Martínez Pardies, presidenta de la Asociación de Corresponsales Extranjeros, tuvo la oportunidad de cruzar unas palabras con el presidente Luiz Inacio Lula da Silva y, solidaria con sus colegas en la Cidade Maravilhosa, le preguntó cuándo sería el día que le daría una conferencia de prensa para todos los periodistas acreditados allí.
Fiel a su estilo, Lula le respondió con una franqueza desbordante y con la negociación lista para desenfundar: “Para qué le voy a dar una entrevista a ustedes. Si ustedes hablan muy bien de mí y me tratan bien… Hagamos un trato. Ustedes organizan una manifestación con cacerolas y todo para que la prensa brasileña me trate mejor y yo les doy la entrevista…”
Ese episodio muestra al presidente de Brasil en su entera dimensión política y no deja lugar a dudas de que Lula es el personaje del año. Al menos así lo determinan las publicaciones más serias en todo el mundo, y no porque estén dispuestas a tratarlo mejor o peor que la prensa brasileña, sino en virtud del sitio en el que ha logrado colocar a su país en materia geopolítica, por haber logrado que la ciudad de Río de Janeiro sea la sede de los Juegos Olímpicos en 2016, dos años después de que el país organice el segundo mundial de su historia (el primero fue en 1950).
Esos logros y su carismático liderazgo volvieron a ponerse de manifiesto en la reciente cumbre de Copenhague, cuando se sentó a la mesa de los países poderosos y emergentes, cerca, muy cerca del presidente estadounidense Barack Obama, con quien venía de protagonizar un “combate” por la forma en que este último resolvió la crisis en Honduras, con unas elecciones y un nuevo gobierno que Brasil ha dicho que no reconocerá.
En sus seis años como presidente, Brasil creció, como creció su mercado interno y su clase media. Más de 20 millones de brasileños salieron de los subsuelos de la pobreza y los empresarios y banqueros, de poder, volverían a preferir a ese obrero metalúrgico “de la buena estrella”, el mejor vendedor de “la marca Brasil” que pueda existir.
El hombre que apenas si concluyó la educación elemental, pero supo poner a su país en la mesa de los grandes para negociar como negocia, con el enmarañado y muchas veces corrupto congreso de su país, con el venezolano Hugo Chávez o con el mismísimo Obama.
Era eso lo que ya lo obsesionaba cuando, desde la oposición, atravesaba el largo desierto hacia la Presidencia allá por 1997. Cuauhtémoc Cárdenas acababa de convertirse en el primer jefe de Gobierno electo de izquierda en el Distrito Federal y llegaba a Porto Alegre para participar de una reunión del Foro de Sao Paulo, que agrupaba a partidos de diferente tendencia de izquierda en América Latina.
Lula ya estaba en la carrera presidencial, por tercera vez, la que volvería a perder un año después. En la reunión se cuestionaba por igual al neoliberalismo y al Gobierno de Bill Clinton, hasta que Lula pidió la palabra y dijo que “sabemos lo que no queremos, el neoliberalismo y sus consecuencias nefastas, pero nosotros en lugar de andar repudiando a unos y a otros y perdiendo el tiempo en discutir aquí, tendríamos que estar pidiendo audiencias con Clinton y los poderosos para discutir de igual a igual y proponer alternativas”.
Eso fue precisamente lo que hizo desde que arrancó el Lulagobierno. Se ha sentado en la mesa de los grandes, apoyado por 190 millones de brasileños detrás; ha negociado hasta el hartazgo y ha gobernado aferrado a esa “buena estrella” que lo caracteriza y que en este 2009 lo ayudó a convertirse en el hombre del año.
Barack Obama
El presidente de Estados Unidos culminó el año con la aprobación del Senado a su plan de Salud, piedra angular de sus metas de Gobierno, aunque aún está pendiente la conciliación de los proyectos de ambas cámaras. Un aspecto clave, la opción pública de seguro médico, podría morir en las negociaciones. El primer mandatario afroestadounidense tiene en sus manos el Premio Nobel de la Paz 2009, un galardón que lo compromete a salir adelante con su estrategia para volver de Afganistán un país menos inestable, con el desplazamiento de casi 30 mil tropas adicionales. Obama es todavía una promesa de cambio en otros aspectos.
“Pepe” Mujica
Fue su año. Sin duda. “El año del Pepe”, dicen los uruguayos. Después de una vida dedicada a la política, posterior a su etapa como guerrillero, y con más de 12 años de prisión en condiciones infrahumanas, y cuando pocos lo creían posible por una cuestión de edad, José Mujica, el político cuyo carisma y bonomía supo conquistar los corazones y los votos de los Uruguayos, llegó a la Presidencia. Mujica, el político más popular del país desde 2004, asumirá el poder el próximo 1 de marzo.
Aminetu Haidar
La activista saharaui venció con 32 días en huelga de hambre la intransigencia del régimen marroquí que le impedía volver a su casa en El Aaiún, capital del Sáhara Occidental, un territorio colonial del Norte de África que aún lucha por su autodeterminación en pleno siglo XXI. Haidar, de 42 años, ha dedicado más de la mitad de su vida a lograr la materialización de la República Árabe Saharaui Democrática. Denunció nuevamente las violaciones a los derechos humanos de sus compatriotas por parte de Rabat.
Aung San Suu Kyi
Dos décadas de arresto domiciliario no han doblegado a la luchadora por la democracia en Myanmar, la antigua colonia británica del sudeste asiático. Reconocida como prisionera de conciencia por Amnistía Internacional y laureada con el premio Nobel de la Paz en 1991, Aung ha declinado aceptar el exilio, a fin de mantener vivas, con su ejemplo, las ideas de respeto a los derechos humanos y políticos que vulnera cotidianamente la junta militar de Rangún.
Los ogros
Micheletti se metió en honduras
Así como en Honduras su edad llegó a generar opiniones encontradas (para unos tiene 66 y para otros 61), su meteórico ascenso y fugaz paso por la presidencia también divide las opiniones.
Para unos, Roberto Micheletti fue un salvador. Para otros, la cara visible de una conspiración encarnada por poderes económicos y políticos. Para el resto del mundo, este veterano dirigente del Partido Liberal es un vil dictador.
Conservador y antichavista confeso, Micheletti había peleado por la postulación presidencial en 2008, cuando perdió ante el ex vicepresidente Elvin Santos, pero el golpe cívico-militar del 13 de junio lo catapultó a la presidencia de facto.
Micheletti resistió todos los embates locales y extranjeros para que Manuel Zelaya regresara al poder, reprimió todo lo que pudo en las calles y aisló como nunca antes, en tiempos constitucionales, a su país.
Incluso su juego perverso para perpetuarse o para liderar el proceso electoral que desembocó con los comicios de noviembre último y el triunfo de Porfirio Lobo, provocó los primeros cortocircuitos en la relación entre Washington y Brasilia.
Silvio Berlusconi
Primer ministro italiano, magnate de los medios de comunicación y don juan.
Medios internacionales difundieron embarazosas fotos de sus fiestas en Villa Certosa que involucraron a otros políticos. Luego, Patrizia D’Addario, una prostituta que acudió a dichas fiestas, reveló detalles íntimos de Il Cavaliere. Su esposa entabló un divorcio millonario en su contra. La justicia rechazó una ley que le daba inmunidad y un inconforme le rompió la nariz y la boca al golpearlo con una estatuilla.
Mahmoud Ahmadinejad
Presidente de uno de los países considerados como “ejes del mal”, Ahmadinejad arrancó en agosto un segundo periodo presidencial hundido en el descrédito y en medio de las peores protestas que se hayan visto en Irán desde la revolución islámica. El mandatario ha causado el revuelo de la comunidad internacional tras descubrirse que tiene una planta secreta de enriquecimiento de uranio. Pero el mayor rechazo lo ha enfrentado entre los jóvenes iraníes, que pese a la represión ordenada desde el Gobierno, han expresado su rechazo al fraude.
Umar Faruk Abdulmutallab
Hasta el 25 de diciembre, este joven de 23 años era un total desconocido para el mundo, aunque no para Estados Unidos. Su pasión ha sido el Islam. Por eso abandonó la maestría en Dubai y viajó a Yemen para estudiar la ley islámica (sharia). Ese interés lo llevó a entablar contacto con la red terrorista Al-Qaeda y, al final, a lanzar un fallido atentado en un avión.