Internacional
Dios no olvida a ninguno de sus hijos: Papa Francisco
Insta a los feligreses a no tener miedo por los pecados cometidos en el pasado
CIUDAD DE MÉXICO (03/NOV/2013).- El
Papa Francisco instó hoy a todos a no tener miedo no obstante la vergüenza por los pecados o los crímenes cometidos en el pasado, ya que "Dios no olvida a ninguno de sus hijos".
Durante el rezo de la oración mariana del Angelus, ante miles de personas congregadas en la Plaza de San Pedro, el líder católico reflexionó sobre el pasaje bíblico del encuentro entre Jesús y Zaqueo, el recaudador de impuestos odiado por todos.
"No existe profesión o condición social, no existe pecado o crimen de algún tipo que pueda cancelar de la memoria y del corazón de Dios a uno de sus hijos", dijo.
"Si tú tienes un peso en tu conciencia, si tienes tanta vergüenza de tantas cosas que haz cometido, frena un poco, no tengas miedo, piensa que alguien te espera, porque jamás ha terminado de recordarte, de pensarte, y este alguien es tu padre, es Dios que te espera", refirió.
Sostuvo que ese hombre, Zaqueo, era una oveja perdida, era despreciado y excomulgado, por ser un publicano, amigo de los odiados ocupantes romanos, ladrón y explotador.
Por eso le había sido impedido acercarse a Jesús por su mala fama. Pero él no se dio por vencido y se subió a un árbol para poder verlo pasar, afirmó.
Según Bergoglio ese gesto exterior, un poco ridículo, expresó el acto interior del hombre que busca ubicarse por encima de la multitud para tener un contacto con Jesucristo.
De todas maneras, indicó, cuando Cristo llegó cerca de aquel árbol, lo llamó por su nombre y le dijo: "Zaqueo, baja inmediatamente, porque hoy debo ir a tu casa".
Dijo que al final fue a la casa suscitando las críticas de toda la gente de Jericó, porque en lugar de visitar a las buenas personas que estaban en la ciudad, decidió estar justamente con un publicano.
"¡También en aquel tiempo se chismeaba tanto! A ellos Jesús les responde que iba con Zaqueo justamente porque él estaba perdido", precisó.
El Papa instó a todos a "trepar", como Zaqueo, a subir al "árbol del deseo de ser perdonado".
"Jesús es misericordioso y jamás se cansa de perdonar. Acuérdense bien. Así es Jesús. Recibámoslo con alegría: él puede cambiarnos, puede transformar nuestro corazón de piedra en un corazón de carne, puede liberarnos del egoísmo y hacer de nuestra vida un don de amor", ponderó.
Durante el rezo de la oración mariana del Angelus, ante miles de personas congregadas en la Plaza de San Pedro, el líder católico reflexionó sobre el pasaje bíblico del encuentro entre Jesús y Zaqueo, el recaudador de impuestos odiado por todos.
"No existe profesión o condición social, no existe pecado o crimen de algún tipo que pueda cancelar de la memoria y del corazón de Dios a uno de sus hijos", dijo.
"Si tú tienes un peso en tu conciencia, si tienes tanta vergüenza de tantas cosas que haz cometido, frena un poco, no tengas miedo, piensa que alguien te espera, porque jamás ha terminado de recordarte, de pensarte, y este alguien es tu padre, es Dios que te espera", refirió.
Sostuvo que ese hombre, Zaqueo, era una oveja perdida, era despreciado y excomulgado, por ser un publicano, amigo de los odiados ocupantes romanos, ladrón y explotador.
Por eso le había sido impedido acercarse a Jesús por su mala fama. Pero él no se dio por vencido y se subió a un árbol para poder verlo pasar, afirmó.
Según Bergoglio ese gesto exterior, un poco ridículo, expresó el acto interior del hombre que busca ubicarse por encima de la multitud para tener un contacto con Jesucristo.
De todas maneras, indicó, cuando Cristo llegó cerca de aquel árbol, lo llamó por su nombre y le dijo: "Zaqueo, baja inmediatamente, porque hoy debo ir a tu casa".
Dijo que al final fue a la casa suscitando las críticas de toda la gente de Jericó, porque en lugar de visitar a las buenas personas que estaban en la ciudad, decidió estar justamente con un publicano.
"¡También en aquel tiempo se chismeaba tanto! A ellos Jesús les responde que iba con Zaqueo justamente porque él estaba perdido", precisó.
El Papa instó a todos a "trepar", como Zaqueo, a subir al "árbol del deseo de ser perdonado".
"Jesús es misericordioso y jamás se cansa de perdonar. Acuérdense bien. Así es Jesús. Recibámoslo con alegría: él puede cambiarnos, puede transformar nuestro corazón de piedra en un corazón de carne, puede liberarnos del egoísmo y hacer de nuestra vida un don de amor", ponderó.