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Leones Negros sigue sin rugir en el Jalisco

La UdeG hilvana un empate más en el Clausura 2011, al igualar con Lobos BUAP, que es último lugar de la tabla

GUADALAJARA, JALISCO (05/MAR/2011).- Siempre pasa lo mismo cuando el marcador no importa. Y así pasó en el partido disputado entre los Leones Negros de la Universidad de Guadalajara y los Lobos de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) en el Estadio Jalisco. Con una emoción tan zigzagueante, donde la tensión de los últimos minutos del partido no reflejó lo que se vio en el marcador. La gente pensó que los Leones debieron haber ganado su primer partido en casa.

Pero lo verdaderamente emocionante no se vive sobre la alfombra verde; a lo que viene la gente al estadio no es a ver el partido. Prueba de ello es la pobre entrada, como si la única solución para combatir la reventa fuera agendar un partido entre dos equipos que se encuentran en el sótano de la tabla general de la División de Ascenso.

Miguel Zepeda es inconfundible en la cancha. Es un veterano de 35 años que corre los primeros 20 minutos para ser el soporte de los universitarios. Después de eso, se invade de recuerdos y levanta las manos cada que siente que alguien lo toca. No se deja caer, pensando que podría hacer el ridículo. Como el que hizo al fallar una pena máxima después de que el árbitro le pidió que se repitiera un gol ya consumado. Su compañero Juan Pablo Alfaro se metió al área contraria y cuando el ex atlista tuvo que repetir el tiro, se ofuscó ante la mirada del arquero poblano Óscar Jiménez, que con tres golpes en pecho le pedía que volviera a tirar el balón a la derecha. Y Zepeda obedeció. El ridículo se consumó.

Con 35 años, Hugo Sánchez pensaba en el retiro; en la cancha, Miguel Zepeda añora la velocidad con la que alguna vez corrió dirigido por Ricardo Antonio La Volpe. 35 años es la edad en la que un torero puede consumarse, y la misma edad le sirve a Zepeda para desgastarse. El problema no es él, sino que los que sí son jóvenes no sean como él. A los leones negros le hacen falta 10 Zepedas en la cancha.

Pero decíamos que lo que acá llama la atención no es que el estratega rojinegro, Héctor Medrano, salga de su zona técnica cuantas veces sean necesarias para exigir a gritos dos manos dentro del área del que todo el estadio reclamó, pero que el nazareno Roberto Ríos jamás vio. Acá tampoco importa que el partido se haya detenido cuatro minutos, porque uno de los banderines de las esquinas se quebró. Acá lo que sí importa es pedir a las jóvenes como Sara Rondoyo que se dé una vuelta para deleitar la pupila de propios y extraños. Esta mujer, que con sus 22 años y su octavo semestre en la carrera de Arquitectura fue la única en robar más gritos que el tercer gol de los Leones Negros firmado con los botines rojos del número siete, Diego Esqueda. Sara fue la primera de la noche; pero no fue la última en un estadio que no puede parar de buscar pretextos para gritar.

Y lo que pasa dentro del estadio no siempre se queda en el estadio. Como en una ecuación algebraica, los Leones Negros son tan buenos en la delantera como proporcionalmente malos en la defensa. El portero Alejandro Arredondo lo supo cuando por dos errores infantiles la afición universitaria le cantaba gol cada que la tocaba.

Aquí, en el Estadio Jalisco, un partido de los Leones Negros tiene una barra que se escucha poco y que se adelgaza conforme pasan las jornadas. Y también está la familia de Roberto Silva, quienes con un gorrito en forma de león en la cabeza, que compraron en la Lagunilla del Distrito Federal, hacen que los fotógrafos registren cómo el futbol aún puede hacer algo por unir a la comunidad.

Acá, decíamos, el futbol no importa mucho. Fue un tres, tres plagado de errores, de gritos, de soledad en las galerías por un estadio semivacío, y muchas preguntas para el árbitro que sólo se atrevió a pitar un penal. Quizá, si Miguel Zepeda tuviera la edad que refleja en el dorso de su playera, los 20 minutos que inunda de genialidad la cancha los podría convertir en 90, y nadie notaría sus manos levantadas pidiendo auxilio.

Así iniciaron los equipos:

Leones Negros:


Alejandro Arredondo, José Islas, Rodrigo Follé, Leo Castro, Juan Pablo Alfaro, José Piña, Marco Antonio Jiménez, Alejandro Berber, Armando Estrada y Miguel Ángel Zepeda.

Lobos BUAP:

Óscar Jiménez, José Guerrero, Miguel Ángel López, Omar Monjaraz, Adrián Sánchez, Jorge Ramírez, Pablo Metlich, Roberto Cáceres, Juan Manuel Sara, Miler Castillo y Óscar Uriel Zea.

EL INFORMADOR/ OMAR GARCÍA

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