Internacional

Barack Obama, un perseguido por las crisis

La solución del abismo fiscal en el Congreso no resuelve los problemas de fondo del déficit de Estados Unidos

WASHINGTON, ESTADOS UNIDOS (07/ENE/2013).- Las crisis lo siguen como su sombra.

La solución del drama del abismo fiscal el 1 de enero, con la primera subida de impuestos a los ricos en 20 años, no soluciona los problemas de fondo del déficit y los desequilibrios estructurales de la economía de Estados Unidos, que aflorarán en pocas semanas más con nuevas amenazas para la estabilidad económica mundial.

Las dificultades de una acción bipartidista para encarar esos retos, demostradas en este doloroso acuerdo de principio de año, pueden dar lugar muy pronto a nuevas y aún más difíciles negociaciones para evitar lo que puede anticiparse como un súper abismo fiscal.

En la noche del 31 de diciembre, mientras los miembros del Senado daban los últimos toques al pacto que sería aprobado más tarde y ratificado al borde de la medianoche del miércoles por la Cámara de Representantes, el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, firmaba una orden para la extensión provisional del techo de deuda de Estados Unidos, que necesitará la aprobación del Congreso cuando alcance su tope definitivo dentro de, aproximadamente, dos meses. Los republicanos no van a conceder esa extensión sin la condición de fuertes recortes del gasto público, lo que puede poner al país, de nuevo, al borde de la suspensión de pagos.

Barack Obama era consciente de ese peligro cuando, en la noche del martes, después de celebrar la aprobación por ambas cámaras del último acuerdo, advertía que, “si el Congreso se niega a dar al Gobierno de EU la capacidad de pagar sus deudas a tiempo, las consecuencias para toda la economía mundial serán catastróficas, mucho peores de lo que hubiera sido el impacto del abismo fiscal”.

En dos meses también entrarán en vigor de forma automática los recortes de gastos, en torno a los 110 mil millones de dólares, que el acuerdo de fin de año ha aplazado por ese periodo. Ningún partido quiere esos recortes. Los demócratas, porque incluye gastos esenciales, como el seguro de desempleo o las subvenciones al Medicare (el programa de asistencia sanitaria a los pensionados). Y los republicanos, porque la mitad de esa cantidad se aplicaría al presupuesto del Pentágono. Pero ninguno sabe cómo frenarlos.

Para complicar la ecuación, Obama se ha comprometido con los demócratas, en cuya izquierda existe cierta frustración por las concesiones hechas estos últimos días, a seguir subiendo los impuestos a los más altos ingresos. “Las reducciones de gastos tienen que ir de la mano de nuevas reformas de nuestros tipos impositivos para que las grandes corporaciones y los individuos más ricos no se aprovechen de ventajas y deducciones que no están al alcance de la mayoría de los norteamericanos”.

Esta compleja situación requeriría, obviamente, un gran pacto presupuestario para abordar a largo plazo la reducción del déficit y la deuda. Pero eso exigiría fuertes concesiones políticas de ambos partidos para la recomposición del actual Estado del bienestar y del modelo fiscal, algo a lo que ninguno de los dos están dispuestos, como se ha demostrado en negociaciones anteriores.

EL PAÍS

FRASE


''Creo que vamos a tener que encontrar medios para reformar Medicare sin perjudicar a nuestros pensionados''.

Barack Obama,
presidente de Estados Unidos.

LA CIFRA

90%
del PIB, el tamaño del adeudo de Estados Unidos

PARA SABER

El pacto de inicio de año

>
Aumenta la presión fiscal, tanto por salarios como por inversiones, a los ingresos superiores a los 400 mil dólares anuales, que representan una aportación suplementaria a las arcas del Estado de más de 600 mil millones de dólares en una década, cantidad estimable, pero ridícula comparada con los cuatro billones de dólares en que crecerá el déficit en ese mismo periodo, según la Oficina de Presupuesto del Congreso.

>  Algunos críticos en la izquierda se quejan de que habría que haber bajado la barrera de cotización para aumentar la recaudación. Pero incluso aunque el límite se hubiera establecido en los 250 mil dólares, como quería el presidente Obama, los ingresos en la década sólo habrían ascendido a los 800 mil millones de dólares, aún lejos del déficit previsto.

> Mayores impuestos a las corporaciones y a los ricos, como pide el presidente, pueden ayudar, indudablemente, y tendrán que ser parte de cualquier arreglo. Pero será difícil una solución definitiva sin concesiones también importantes de parte de los demócratas para la reforma del estado del bienestar, que representaba 38% del Producto Interior Bruto (PIB) cuando fue levantado, a mediados de los años sesenta, y consume actualmente 74 por ciento.

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