Internacional
Chile desafía al Gobierno con paro nacional
La manifestación es en demanda de un mayor presupuesto para salud y educación, entre otros
SANTIAGO, CHILE (25/AGO/2011).- Chile vivió una tensa jornada de paro nacional, perturbada por frecuentes enfrentamientos entre manifestantes y la Policía, que han dejado al menos una docena de lesionados y 348 detenidos. El paro nacional de dos días fue convocado por la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y se sumaron diversas organizaciones políticas y sociales que retaron con sus protestas al Gobierno.
La movilización representó el primer desafío de las fuerzas sociales al Gobierno del presidente Sebastián Piñera, para exigir profundas reformas al sistema laboral y educacional, el fin al lucro en la enseñanza e incluso una nueva reforma a la Constitución.
Con peticiones que van desde una reforma a la Constitución y un cambio en el Código del Trabajo hasta la rebaja de los impuestos a los combustibles, la manifestación amenaza con convertirse en un reclamo generalizado en contra del Gobierno del derechista Sebastián Piñera.
El miércoles comenzó con bloqueos de calles, manifestantes sitiaron con neumáticos encendidos y palos esquinas importantes de la capital, por parte de grupos de encapuchados en diferentes zonas populares de Santiago, que derivaron en enfrentamientos con la fuerza pública.
Las manifestaciones más violentas se produjeron en las afueras de tradicionales centros de enseñanza superior del país, como la Universidad Tecnológica Metropolitana (Utem) y la Universidad de Santiago de Chile (Usach).
En esos lugares, los disturbios fueron protagonizados por grupos de jóvenes encapuchados, que se enfrentaron con piedras y bombas molotov a los efectivos de la militarizada Policía de Carabineros, quienes reprimieron con gases lacrimógenos y carros lanza-agua.
En otros puntos de Santiago, la huelga se vivió con protestas pacíficas y fueron recurrentes las concentraciones de decenas de manifestantes en las intersecciones de las avenidas más concurridas de la ciudad, para expresar su respaldo al paro.
Para evitar eventuales enfrentamientos con la fuerza pública, algunos manifestantes llegaron a un acuerdo con los agentes policiales para interrumpir el tránsito sólo mientras los semáforos estaban en luz roja, con el fin de desplegar pancartas.
Los enfrentamientos entre las fuerzas especiales de Carabineros y los grupos que apoyan el paro nacional se replicaron a lo largo del día en el Centro de Santiago, en diversas poblaciones de la zona metropolitana y en las principales ciudades del país.
El paro de 48 horas del mayor grupo sindical del país andino no tuvo impacto en vitales sectores como el minero y financiero, en una protesta que podría costar hasta unos 400 millones de dólares.
La primera de las dos jornadas de paro fue calificada como un éxito por la CUT, cuyo titular, Arturo Martínez, descartó que la situación en el país sea de normalidad, como lo dio a entender el Gobierno de Piñera.
La Central Unitaria de Trabajadores, la mayor multisindical del país, contó con el respaldo de unas 80 organizaciones sociales, estudiantiles, gremiales y políticas, fue notoria en el sector público, pero disgregada y poco significativa en el área privada, según diversas fuentes.
“El Gobierno se empeña en demostrar normalidad cuando en el fondo todo el país sabe que el país no está normal hoy (ayer), que la locomoción no está normal porque es un día de movilización”, aseveró.
Martínez apuntó que las autoridades “se han esforzado en mostrar las barricadas, pero los cortes mayoritariamente son de personas que, con lienzos, han tratado de manifestarse, algunos respetando el semáforo en rojo en las esquinas” para no entorpecer el tránsito.
Raúl de la Puente, presidente de la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (Anef), cifró en un 80% la adhesión de los funcionarios públicos al paro, “pese a la represión” con que según el dirigente ha actuado el gobierno.
El Gobierno, sin embargo, reportó que el país se encuentra en “normalidad” y que sólo se han producido problemas menores en los desplazamientos y el encendido de “pequeñas barricadas” de fuego en algunas zonas de la capital chilena.
Para hoy, la CUT ha convocado a una gran manifestación callejera, con cuatro marchas convergentes sobre el Centro de Santiago.
ANÁLISIS
El ABC estudiantil
Jorge Iglesis G
1.- Los estudiantes universitarios piden el regreso a la educación subvencionada por el Estado. Las universidades tradicionales en Chile fueron prácticamente gratuitas hasta hace 40 años. Hoy cuestan lo mismo que las privadas. El Estado entrega créditos a los alumnos que no pueden financiar su carrera. Esto significa que deben pagar unos 50 mil dólares cuando se titulen. Como, habitualmente no pueden pagar ese monto al final de la carrera, reprograman la deuda y con los costos financieros suele llegar a los 80 mil dólares. Significa que están endeudados de por vida.
Los secundarios piden mayor aporte del Estado en educación y que los colegios públicos vuelvan a ser estatales y no de las municipalidades. Esto ha significado paros, tomas, marchas y, como suele ocurrir, actos de vandalismo por parte de un grupo de violentos que aprovechan estos temas para incurrir desordenes. El apoyo de la ciudadanía a los estudiantes ha sido muy fuerte y el Gobierno, hasta hoy, no ha sabido dar respuesta.
2.- Si en los desmanes estudiantiles hay detenidos, quienes pagan la fianza son líderes estudiantiles de diferentes facultades, en su mayoría presidentes de las federaciones de diferentes universidades. En su mayoría son jóvenes con militancia de izquierda.
3.- La líder más carismática es Camila Vallejos, una joven comunista estudiante de Geografía de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU). El decano de ese centro de estudios es Leopoldo Prat, un viejo militante marxista.
Jorge Iglesis G., profesor de la Facultad de Arquitectura y urbanismo de Chile.
TELÓN DE FONDO
El lujo de estudiar
En Chile la educación gratuita quedó en la historia. El siglo pasado, los colegios públicos, liceos fiscales y escuelas técnicas formaron de manera gratuita a miles de chilenos, quienes más tarde adquirieron una profesión en instituciones como la Universidad de Chile o la Universidad Técnica del Estado.
Tal como ocurre hoy en México, los egresados en ese entonces sólo debían aprobar un examen de admisión para ingresar a alguna universidad gratuita y, cuando mucho, pagar una matrícula que se supone es proporcional al ingreso familiar.
En la década de los sesenta y comienzos de los setenta, la preocupación central de la educación era el número de personas que ingresaban a las universidades, número que consideraban “bajo”.
Hoy, a tres meses de protestas, la realidad es otra. Los chilenos ven que la educación pasó de ser un derecho a ser un lujo.
El quiebre se produjo en 1981, cuando la dictadura militar en 1973 realizó una reforma educativa que multiplicó el número de colegios de paga, traspasó la educación pública a los municipios y posibilitó el surgimiento de las universidades privadas.
También se crearon colegios subvencionados, cuyos administradores son “sostenedores”, muchos empresarios; en estos los alumnos deben pagar la diferencia entre el costo del colegio y de lo aportado por el Estado, la calidad educativa de este tipo de instituciones ha sido muy criticada.
Los resultados crea una paradoja: los que estudiaron en colegios privados obtienen mejor puntaje en las pruebas de admisión y acceden a las universidades públicas estatales, las cuales son más exigentes y están favorecidas con becas o créditos menos onerosos que los asignados a las privadas.
Mientras que las universidades privadas, que exigen menos puntaje, permitieron masificar la matrícula, pero sus altos costos obligan a los jóvenes a acceder a préstamos con tasas de interés que llegan a 5.6 por ciento.
Estadísticas divulgadas en el marco de la huelga revelaron que Chile posee los aranceles más caros entre las universidades públicas y los segundo más altos –sólo detrás de Estados Unidos– entre las privadas de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.
CLAVES
El fondo del conflicto
1 El alto costo de la educación provoca que 40% de los universitarios chilenos abandone sus estudios antes de terminarlos, la mayoría con una deuda y aquellos que la terminan tendrán su futuro hipotecado por varios años.
2 Deudas superiores a los 20 millones de pesos (unos 43 mil dólares) parecen algo normal para un estudiante que logra terminar sus estudios “gracias” a un crédito.
3 Según un documento de la División de Estudios de la Secretaría General de la Presidencia, en la actualidad existen 110 mil morosos del Fondo Solidario, que provee de créditos a los estudiantes, con una deuda promedio de cinco millones de pesos (unos 11 mil dólares).
4 Las demandas básicas de los estudiantes en Chile apuntan hacia una profunda reforma educativa que garantice la calidad de la enseñanza y acabe con el lucro.
5 El respaldo masivo a su causa –en movilizaciones y en las encuestas– indica que el problema es nacional y que millones de chilenos esperan que esta vez se logre que al menos 70% de los estudiantes más vulnerables acceda a la educación gratuita.
6 El paro general es por 48 horas y es el primero que enfrenta el presidente Sebastián Piñera en sus 17 meses de Gobierno.
Los indignados
América Latina necesita nuevas estructuras: Castañeda
MADRID.- América Latina necesita nuevas estructuras políticas, educativas y de acceso a la cultura y a la diversión, luego de las muestras de inconformidad protagonizadas principalmente por jóvenes en distintos países.
El ex secretario de Relaciones Exteriores del Gobierno de México, Jorge Castañeda, destacó que “son los costos del éxito, o de la prosperidad”.
En un artículo de opinión publicado en el diario El País, señaló que “la transformación social de América Latina en los últimos 15 años ha sido fenomenal”.
La mutación política la antecedió, la permitió y la alentó, pero hoy su expresión se ha transformado en un acompañante disfuncional, que crea más problemas de los que resuelve, abundó.
Hizo referencia primero a los estallidos sociales y políticos de España y de Londres y otras ciudades inglesas, que tienen algo que ver con la llamada “Primavera Árabe”, en la medida en que todos encierran un componente económico importante, aunque no fuera decisivo.
Resaltó que lo que actualmente sucede en Chile, y también en otros países latinoamericanos con menor intensidad, como Perú, Argentina y Uruguay, “es algo muy distinto, y más enigmático y se presta a una especulación algo superficial y a la vez más entretenida que en los otros casos”.
“Como ha sugerido este diario en su editorial del 11 de agosto, lo extraño de Chile es la conjugación del éxito económico con la impopularidad presidencial y la movilización estudiantil masiva contra el Gobierno de Sebastián Piñera. No me refiero al supuesto milagro económico chileno de los últimos 25 años, sino al desempeño en 2010 y 2011: un crecimiento de 5.2% el primer año, y previsiones de 6.5% o más para este”.
Castañeda se pregunta por qué miles de estudiantes han tomado las calles de Chile y que cada vez se ha ido nutriendo más.
“En principio, por motivos muy concretos: la gratuidad y la calidad de la educación superior en un país donde obviamente se fue demasiado lejos en la privatización de las universidades, y también, en un segundo momento, para protestar contra la represión excesiva de las primeras manifestaciones. Pero no basta esta explicación. Quizás también la movilización se explica por razones parecidas a las que explicaron en parte la paradoja peruana, reflejada en las elecciones presidenciales de junio”.
Al hacer un análisis de lo que sucede en América Latina, anotó que hay respuestas parciales y de alguna manera ciertas, en primera instancia, que el crecimiento existe, pero la desigualdad persiste, y se torna cada vez más intolerable, justamente debido al auge económico.
La movilización representó el primer desafío de las fuerzas sociales al Gobierno del presidente Sebastián Piñera, para exigir profundas reformas al sistema laboral y educacional, el fin al lucro en la enseñanza e incluso una nueva reforma a la Constitución.
Con peticiones que van desde una reforma a la Constitución y un cambio en el Código del Trabajo hasta la rebaja de los impuestos a los combustibles, la manifestación amenaza con convertirse en un reclamo generalizado en contra del Gobierno del derechista Sebastián Piñera.
El miércoles comenzó con bloqueos de calles, manifestantes sitiaron con neumáticos encendidos y palos esquinas importantes de la capital, por parte de grupos de encapuchados en diferentes zonas populares de Santiago, que derivaron en enfrentamientos con la fuerza pública.
Las manifestaciones más violentas se produjeron en las afueras de tradicionales centros de enseñanza superior del país, como la Universidad Tecnológica Metropolitana (Utem) y la Universidad de Santiago de Chile (Usach).
En esos lugares, los disturbios fueron protagonizados por grupos de jóvenes encapuchados, que se enfrentaron con piedras y bombas molotov a los efectivos de la militarizada Policía de Carabineros, quienes reprimieron con gases lacrimógenos y carros lanza-agua.
En otros puntos de Santiago, la huelga se vivió con protestas pacíficas y fueron recurrentes las concentraciones de decenas de manifestantes en las intersecciones de las avenidas más concurridas de la ciudad, para expresar su respaldo al paro.
Para evitar eventuales enfrentamientos con la fuerza pública, algunos manifestantes llegaron a un acuerdo con los agentes policiales para interrumpir el tránsito sólo mientras los semáforos estaban en luz roja, con el fin de desplegar pancartas.
Los enfrentamientos entre las fuerzas especiales de Carabineros y los grupos que apoyan el paro nacional se replicaron a lo largo del día en el Centro de Santiago, en diversas poblaciones de la zona metropolitana y en las principales ciudades del país.
El paro de 48 horas del mayor grupo sindical del país andino no tuvo impacto en vitales sectores como el minero y financiero, en una protesta que podría costar hasta unos 400 millones de dólares.
La primera de las dos jornadas de paro fue calificada como un éxito por la CUT, cuyo titular, Arturo Martínez, descartó que la situación en el país sea de normalidad, como lo dio a entender el Gobierno de Piñera.
La Central Unitaria de Trabajadores, la mayor multisindical del país, contó con el respaldo de unas 80 organizaciones sociales, estudiantiles, gremiales y políticas, fue notoria en el sector público, pero disgregada y poco significativa en el área privada, según diversas fuentes.
“El Gobierno se empeña en demostrar normalidad cuando en el fondo todo el país sabe que el país no está normal hoy (ayer), que la locomoción no está normal porque es un día de movilización”, aseveró.
Martínez apuntó que las autoridades “se han esforzado en mostrar las barricadas, pero los cortes mayoritariamente son de personas que, con lienzos, han tratado de manifestarse, algunos respetando el semáforo en rojo en las esquinas” para no entorpecer el tránsito.
Raúl de la Puente, presidente de la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (Anef), cifró en un 80% la adhesión de los funcionarios públicos al paro, “pese a la represión” con que según el dirigente ha actuado el gobierno.
El Gobierno, sin embargo, reportó que el país se encuentra en “normalidad” y que sólo se han producido problemas menores en los desplazamientos y el encendido de “pequeñas barricadas” de fuego en algunas zonas de la capital chilena.
Para hoy, la CUT ha convocado a una gran manifestación callejera, con cuatro marchas convergentes sobre el Centro de Santiago.
ANÁLISIS
El ABC estudiantil
Jorge Iglesis G
1.- Los estudiantes universitarios piden el regreso a la educación subvencionada por el Estado. Las universidades tradicionales en Chile fueron prácticamente gratuitas hasta hace 40 años. Hoy cuestan lo mismo que las privadas. El Estado entrega créditos a los alumnos que no pueden financiar su carrera. Esto significa que deben pagar unos 50 mil dólares cuando se titulen. Como, habitualmente no pueden pagar ese monto al final de la carrera, reprograman la deuda y con los costos financieros suele llegar a los 80 mil dólares. Significa que están endeudados de por vida.
Los secundarios piden mayor aporte del Estado en educación y que los colegios públicos vuelvan a ser estatales y no de las municipalidades. Esto ha significado paros, tomas, marchas y, como suele ocurrir, actos de vandalismo por parte de un grupo de violentos que aprovechan estos temas para incurrir desordenes. El apoyo de la ciudadanía a los estudiantes ha sido muy fuerte y el Gobierno, hasta hoy, no ha sabido dar respuesta.
2.- Si en los desmanes estudiantiles hay detenidos, quienes pagan la fianza son líderes estudiantiles de diferentes facultades, en su mayoría presidentes de las federaciones de diferentes universidades. En su mayoría son jóvenes con militancia de izquierda.
3.- La líder más carismática es Camila Vallejos, una joven comunista estudiante de Geografía de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU). El decano de ese centro de estudios es Leopoldo Prat, un viejo militante marxista.
Jorge Iglesis G., profesor de la Facultad de Arquitectura y urbanismo de Chile.
TELÓN DE FONDO
El lujo de estudiar
En Chile la educación gratuita quedó en la historia. El siglo pasado, los colegios públicos, liceos fiscales y escuelas técnicas formaron de manera gratuita a miles de chilenos, quienes más tarde adquirieron una profesión en instituciones como la Universidad de Chile o la Universidad Técnica del Estado.
Tal como ocurre hoy en México, los egresados en ese entonces sólo debían aprobar un examen de admisión para ingresar a alguna universidad gratuita y, cuando mucho, pagar una matrícula que se supone es proporcional al ingreso familiar.
En la década de los sesenta y comienzos de los setenta, la preocupación central de la educación era el número de personas que ingresaban a las universidades, número que consideraban “bajo”.
Hoy, a tres meses de protestas, la realidad es otra. Los chilenos ven que la educación pasó de ser un derecho a ser un lujo.
El quiebre se produjo en 1981, cuando la dictadura militar en 1973 realizó una reforma educativa que multiplicó el número de colegios de paga, traspasó la educación pública a los municipios y posibilitó el surgimiento de las universidades privadas.
También se crearon colegios subvencionados, cuyos administradores son “sostenedores”, muchos empresarios; en estos los alumnos deben pagar la diferencia entre el costo del colegio y de lo aportado por el Estado, la calidad educativa de este tipo de instituciones ha sido muy criticada.
Los resultados crea una paradoja: los que estudiaron en colegios privados obtienen mejor puntaje en las pruebas de admisión y acceden a las universidades públicas estatales, las cuales son más exigentes y están favorecidas con becas o créditos menos onerosos que los asignados a las privadas.
Mientras que las universidades privadas, que exigen menos puntaje, permitieron masificar la matrícula, pero sus altos costos obligan a los jóvenes a acceder a préstamos con tasas de interés que llegan a 5.6 por ciento.
Estadísticas divulgadas en el marco de la huelga revelaron que Chile posee los aranceles más caros entre las universidades públicas y los segundo más altos –sólo detrás de Estados Unidos– entre las privadas de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.
CLAVES
El fondo del conflicto
1 El alto costo de la educación provoca que 40% de los universitarios chilenos abandone sus estudios antes de terminarlos, la mayoría con una deuda y aquellos que la terminan tendrán su futuro hipotecado por varios años.
2 Deudas superiores a los 20 millones de pesos (unos 43 mil dólares) parecen algo normal para un estudiante que logra terminar sus estudios “gracias” a un crédito.
3 Según un documento de la División de Estudios de la Secretaría General de la Presidencia, en la actualidad existen 110 mil morosos del Fondo Solidario, que provee de créditos a los estudiantes, con una deuda promedio de cinco millones de pesos (unos 11 mil dólares).
4 Las demandas básicas de los estudiantes en Chile apuntan hacia una profunda reforma educativa que garantice la calidad de la enseñanza y acabe con el lucro.
5 El respaldo masivo a su causa –en movilizaciones y en las encuestas– indica que el problema es nacional y que millones de chilenos esperan que esta vez se logre que al menos 70% de los estudiantes más vulnerables acceda a la educación gratuita.
6 El paro general es por 48 horas y es el primero que enfrenta el presidente Sebastián Piñera en sus 17 meses de Gobierno.
Los indignados
América Latina necesita nuevas estructuras: Castañeda
MADRID.- América Latina necesita nuevas estructuras políticas, educativas y de acceso a la cultura y a la diversión, luego de las muestras de inconformidad protagonizadas principalmente por jóvenes en distintos países.
El ex secretario de Relaciones Exteriores del Gobierno de México, Jorge Castañeda, destacó que “son los costos del éxito, o de la prosperidad”.
En un artículo de opinión publicado en el diario El País, señaló que “la transformación social de América Latina en los últimos 15 años ha sido fenomenal”.
La mutación política la antecedió, la permitió y la alentó, pero hoy su expresión se ha transformado en un acompañante disfuncional, que crea más problemas de los que resuelve, abundó.
Hizo referencia primero a los estallidos sociales y políticos de España y de Londres y otras ciudades inglesas, que tienen algo que ver con la llamada “Primavera Árabe”, en la medida en que todos encierran un componente económico importante, aunque no fuera decisivo.
Resaltó que lo que actualmente sucede en Chile, y también en otros países latinoamericanos con menor intensidad, como Perú, Argentina y Uruguay, “es algo muy distinto, y más enigmático y se presta a una especulación algo superficial y a la vez más entretenida que en los otros casos”.
“Como ha sugerido este diario en su editorial del 11 de agosto, lo extraño de Chile es la conjugación del éxito económico con la impopularidad presidencial y la movilización estudiantil masiva contra el Gobierno de Sebastián Piñera. No me refiero al supuesto milagro económico chileno de los últimos 25 años, sino al desempeño en 2010 y 2011: un crecimiento de 5.2% el primer año, y previsiones de 6.5% o más para este”.
Castañeda se pregunta por qué miles de estudiantes han tomado las calles de Chile y que cada vez se ha ido nutriendo más.
“En principio, por motivos muy concretos: la gratuidad y la calidad de la educación superior en un país donde obviamente se fue demasiado lejos en la privatización de las universidades, y también, en un segundo momento, para protestar contra la represión excesiva de las primeras manifestaciones. Pero no basta esta explicación. Quizás también la movilización se explica por razones parecidas a las que explicaron en parte la paradoja peruana, reflejada en las elecciones presidenciales de junio”.
Al hacer un análisis de lo que sucede en América Latina, anotó que hay respuestas parciales y de alguna manera ciertas, en primera instancia, que el crecimiento existe, pero la desigualdad persiste, y se torna cada vez más intolerable, justamente debido al auge económico.