Entretenimiento
'Camino a la libertad' llega a cines de México
Se trata de la odisea de un grupo de presos que huyen de un campo de trabajos forzados estalinista en Siberia
CIUDAD DE MÉXICO (15/JUL/2011).- En 'Camino a la libertad', el cineasta Peter Weir traslada a la pantalla grande la odisea de un grupo de presos que, llevados por la esperanza, huyen de un campo de trabajos forzados estalinista en Siberia.
La película, que llegará el próximo 22 de julio a 30 salas del Distrito Federal, cuenta con las actuaciones magistrales de Ed Harris (Mr. Smith) y Colin Farrell (Valka), Jim Sturgess (Jnusz).
La tercia de destacados figurones es acompañada por Saoirse Ronan (Irena), Mark Strong (Khabarov), Alexandru Potocean (Tomasz), Dragos Bucur (Zoran) y Gustaf Skarsgård (Voss), entre otros.
Basada, en parte, en una experiencia real 'The true story of trek to freedom', de Slavomir Rawicz, Weir sorprende con un planteamiento que retrata admirablemente la epopeya de éstos hombres que sortearon un sinnúmero de adversidades y peligros hasta obtener la ansiada libertad.
El cineasta narra durante casi dos horas la aventura de diez mil kilómetros emprendida por este grupo de presidiarios que cruzando estepas heladas, montañas, desiertos llegan a su destino: la India.
Weir recurre a los efectos, de alguna manera, y se puede ver al grupo de presidiarios en el gulag siberiano trabajando en condiciones inhumanas (en los años 40), haciendo que el espectador lo vea verosímil.
Claro que para lograr ese efecto el director australiano contó con la colaboración de un gran equipo conformado por Russell Boyd, en la fotografía, el diseñador de producción John Stoddart, la diseñadora de vestuario Wendy Stites y Lee Smith en el montaje, y todos ellos logran una experiencia visual y narrativa que acapara los sentidos.
Indudablemente, el trabajo de guión realizado por Keith R. Clarke y Peter Weir permiten el lucimiento de casi todo el elenco, es de esa manera que el espectador se conmueve con ese ímpetu de 'Janusz', el soldado polaco que comanda al grupo de evadidos.
Aunque, ciertamente destaca Ed Harris en su papel de 'El Mister' (Mr Smith), un estadunidense, que llevado por instinto de sobrevivencia, se traslada de la Unión Americana a Rusia tratando de no ser víctima de la Depresión económica del 29 en su país, llevando consigo a su hijo de 17 años, que es asesinado en la URSS, ese remordimiento moral no lo deja vivir en paz.
Y qué decir de Colin Farrell como 'Valka', un delincuente ruso sin escrúpulos, con esos dientes de oro incrustados que lo hacen ver temible y traicionero, o también de Saroise Ronan, quien como 'Irena', la joven polaca que se une a la caravana de presidiarios en el camino hacia la India, logra ganarse la admiración y el cariño de todos, dejando de un lado la incertidumbre.
'Camino a la libertad' no es en realidad una historia para las grandes audiencias en donde las secuencias se prolongan y la constante aparición de pasajes maravillosos podrían aburrir a quien espera un relato de intrigas, peleas, violencia y acción. Por el contrario, se convierte en un relato contemplativo.
La trama lleva por una serie de experimentación de los valores humanos, la amistad, la bondad y la lealtad que pusieron en práctica, seguramente, los 40 o 50 millones de personas que desfilaron por esos terribles gulags (centros de reclutamiento forzoso en donde imperaba el terror).
La película, que llegará el próximo 22 de julio a 30 salas del Distrito Federal, cuenta con las actuaciones magistrales de Ed Harris (Mr. Smith) y Colin Farrell (Valka), Jim Sturgess (Jnusz).
La tercia de destacados figurones es acompañada por Saoirse Ronan (Irena), Mark Strong (Khabarov), Alexandru Potocean (Tomasz), Dragos Bucur (Zoran) y Gustaf Skarsgård (Voss), entre otros.
Basada, en parte, en una experiencia real 'The true story of trek to freedom', de Slavomir Rawicz, Weir sorprende con un planteamiento que retrata admirablemente la epopeya de éstos hombres que sortearon un sinnúmero de adversidades y peligros hasta obtener la ansiada libertad.
El cineasta narra durante casi dos horas la aventura de diez mil kilómetros emprendida por este grupo de presidiarios que cruzando estepas heladas, montañas, desiertos llegan a su destino: la India.
Weir recurre a los efectos, de alguna manera, y se puede ver al grupo de presidiarios en el gulag siberiano trabajando en condiciones inhumanas (en los años 40), haciendo que el espectador lo vea verosímil.
Claro que para lograr ese efecto el director australiano contó con la colaboración de un gran equipo conformado por Russell Boyd, en la fotografía, el diseñador de producción John Stoddart, la diseñadora de vestuario Wendy Stites y Lee Smith en el montaje, y todos ellos logran una experiencia visual y narrativa que acapara los sentidos.
Indudablemente, el trabajo de guión realizado por Keith R. Clarke y Peter Weir permiten el lucimiento de casi todo el elenco, es de esa manera que el espectador se conmueve con ese ímpetu de 'Janusz', el soldado polaco que comanda al grupo de evadidos.
Aunque, ciertamente destaca Ed Harris en su papel de 'El Mister' (Mr Smith), un estadunidense, que llevado por instinto de sobrevivencia, se traslada de la Unión Americana a Rusia tratando de no ser víctima de la Depresión económica del 29 en su país, llevando consigo a su hijo de 17 años, que es asesinado en la URSS, ese remordimiento moral no lo deja vivir en paz.
Y qué decir de Colin Farrell como 'Valka', un delincuente ruso sin escrúpulos, con esos dientes de oro incrustados que lo hacen ver temible y traicionero, o también de Saroise Ronan, quien como 'Irena', la joven polaca que se une a la caravana de presidiarios en el camino hacia la India, logra ganarse la admiración y el cariño de todos, dejando de un lado la incertidumbre.
'Camino a la libertad' no es en realidad una historia para las grandes audiencias en donde las secuencias se prolongan y la constante aparición de pasajes maravillosos podrían aburrir a quien espera un relato de intrigas, peleas, violencia y acción. Por el contrario, se convierte en un relato contemplativo.
La trama lleva por una serie de experimentación de los valores humanos, la amistad, la bondad y la lealtad que pusieron en práctica, seguramente, los 40 o 50 millones de personas que desfilaron por esos terribles gulags (centros de reclutamiento forzoso en donde imperaba el terror).