Internacional
El mundo tiene mayor hambre de justicia: fiscal Moreno
Adquirió experiencia en el juicio a las juntas militares en Argentina, pero el abogado dice que nunca incursionará en la política
CIUDAD DE MÉXICO.- Después de seis años en el poder, Luis Moreno Ocampo, fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), asegura que aunque su vida se ha forjado cerca de las leyes y la justicia, no incursionará en la política local una vez que termine su mandato en la CPI.
Definiendo el Juicio a las Juntas, como "una obra de arte", asegura que en el mundo cada vez hay más hambre de justicia.
A pesar de que Ocampo asegura que él no es “el fiscal del mundo”, siente que es un aporte y confía en que algún día englobará incluso a Estados Unidos, la superpotencia que aún mira con recelo su jurisdicción.
- Lleva seis años como fiscal y le quedan tres años más. ¿Está satisfecho con lo que ha logrado hasta ahora?
- Cuando asumí, pensé: “¿Cómo organizo estos nueve años? Tengo que armar esta institución y para eso tengo que definir cómo se definen los casos a investigar”. Así que los primeros tres años fueron para elegir a la gente y definir políticas muy claras sobre lo que íbamos a hacer y lo que no íbamos a hacer. Los siguientes tres años consistieron en arrestar a las personas y hacer los juicios. Y los últimos tres años son cómo esta corte maximiza su impacto mundial. Y la verdad es que, pese a todos los avatares, vamos bien.
- ¿Es ése el mayor logro?
- ¡Es un cambio de cinco mil años de cultura! ¡Es un logro muy importante!. Creo que la corte es una institución del siglo XXI y a veces no nos damos cuenta de cómo está cambiando el mundo. Antes no existía la posibilidad de una corte permanente que mirara crímenes masivos e investigara a los jefes, incluso a los jefes de Estado, como pasa en Sudán. Pero no es sólo la corte. Se está armando un sistema global de justicia que cambia las reglas del juego.
- ¿Y la mayor dificultad a la luz de estos seis años?
- Tengo que investigar crímenes masivos mientras están ocurriendo, a veces sin poder ir, como en Darfur, transformarlos en casos simples para presentarlos ante los jueces y aprender cómo lograr que los Estados, más el resto de la comunidad internacional apoyen a la corte.
- A mediados de 2008, del diario inglés “Daily Telegraph” llegó a plantear que usted debía renunciar por su manejo de la publicidad de los casos. ¿Cómo traza el equilibrio entre el necesario apoyo de la opinión pública y la reserva necesaria de cada investigación?
- Bueno, los casos son públicos. Cuando las ONG me critican y me dicen que tenemos que hacer más publicidad, les digo: “Miren, en Argentina, cuando tuvimos que enjuiciar a (Jorge Rafael) Videla, no pude convencer a mi mamá”. No se puede convencer a todo el mundo. Nos manejamos con casos que dividen a las sociedades.
- ¿Cree posible que algún día Estados Unidos acepte la jurisdicción de la corte, como Australia, Japón, y sus socios europeos?
- Eso ha ido evolucionando. Al final, cuando ocurrió el caso del presidente Al-Bashir, Bush fue muy firme en apoyar la orden de arresto. Y ahora, diría que el gesto de Obama de acercarse a la corte es muy fuerte.
- Es un mérito que más de 100 países reconozcan la jurisdicción de la corte, pero docenas de otros países no firmaron. ¿Eso afecta, complica o desvaloriza su trabajo?
- Nos afecta en muchos sentidos. La gente se pregunta por qué no estamos en Zimbabwe, en el Líbano, en Iraq, en Sri Lanka, en Birmania... países donde hay conflictos. No soy el fiscal del mundo. Soy el fiscal de 110 Estados. Pero bueno, cuando empecé, eran 78, así que vamos subiendo. Estamos liderando una institución que es una parte del cambio del mundo.
- A esta altura van varias veces que menciona a Argentina en relación al general Videla. ¿Hasta dónde su paso por el Juicio a las Juntas influye en su trabajo actual?
- ¡Muchísimo! Siempre había pensado que el Juicio a las Juntas era la cosa más importante de mi vida profesional. Que nunca iba a hacer algo más importante porque se trató de un crimen masivo.
- ¿Qué edad tenía?
- ¡Tenía 32 años! Por eso luego hice todo lo que tuve ganas. Hice de todo. Pero siempre pensaba: “Ya hice lo más importante de mi vida. Ya está. ¡Estoy hecho!”. Daba clases en Harvard, que era muy interesante, pero cuando me llamaron para hacerme cargo de esta fiscalía, me di cuenta de que en realidad el Juicio a las Juntas había sido mi entrenamiento, pero un entrenamiento maravilloso. El juicio fue, realmente, una obra de arte.
- Le quedan tres años al frente de la fiscalía. ¿Cuál es su meta pendiente?
- La verdad es que fue un privilegio ser el fiscal de esta corte destinada a controlar la violencia masiva. Creo que es un reconocimiento a Argentina. El lugar de Argentina es increíble en la Corte Penal Internacional. Me parece que es transformar la tragedia que tuvo Argentina en un aporte positivo al mundo. Y justamente los argentinos no nos damos cuenta de que hay cosas que sabemos hacer y de que recibimos reconocimiento por eso.
- ¿Hasta qué punto funciona que la corte actúe como última amenaza para los Estados miembro?
- ¡Oh, eso es justamente lo más interesante! Los pocos casos que nosotros hacemos son importantes por el mensaje que mandan a las personas que están en los otros estados parte: si cometen crímenes parecidos, los podemos juzgar. Es decir, pocos casos en La Haya, mucho impacto global.
- ¿Cuáles son las naciones que más colaboran con la corte?
- Hay tres regiones que están casi enteras. Sudamérica está entera; Europa, también, y Africa no árabe está casi entera. ¿Por qué? Porque son las regiones que tuvieron crímenes. El problema es que en Europa los crímenes fueron hace 60 años. Solamente queda lo ocurrido en Georgia y un poco en los Balcanes. En Sudamérica, los crímenes fueron hace 20 o 30 años, sólo queda Colombia. Pero en África pasan ahora. Entonces, para los africanos, somos absolutamente estratégicos, esenciales.
- En septiembre último, usted aludió a eventuales investigaciones sobre crímenes cometidos por Israel en la Franja de Gaza. ¿Es posible pensar en Israel en el banquillo?
- La Autoridad Palestina vino a mi oficina a buscar justicia. Están argumentando que ellos pueden aportarme la jurisdicción ante la corte. Es una discusión legal que estamos teniendo. Lo importante es que la corte se constituyó en un lugar en el que no sólo ciudadanos, sino la Autoridad Palestina busca justicia. O Rusia, que no es un Estado parte, pero nos manda información sobre crímenes cometidos en Georgia. La corte alcanzó un alto nivel de credibilidad y eso es un enorme éxito en apenas seis años.
- En noviembre de 2007, el presidente del Center for Transitional Justice, Juan Méndez, afirmó que dependerá de usted si la Corte es “un éxito o un fracaso”. ¿Está de acuerdo?
- Hambre de justicia hay cada vez más en el mundo. Ese es el tema. Los que tienen hambre vienen a la corte, los palestinos vienen a la corte, también desde Sri Lanka, gente de Colombia, etcétera.
- ¿No sería útil convocar a un segundo fiscal y duplicar esfuerzos?
- No lo creo. La corte es un sistema de soporte, no puede ser la principal herramienta. ¿Colombia hace sus juicios? Perfecto. ¿Afganistán dice que va a juzgar sus crímenes? Está perfecto. Cada cual tiene sus propios casos. Y si nosotros no debemos intervenir, mejor. Creo firmemente en el sistema nacional. No se trata de lo que haga la corte en La Haya, sino de cómo la corte promueve incentivos a los estados parte para que actúen, no sólo haciendo juicios, sino previniendo crímenes.
- ¿Planea radicarse otra vez en Buenos Aires una vez que acabe su mandato?
- Bueno, tengo una casa en Buenos Aires, aunque cuando me nombraron fiscal daba clases en Harvard, así que supongo que, si quiero volver a una universidad buena, podré hacerlo. Pero ya veré qué hago. Por ahora, me quedan dos años y medio para, como dijo Juan Méndez, definir el éxito o el fracaso de la corte.
- Para ser un hombre que optó por la vida pública, ¿no se le cruza volver a ser funcionario en Argentina?
- No. Siento que hice en Argentina algo que tiene que ver con la época. Fui fiscal en el Juicio a las Juntas, después en el juicio a Camps (Ramón, ex general jefe de la Policía bonaerense durante la dictadura), durante el juicio por la rebelión de Aeroparque, en muchos casos de corrupción, de guerrilla; y fui fiscal de la última rebelión militar de (Mohamed Alí) Seineldín. Ya tuve los casos más interesantes que este país puede ofrecer.
-Yo me refería a ¿diputado o senador, ministro, presidente?
- No. No soy político. A mí me gustaba contribuir desde el Poder Judicial a defender un límite: La vida no puede ser una herramienta política. Y me pasó lo mismo a nivel mundial. Antes me ofrecieron cargos políticos y no quise, así que menos ahora. Necesitamos líderes políticos, pero yo no lo soy.
Defensor social
Luis Moreno Ocampo
Abogado argentino Fiscal jefe de la Corte Penal Internacional desde 2003. Su principal labor es seguir los reportes de crímenes contra la humanidad y perseguir y acusar ante la corte a los comitentes de éstos.
Estudió Derecho en la Universidad de Buenos Aires, graduándose en 1978.
Luis Moreno Ocampo, (4 de junio de 1952), fue ayudante del Procurador General de la República de Argentina (1980 y 1984), antes de ganar una merecida fama por su trabajo como fiscal adjunto en el famoso Juicio de las Juntas de 1985. Este juicio se realizó contra nueve integrantes de las Juntas Militares (incluyendo jefes de Estado) que gobernaron Argentina durante el llamado “Proceso de Reorganización Nacional” entre 1976 y 1983.
En la actualidad se realizan investigaciones bajo su dirección concentradas en los abusos cometidos por el Ejército de resistencia del Señor en Uganda, en la región sudanesa del Darfur y en la República Democrática del Congo.
“Hay violencia en muchos países en los que no estamos presentes y nos reclaman, pero ¿cómo ayudar si no aceptan el trabajo de la corte?”
“Hay que encontrar la fórmula para explicar mejor lo que hacemos. Tenemos que ser un éxito, no podemos fracasar, no hay espacio para un fracaso.”
Luis Moreno Ocampo,
fiscal de la Corte Penal Internacional.
Definiendo el Juicio a las Juntas, como "una obra de arte", asegura que en el mundo cada vez hay más hambre de justicia.
A pesar de que Ocampo asegura que él no es “el fiscal del mundo”, siente que es un aporte y confía en que algún día englobará incluso a Estados Unidos, la superpotencia que aún mira con recelo su jurisdicción.
- Lleva seis años como fiscal y le quedan tres años más. ¿Está satisfecho con lo que ha logrado hasta ahora?
- Cuando asumí, pensé: “¿Cómo organizo estos nueve años? Tengo que armar esta institución y para eso tengo que definir cómo se definen los casos a investigar”. Así que los primeros tres años fueron para elegir a la gente y definir políticas muy claras sobre lo que íbamos a hacer y lo que no íbamos a hacer. Los siguientes tres años consistieron en arrestar a las personas y hacer los juicios. Y los últimos tres años son cómo esta corte maximiza su impacto mundial. Y la verdad es que, pese a todos los avatares, vamos bien.
- ¿Es ése el mayor logro?
- ¡Es un cambio de cinco mil años de cultura! ¡Es un logro muy importante!. Creo que la corte es una institución del siglo XXI y a veces no nos damos cuenta de cómo está cambiando el mundo. Antes no existía la posibilidad de una corte permanente que mirara crímenes masivos e investigara a los jefes, incluso a los jefes de Estado, como pasa en Sudán. Pero no es sólo la corte. Se está armando un sistema global de justicia que cambia las reglas del juego.
- ¿Y la mayor dificultad a la luz de estos seis años?
- Tengo que investigar crímenes masivos mientras están ocurriendo, a veces sin poder ir, como en Darfur, transformarlos en casos simples para presentarlos ante los jueces y aprender cómo lograr que los Estados, más el resto de la comunidad internacional apoyen a la corte.
- A mediados de 2008, del diario inglés “Daily Telegraph” llegó a plantear que usted debía renunciar por su manejo de la publicidad de los casos. ¿Cómo traza el equilibrio entre el necesario apoyo de la opinión pública y la reserva necesaria de cada investigación?
- Bueno, los casos son públicos. Cuando las ONG me critican y me dicen que tenemos que hacer más publicidad, les digo: “Miren, en Argentina, cuando tuvimos que enjuiciar a (Jorge Rafael) Videla, no pude convencer a mi mamá”. No se puede convencer a todo el mundo. Nos manejamos con casos que dividen a las sociedades.
- ¿Cree posible que algún día Estados Unidos acepte la jurisdicción de la corte, como Australia, Japón, y sus socios europeos?
- Eso ha ido evolucionando. Al final, cuando ocurrió el caso del presidente Al-Bashir, Bush fue muy firme en apoyar la orden de arresto. Y ahora, diría que el gesto de Obama de acercarse a la corte es muy fuerte.
- Es un mérito que más de 100 países reconozcan la jurisdicción de la corte, pero docenas de otros países no firmaron. ¿Eso afecta, complica o desvaloriza su trabajo?
- Nos afecta en muchos sentidos. La gente se pregunta por qué no estamos en Zimbabwe, en el Líbano, en Iraq, en Sri Lanka, en Birmania... países donde hay conflictos. No soy el fiscal del mundo. Soy el fiscal de 110 Estados. Pero bueno, cuando empecé, eran 78, así que vamos subiendo. Estamos liderando una institución que es una parte del cambio del mundo.
- A esta altura van varias veces que menciona a Argentina en relación al general Videla. ¿Hasta dónde su paso por el Juicio a las Juntas influye en su trabajo actual?
- ¡Muchísimo! Siempre había pensado que el Juicio a las Juntas era la cosa más importante de mi vida profesional. Que nunca iba a hacer algo más importante porque se trató de un crimen masivo.
- ¿Qué edad tenía?
- ¡Tenía 32 años! Por eso luego hice todo lo que tuve ganas. Hice de todo. Pero siempre pensaba: “Ya hice lo más importante de mi vida. Ya está. ¡Estoy hecho!”. Daba clases en Harvard, que era muy interesante, pero cuando me llamaron para hacerme cargo de esta fiscalía, me di cuenta de que en realidad el Juicio a las Juntas había sido mi entrenamiento, pero un entrenamiento maravilloso. El juicio fue, realmente, una obra de arte.
- Le quedan tres años al frente de la fiscalía. ¿Cuál es su meta pendiente?
- La verdad es que fue un privilegio ser el fiscal de esta corte destinada a controlar la violencia masiva. Creo que es un reconocimiento a Argentina. El lugar de Argentina es increíble en la Corte Penal Internacional. Me parece que es transformar la tragedia que tuvo Argentina en un aporte positivo al mundo. Y justamente los argentinos no nos damos cuenta de que hay cosas que sabemos hacer y de que recibimos reconocimiento por eso.
- ¿Hasta qué punto funciona que la corte actúe como última amenaza para los Estados miembro?
- ¡Oh, eso es justamente lo más interesante! Los pocos casos que nosotros hacemos son importantes por el mensaje que mandan a las personas que están en los otros estados parte: si cometen crímenes parecidos, los podemos juzgar. Es decir, pocos casos en La Haya, mucho impacto global.
- ¿Cuáles son las naciones que más colaboran con la corte?
- Hay tres regiones que están casi enteras. Sudamérica está entera; Europa, también, y Africa no árabe está casi entera. ¿Por qué? Porque son las regiones que tuvieron crímenes. El problema es que en Europa los crímenes fueron hace 60 años. Solamente queda lo ocurrido en Georgia y un poco en los Balcanes. En Sudamérica, los crímenes fueron hace 20 o 30 años, sólo queda Colombia. Pero en África pasan ahora. Entonces, para los africanos, somos absolutamente estratégicos, esenciales.
- En septiembre último, usted aludió a eventuales investigaciones sobre crímenes cometidos por Israel en la Franja de Gaza. ¿Es posible pensar en Israel en el banquillo?
- La Autoridad Palestina vino a mi oficina a buscar justicia. Están argumentando que ellos pueden aportarme la jurisdicción ante la corte. Es una discusión legal que estamos teniendo. Lo importante es que la corte se constituyó en un lugar en el que no sólo ciudadanos, sino la Autoridad Palestina busca justicia. O Rusia, que no es un Estado parte, pero nos manda información sobre crímenes cometidos en Georgia. La corte alcanzó un alto nivel de credibilidad y eso es un enorme éxito en apenas seis años.
- En noviembre de 2007, el presidente del Center for Transitional Justice, Juan Méndez, afirmó que dependerá de usted si la Corte es “un éxito o un fracaso”. ¿Está de acuerdo?
- Hambre de justicia hay cada vez más en el mundo. Ese es el tema. Los que tienen hambre vienen a la corte, los palestinos vienen a la corte, también desde Sri Lanka, gente de Colombia, etcétera.
- ¿No sería útil convocar a un segundo fiscal y duplicar esfuerzos?
- No lo creo. La corte es un sistema de soporte, no puede ser la principal herramienta. ¿Colombia hace sus juicios? Perfecto. ¿Afganistán dice que va a juzgar sus crímenes? Está perfecto. Cada cual tiene sus propios casos. Y si nosotros no debemos intervenir, mejor. Creo firmemente en el sistema nacional. No se trata de lo que haga la corte en La Haya, sino de cómo la corte promueve incentivos a los estados parte para que actúen, no sólo haciendo juicios, sino previniendo crímenes.
- ¿Planea radicarse otra vez en Buenos Aires una vez que acabe su mandato?
- Bueno, tengo una casa en Buenos Aires, aunque cuando me nombraron fiscal daba clases en Harvard, así que supongo que, si quiero volver a una universidad buena, podré hacerlo. Pero ya veré qué hago. Por ahora, me quedan dos años y medio para, como dijo Juan Méndez, definir el éxito o el fracaso de la corte.
- Para ser un hombre que optó por la vida pública, ¿no se le cruza volver a ser funcionario en Argentina?
- No. Siento que hice en Argentina algo que tiene que ver con la época. Fui fiscal en el Juicio a las Juntas, después en el juicio a Camps (Ramón, ex general jefe de la Policía bonaerense durante la dictadura), durante el juicio por la rebelión de Aeroparque, en muchos casos de corrupción, de guerrilla; y fui fiscal de la última rebelión militar de (Mohamed Alí) Seineldín. Ya tuve los casos más interesantes que este país puede ofrecer.
-Yo me refería a ¿diputado o senador, ministro, presidente?
- No. No soy político. A mí me gustaba contribuir desde el Poder Judicial a defender un límite: La vida no puede ser una herramienta política. Y me pasó lo mismo a nivel mundial. Antes me ofrecieron cargos políticos y no quise, así que menos ahora. Necesitamos líderes políticos, pero yo no lo soy.
Defensor social
Luis Moreno Ocampo
Abogado argentino Fiscal jefe de la Corte Penal Internacional desde 2003. Su principal labor es seguir los reportes de crímenes contra la humanidad y perseguir y acusar ante la corte a los comitentes de éstos.
Estudió Derecho en la Universidad de Buenos Aires, graduándose en 1978.
Luis Moreno Ocampo, (4 de junio de 1952), fue ayudante del Procurador General de la República de Argentina (1980 y 1984), antes de ganar una merecida fama por su trabajo como fiscal adjunto en el famoso Juicio de las Juntas de 1985. Este juicio se realizó contra nueve integrantes de las Juntas Militares (incluyendo jefes de Estado) que gobernaron Argentina durante el llamado “Proceso de Reorganización Nacional” entre 1976 y 1983.
En la actualidad se realizan investigaciones bajo su dirección concentradas en los abusos cometidos por el Ejército de resistencia del Señor en Uganda, en la región sudanesa del Darfur y en la República Democrática del Congo.
“Hay violencia en muchos países en los que no estamos presentes y nos reclaman, pero ¿cómo ayudar si no aceptan el trabajo de la corte?”
“Hay que encontrar la fórmula para explicar mejor lo que hacemos. Tenemos que ser un éxito, no podemos fracasar, no hay espacio para un fracaso.”
Luis Moreno Ocampo,
fiscal de la Corte Penal Internacional.