Entretenimiento
Cine a contracorriente
El director de la premiada película El violín busca levantar su nuevo proyecto, titulado Nuestra señora de concreto
CIUDAD DE MÉXICO (08/JUL/2011).- Eso de hacer cine en México no es tan simple como parece y para quien crea que es mentira o exageración puede preguntarle a Francisco Vargas, quien luego de triunfar con El violín en diversos festivales internacionales no logra recursos para levantar su nuevo proyecto.
Bajo el título Nuestra señora de concreto, la cinta cuenta con material proporcionado por 400 personas que tomaron imágenes durante la celebración del Bicentenario de la Independencia de México, el año pasado.
Cerca de 300 horas le fueron entregadas a Vargas, promotor de la idea, quien ya lo está revisando a fondo. “El proceso ha sido complejo porque, por un lado, hay muchas horas con cosas realmente espectaculares y, por el otro, pues lo que siempre pasa con el cine mexicano: conseguir los recursos para la producción”, explicó el realizador.
Vargas informó que se aplicó a hacer su solicitud monetaria a fondos gubernamentales, los cuales le darán respuesta en dos meses. “Esperamos que a ellos les interese la película, si no, bueno, hay que conseguir socios, es la misma dificultad de siempre para hacer cine en México”, explicó con cierta frustración.
Una lucha que no acaba
El egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) saltó a la palestra pública en 2007, al estrenar El violín, filme en blanco y negro que abordaba la relación entre un viejo guerrillero y el Ejército.
La historia obtuvo más de 30 premios nacionales e internacionales, entre ellos el Mejor actor (Ángel Tavira) en el Festival de Cine de Cannes.
Lo primero que hizo con El violín fue un cortometraje alabado en varios países y, cuando comenzó a hablar de que deseaba un largometraje, muchos lo tacharon de loco, pues ya tenía, le aseguraban, una historia redonda que podría destrozar.
Vargas no declinó y logró recibir apoyo del propio CCC y el Fondo de Inversión y Estímulos al Cine Mexicano (Fidecine), encargado de cintas comerciales.
Ahora con Nuestra señora de concreto, le podría pasar algo igual. “Haber logrado distribuir 800 ojos, 400 puntos de vista en la urbe, no sólo en el Distrito Federal, sino en la zona conurbada, significó estar en distintos estratos sociales, en distintos niveles de la sociedad y eso no va a permitir hacer un retrato interesante. Después de esto, haré una ficción”, comentó el realizador.
Bajo el título Nuestra señora de concreto, la cinta cuenta con material proporcionado por 400 personas que tomaron imágenes durante la celebración del Bicentenario de la Independencia de México, el año pasado.
Cerca de 300 horas le fueron entregadas a Vargas, promotor de la idea, quien ya lo está revisando a fondo. “El proceso ha sido complejo porque, por un lado, hay muchas horas con cosas realmente espectaculares y, por el otro, pues lo que siempre pasa con el cine mexicano: conseguir los recursos para la producción”, explicó el realizador.
Vargas informó que se aplicó a hacer su solicitud monetaria a fondos gubernamentales, los cuales le darán respuesta en dos meses. “Esperamos que a ellos les interese la película, si no, bueno, hay que conseguir socios, es la misma dificultad de siempre para hacer cine en México”, explicó con cierta frustración.
Una lucha que no acaba
El egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) saltó a la palestra pública en 2007, al estrenar El violín, filme en blanco y negro que abordaba la relación entre un viejo guerrillero y el Ejército.
La historia obtuvo más de 30 premios nacionales e internacionales, entre ellos el Mejor actor (Ángel Tavira) en el Festival de Cine de Cannes.
Lo primero que hizo con El violín fue un cortometraje alabado en varios países y, cuando comenzó a hablar de que deseaba un largometraje, muchos lo tacharon de loco, pues ya tenía, le aseguraban, una historia redonda que podría destrozar.
Vargas no declinó y logró recibir apoyo del propio CCC y el Fondo de Inversión y Estímulos al Cine Mexicano (Fidecine), encargado de cintas comerciales.
Ahora con Nuestra señora de concreto, le podría pasar algo igual. “Haber logrado distribuir 800 ojos, 400 puntos de vista en la urbe, no sólo en el Distrito Federal, sino en la zona conurbada, significó estar en distintos estratos sociales, en distintos niveles de la sociedad y eso no va a permitir hacer un retrato interesante. Después de esto, haré una ficción”, comentó el realizador.